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Comercios de Torrero en pandemia: “Es gratificante que la gente te eche de menos”

El principal eje comercial del barrio es la avenida de América, donde se concentran negocios con cerca de 80 años de antigüedad y nuevos locales que abren sus puertas como única alternativa para sobrevivir.

El comercio en Torrero se ha visto muy afectado por la pandemia.
El comercio en Torrero se ha visto afectado por la pandemia.
TONI GALAN

Emocionada y llena de agradecimiento. Así recibió Elena Vicente, florista en el barrio de Torrero, a los primeros clientes que entraron después del confinamiento en la tienda en la que trabaja. El Rincón de Las Flores, en mitad de la avenida de América, llama la atención por su colorido y por el intenso olor de las flores frescas que hay en su puerta.

Esta floristería lleva abierta desde 1981 en el mismo local, aunque el de ahora es bastante más amplio que el original. El confinamiento cogió a sus empleados con la tienda llena de un género que, en buena parte, acabó en la basura. “Prácticamente todo lo que tenemos es planta natural y tuvimos que tirar muchas de temporada”, lamenta Vicente.

Tras casi dos meses de cierre, en mayo volvieron a levantar la persiana. Para sorpresa de Elena, las ventas remontaron desde el primer día. “La gente se llevaba muchísima flor. Tenía ganas de vida y color en esos momentos tan tristes”, considera. 

Elena Vicente, florista en El Rincón de Las Flores
Elena Vicente, florista en El Rincón de Las Flores
Toni Galán

La florista recuerda con ilusión las no fiestas del Pilar, uno de los momentos más fuertes del año para las floristerías. “Personalmente me emocionaba que viniera gente que normalmente no compra flores para la ofrenda diciendo que este año quería apoyar a la floristería de su barrio”, comenta. “Hace ilusión que la gente valore tu trabajo. A nivel personal es muy gratificante que te echen de menos”, añade.

A quién no han echado de menos sus clientes -porque nunca se ha ido- es a Chema Lozano, de Bodegas Lozano. Pertenece a la tercera generación de vinateros que regenta esta tienda, abierta en 1942, y además es el presidente de la Asociación De Empresarios del Sector Comercial Torrero. Al ser considerado un establecimiento esencial no cerró durante el confinamiento, lo que hace sentir a Lozano todo un afortunado. “¿Cómo me voy a quejar si yo he podido estar abierto durante todos estos meses? Me parecería inmoral”, señala.

“Beber vino tiene un componente social muy importante”

A pesar de ello, el negocio de Lozano percibe la delicada situación económica por la que pasan muchas familias. “Se está perdiendo la alegría de gastar”, apunta. Esto ha llevado a sus clientes a buscar vinos más baratos y a que muchos recuperen la tradición de adquirirlo a granel. “La razón es sencilla: si no puedes ir al pueblo a buscarlo porque Zaragoza está confinada, tienes que comprarlo”, afirma.

El vino tinto continúa siendo el preferido por la clientela de Bodegas Lozano, seguido del blanco y el rosado. “Mayoritariamente viene gente del barrio, aunque también de otros puntos de la ciudad. Su fidelidad es muy alta, solo podemos hablar bien de ellos”, comenta.

Chema Lozano está al frente de una tienda que abrió sus puertas hace casi 80 años.
Chema Lozano está al frente de una tienda que abrió sus puertas hace casi 80 años.
Toni Galán

El ritmo de ventas ha sido ligeramente inferior al de otros años, aunque Chema reconoce que la campaña ‘Volveremos si tú vuelves’, que se reactivará en abril, fue “genial” tanto para los comerciantes como para los propios clientes. Las restricciones como el toque de queda o la limitación de agrupaciones a cuatro personas también han tenido algo que ver en la reducción del consumo de esta bebida. “El beber vino tiene un componente social muy importante”, señala el vendedor.

Muy pronto, El Rincón de Las Flores y Bodegas Lozano compartirán calle con la Churrería Las Delicias. Las familias al frente de las míticas churrerías ambulantes del Coso y Julián Sanz Ibáñez han decidido embarcarse en un nuevo proyecto con la esperanza de poder salir adelante sin ferias. “Al quedarnos sin ellas hemos tenido que buscar otra alternativa para intentar sobrevivir”, explica Alicia Cascán. Tanto ella como su marido son feriantes y pertenecen a una generación de churreros que se remonta muchas décadas atrás.

“Hemos sido el gremio más castigado con la pandemia. Todos los feriantes nos hemos quedado sin trabajo”, lamenta Alicia, entusiasmada a su vez de poder atender muy pronto a los vecinos de Torrero. “Es un barrio obrero y siempre nos ha gustado”, señala.

Alicia Cascán en el mostrador de la churrería que inaugurarán en los próximos días.
Alicia Cascán en el mostrador de la churrería que inaugurarán en los próximos días.
Toni Galán

Esta tercera churrería será fija y se ubicará en el número 36 de la avenida de América. El local ya está prácticamente terminado y podrá abrir cuando terminen unos trámites con la compañía eléctrica.

El nuevo establecimiento ha generado una gran expectación en las redes sociales. “Nos están apoyando muchísimo y están deseando que abramos. Estamos teniendo una muy buena acogida por parte de los vecinos”, apunta la feriante. Y es que, dadas las circunstancias actuales, a nadie le amarga un dulce.

“A los pequeños nos hace polvo el cierre a las 18.00”

Los nuevos comercios se codean con los de siempre, como es el caso de Mercería Natalia, en Lasierra Purroy. Estas semanas, debido a las limitaciones de aforo y a que es un local pequeño, es fácil ver colas de gente que acude en busca de cremalleras, ropa interior o madejas de hilo para remendar prendas. “La que sabe coser se arregla la ropa. La que no, la manda a la modista, aunque a veces sale más caro eso que comprarla nueva”, comenta María Pilar Hernández, hija de Natalia, quien le enseñó el oficio y da nombre a su mercería desde hace un cuarto de siglo.

Entre un continuo entrar y salir de clientes, María Pilar cuenta que lo que peor lleva es el adelanto del horario del cierre los fines de semana. “Lo que nos hace polvo a los pequeños es el cierre a las 18.00. Cerramos, pero la calle está llena y los tranvías y los autobuses van a tope”, lamenta. 

María Pilar Hernández en su mercería de Lasierra Purroy.
María Pilar Hernández en su mercería de Lasierra Purroy.
Toni Galán

Hernández, que tenía una sección dedicada a la indumentaria aragonesa, ha tenido que reinventarse y ofrecer también ropa de cama y mesa. “Se ha vendido alguna cosa de niño para hacerles las típicas fotografías de cuando son pequeños, pero muy poco”, lamenta.

María Pilar utiliza las redes sociales a diario para dar a conocer su género y ha conseguido aglutinar a cerca de 70 comerciantes para lanzar campañas y promociones. “En Navidades ya hicimos una rifa entre los clientes y, ahora, coincidiendo con el Día del Padre, sortearemos 500 euros para gastar en los comercios del barrio”, comenta Hernández, que observa que su clientela está respondiendo muy bien. “Me siento muy querida en el barrio”, asegura.

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