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Tenderos y comerciantes del Arrabal: "Habíamos vivido crisis de todo tipo, pero esta es nueva"

La calle Sobrarbe concentra gran parte del comercio de proximidad del barrio, que ha experimentado un gran apoyo por parte de los vecinos.

Comerciantes del Arrabal
Comerciantes del Arrabal
TONI GALAN

En las últimas décadas, los pequeños comerciantes han tenido que hacer frente a multitud de amenazas: el auge de los centros comerciales, la crisis económica de 2008, las ventas por internet… Pero nunca hubieran imaginado que el próximo reto al que tendrían que enfrentarse estaría provocado por una pandemia mundial

"Habíamos vivido crisis de todo tipo, pero esta es nueva", apunta Primitivo Yagüe, presidente de la Asociación de Comerciantes del Arrabal. En este barrio de la margen izquierda, el principal eje comercial se sitúa en la calle Sobrarbe, paso natural ‘hacia Zaragoza’, como dicen los arrabaleros. "Cuando las cosas van bien, se nota, porque los comercios proliferan. Cuando van mal, los primeros que desaparecen también son en esta calle", señala el comerciante.

Yagüe continúa con el negocio familiar -una pescadería- que su padre inició en 1949 en el Mercado Altabás. Aunque en mayor o menor medida han logrado mantener el volumen de ventas de otros años, el pescatero reconoce que está siendo una etapa emocionalmente complicada. "Muchas veces no vendes comidas, vendes celebraciones. Las navidades, por ejemplo, fueron más tristes que otros años", señala.

También echa de menos el componente social de ir al mercado por las mañanas. "Tenemos mucha clientela mayor y se echan en falta. De aquí han salido grandes amistades de gente que se ha conocido haciendo cola en el mercado", añade.

Primitivo Yagüe junto a sus compañeros, Jennifer y Manolo.
Primitivo Yagüe junto a sus compañeros, Jennifer y Manolo.
TONI GALAN
"Tenemos mucha clientela mayor y se echan en falta. De aquí han salido grandes amistades de gente que se ha conocido haciendo cola en el mercado"

Yagüe reconoce que los ánimos entre los comerciantes son más bajos de lo habitual, en parte, por lo que transmiten sus clientes. "Cuando estás en el mostrador eres como una esponja que va absorbiendo, y los ánimos de nuestros clientes no son los mejores", comenta. A pesar de ello, el representante del colectivo que aglutina a una veintena de comercios, considera que están siendo momentos de ganar y perder. "Hay gente que ha descubierto los vermús en casa, pero ha perdido las comidas familiares", señala.

"Jamás imaginé la respuesta de nuestra clientela"

La cristalería Arrabal, regentada desde hace dos décadas por Belén Gómez y su marido, Diego, es uno de los comercios adheridos a la asociación. El establecimiento lleva cerca de medio siglo en el barrio, por lo que es un referente en cuanto a enmarcaciones, cristalería y decoración.

Aunque han vivido "momentos muy duros" y llenos de incertidumbre, Gómez asegura que la respuesta de su fiel clientela ha estado a la altura. "La vuelta fue muy emotiva. No paraba de sonar el teléfono, entraban a saludarnos… Jamás imaginé la respuesta de nuestra clientela. Nos han demostrado todo lo que nos quieren y estamos enormemente agradecidos", apunta.

Ni Belén ni Diego son del barrio, pero lo cierto es que se consideran parte de él. La mayor parte de sus clientes acuden desde zonas cercanas, como el Barrio Jesús, La Jota o el propio Arrabal, aunque no exclusivamente. "Vienen muchos hijos de clientes que viven en Parque Venecia o Valdespartera, y también del centro. Esto se debe a que han ido cerrando muchas tiendas de enmarcación en los últimos años, porque cada vez quedan menos trabajos artesanos", afirma Gómez.

Belén Gómez y su marido, Diego, en la cristalería que regentan desde hace 20 años.
Belén Gómez y su marido, Diego, en la cristalería que regentan desde hace 20 años.
TONI GALAN

Pese a que la pareja ha acusado "muchísimo" los dos meses que estuvieron sin facturar durante el confinamiento, han ido salvando los muebles. El compromiso por parte de los vecinos y el largo tiempo que pasamos en casa les ayudaron. "La gente se ha dado cuenta de que hay cosas que renovar en sus viviendas. Además, hemos hecho labores, puzzles, o hemos encontrado esas láminas de algún viaje que teníamos guardadas. La respuesta nos puso los pelos de punta", celebra Belén, aún emocionada.

Quién también se siente en deuda con sus clientas es Elena Quintín, de Helen Moda. "No podré agradecerles nunca que estuvieran haciendo cola en la puerta los primeros días y la empatía que han tenido", señala sobre su reapertura en el mes de mayo. Para dar salida a la gran cantidad de ropa que tenía en la tienda, puso unas rebajas "de escándalo", y así logró que apenas le quedará género.

"La gente no tenía ilusión, los puestos de trabajo peligran… Y al final, estoy en un barrio de gente obrera en el que hay que estirar el sueldo"

Elena lleva 38 años con su tienda: 28 de ellos los pasó en García Arista, y ahora cumple diez en la calle Sobrarbe. "Tengo clientas a las que conocí en la sillita cuando sus madres venían a comprarme", dice. Quintín asegura que, aunque durante el confinamiento sufrió mucha ansiedad, el otoño fue peor. "La gente no tenía ilusión, los puestos de trabajo peligran… Y al final, estoy en un barrio de gente obrera en el que hay que estirar el sueldo", comenta. El balance: un 35% de ventas menos con respecto al año anterior, algo que "en un comercio pequeño se nota muchísimo.

Elena Quintín, de Helen Moda, lleva 38 años con su negocio en el barrio.
Elena Quintín, de Helen Moda, lleva 38 años con su negocio en el barrio.
TONI GALAN

Afortunadamente, la comerciante se sintió respaldada porque pudo dejar de pagar la cuota de autónomo durante un tiempo y poner en ERTE a un empleado del taller. Además, el dueño del local le cobró solo la mitad del alquiler durante cinco meses. Aún así, cree que harían falta más ayudas directas para los trabajadores por cuenta propia.

Elena mira al futuro con esperanza, confiando en que con el buen tiempo y la mejora de los datos, los ánimos suban. "Soy muy positiva. El tener la vacuna, ver que las cifras van bajando y que la mayoría de la gente es responsable me hace serlo", señala.

Algo más está costando arrancar a otro tipo de establecimientos que alcanzaron un gran nivel de popularidad antes de la pandemia: los ‘escape room’. María Perea regenta el único con el que cuenta hoy día el Arrabal, ‘The Chapel Escape Room’, en la calle Ricardo del Arco. Perea lo abrió medio año antes de que estallara la pandemia invirtiendo todo lo que tenía ahorrado. Reconoce que desde marzo está siendo "horroroso", y que las restricciones de aforos y horarios han hecho mucho daño a su negocio.

"En Navidad sí hubo un pequeño repunte de clientes y pudimos recuperar algunas de las pérdidas que llevábamos arrastrando todo el año. Se notaba que la gente tenía ganas de hacer cosas", señala. Ahora, el ritmo ha vuelto a bajar hasta el punto de tener un par de reservas a la semana. "Solo para cubrir gastos tendrían que ser entre cinco o seis grupos", lamenta.

María Perea montó el primer ‘escape room’ del Arrabal.
María Perea montó el primer ‘escape room’ del Arrabal.
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La inquietud de María es compartida entre los propietarios de ‘escape room’ de todo el país. "La preocupación es la misma en salas superfamosas de Barcelona que en una sala pequeña de Almería", asegura. Para que sus clientes puedan disfrutar de un rato de diversión y enigmas con total seguridad, establecieron un protocolo unificado de higiene. "Desinfectamos las manos al entrar y al salir, tenemos alfombras desinfectantes y repuestos de los objetos que se usan en la sala para que nadie toque lo que ha tocado el grupo anterior", explica.

Aunque se ha planteado el tener que cerrar su negocio, María intentará seguir aguantando hasta que la situación mejore. "He invertido mucho y sigo apostando por esto", concluye.

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