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negocios en plena pandemia

Comerciantes de La Jota: “Sobrevivo vendiendo mascarillas para cubrir algún gasto”

Los efectos de la pandemia han afectado de lleno a tiendas como la de Marimar Cebrián, dedicada a la confección de trajes regionales. Otras, al ser consideradas establecimientos esenciales, apenas han notado la crisis.

Comerciantes de La Jota
Comerciantes de La Jota
Francisco Jimémez

Atavíos La Jota abrió sus puertas hace casi 11 años en un rinconcito de la plaza de La Albada de la mano de Marimar Cebrián, vecina del barrio zaragozano de toda la vida. La tienda, dedicada a la confección de trajes regionales a medida y personalizados, pasa por uno de sus momentos más difíciles debido a las restricciones.

Cebrián acude como cada mañana a su local con la esperanza de que poco a poco vuelvan las celebraciones y pueda salvar parte una temporada que se prevé complicada. “La esperanza es lo último que se pierde. Al final, te agarras a un hierro ardiente”, asegura.

El confinamiento llegó en uno de los peores momentos para el sector de la indumentaria, ya que en marzo es cuando comienzan a prepararse las comuniones que tienen lugar en primavera. Ese primer bloque de trabajo se perdió por completo, pero el verano tampoco fue mejor. “Al no haber ni fiestas en los pueblos ni reinas, también perdimos ese segundo bloque”, lamenta Marimar.

La puntilla para su negocio fue la más que previsible suspensión de las fiestas del Pilar. Cebrián confía en que las de este año puedan celebrarse, aunque no sean como las de la antigua normalidad. “Si todos nos comportáramos, a lo mejor podrían plantearse de otra manera. Por eso tengo fe en que pueda haber fiestas del Pilar”, apunta.

Marimar Cebrián en su tienda, Atavíos La Jota
Marimar Cebrián en su tienda, Atavíos La Jota
Francisco Jimémez

En estos momentos, Marimar sobrevive gracias a la venta de mascarillas tejidas en su tienda y estampadas en gráficas Ausín, otro comercio del barrio. “Eso me permite cubrir algún gasto”, dice. También ha rebajado el género para poder ir dándole salida, aunque advierte que no podrá aguantar otro año así.

Cebrián es la secretaria de la Asociación de Comerciantes de La Jota y Alrededores, compuesta por el suyo y otros 23 establecimientos. Lola Grasa es su presidenta, y asegura que pese a las circunstancias, los ánimos de los comerciantes son de “seguir luchando y seguir haciendo”.

En estos momentos, están sorteando una cesta de ibéricos con motivo del día del Padre, y para San Valentín ya rifaron una cena para dos personas. Todo con el objetivo de fidelizar a sus clientes y evitar que salgan del barrio para hacer sus compras “En general, la gente ha respondido bastante bien al pequeño comercio, porque hay quienes tienen miedo a ir a las grandes superficies”, apunta Grasa.

Lola Grasa regenta El Rincón del Espliego, en el Paseo Longares.
Lola Grasa regenta El Rincón del Espliego, en el Paseo Longares.
Francisco Jimémez

Aunque los artículos que Lola vende en su tienda de regalos, El Rincón del Espliego, no son esenciales, su negocio no es tan estacional como el de Marimar. Esto le ha permitido ir saliendo del paso, aunque con incertidumbre: “El miedo a cerrar siempre ha estado y siempre está. Lo mío no es esencial, es capricho. Pero seguimos adelante”, afirma.

El local de Lola se ubica entre el barrio Jesús y La Jota, de donde proceden la mayoría de sus clientes. No obstante, también acuden de otros puntos de la ciudad como el Arrabal e incluso Valdespartera. “Cuando abrí después de estar cerrada dos meses, me encontré con clientas que habían esperado a que yo abriera para comprar regalos de cumpleaños o para el día de la Madre. Eso fue una pasada”, dice entre lágrimas de emoción.

“Una semana antes del confinamiento ya empezamos las clases online”

Otro sector afectado, especialmente por las restricciones de aforo, ha sido el de las academias. Lo saben bien Douglas F. Díaz y Patricia Viegelmann, procedentes de Uruguay y Argentina, aunque afincados en la capital aragonesa desde hace más de tres décadas.

En 2019 decidieron abrir 5 Octavas, una academia de música en la que enseñan teclado electrónico, en el límite entre La Jota y Vadorrey. Tan solo diez meses después, llegó la pandemia. “Estábamos preparados para el confinamiento. Sabíamos que iba a suceder tarde o temprano y una semana antes ya empezamos las clases online”, explica Díaz, músico de profesión y director de la academia.

Patricia Viegelmann y Douglas F. Díaz, en la academia en la que imparten teclado electrónico.
Patricia Viegelmann y Douglas F. Díaz, en la academia en la que imparten teclado electrónico.
Francisco Jimémez

Pese a la pandemia, 5 Octavas ha logrado conservar a prácticamente todos los alumnos con los que contaba, más de una treintena. Las clases ya son totalmente presenciales, aunque limitadas a 3 personas y de 50 minutos de duración para que de tiempo a limpiar y desinfectar entre ellas.

El mayor inconveniente, según Viegelmann, es que solo pudieron seguir las clases a distancia quienes tenían instrumentos en casa. “Nos salvamos del desastre total, la gente agradecía poder tener una distracción. La gran pérdida fue que no pudimos seguir atrayendo a alumnos durante esos meses”, lamenta.

Las semanas de encierro fueron bien diferentes para Carolina del Castillo, de Papeles y Bichos. La papelería, un negocio familiar fundado en 2014, permaneció abierta durante todo el confinamiento. “No me puedo quejar”, asegura.

Su local y una panadería fueron los únicos establecimientos que no cerraron sus puertas en la calle Alfonso Zapater Cerdán. “Había días en los que toda la calle era una cola de un lado a otro. Y cuando empezaron a poder salir los niños fue una locura. Venían todos encantados a ver juguetes, rotuladores…” cuenta Carolina.

Carolina del Castillo, de la papelería Papeles y Bichos.
Carolina del Castillo, de la papelería Papeles y Bichos.
Francisco Jimémez

Durante el confinamiento, además de la venta de prensa, funcionó muy bien la venta de regalos. “Venía gente a la que no le había llegado el regalo de cumpleaños de su hijo y querían ver qué podían comprarle, clientes buscando libros para sus padres…”, explica. “Debido a las clases online, también tuvimos mucho trabajo con la impresión de apuntes”, añade.

La percepción de esta vecina del barrio es que tras el encierro, la gente ha valorado más el comercio de sus calles. “Veo a mucha gente agradecida con nuestros servicios. Estamos contentos”, reconoce. De hecho, Carolina ha tenido la suerte de poder permitirse contratar a otra persona para atender a sus clientes los fines de semana y así poder disfrutar de algo de tiempo libre.

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