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Los bares de la Magdalena añoran el juepincho: "Ahora el jueves es un día más"

Cada jueves, hasta hace poco más de un año, la Magdalena vivía el trampolín hacia el fin de semana, con consumición y tapa a 2 euros. Ahora acoge a nuevos inquilinos con novedosas propuestas.

Julio Ramírez, en la puerta del Guantamera, en la calle de Heroísmo.
Julio Ramírez, en la puerta del Guantamera, en la calle de Heroísmo.
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"Primero vamos al de los champiñones, después pasamos por el de las tortillas y, de camino al de las croquetas, paramos en el vegetariano". Ese supuesto podía ser la ruta de más un grupo de zaragozanos los jueves por la noche. Después de salir de las clases de la universidad o del trabajo peregrinaban hasta el barrio de la Magdalena, donde encontraban un rosario de bares que ofrecían el popular juepincho.

En la primavera de 2015 llegó la modalidad de consumición y tapa a 2 euros a este enclave del Casco Viejo. A pesar de esa juventud, pronto se convirtió en una cita más de las agendas zaragozanas. Es jueves, son las 19.00 y la calle de Heroísmo, una de las arterias del juepincho, está prácticamente vacía. Un par de mesas es la estampa que se aprecia desde Asalto. "Desánimo" y "apatía" lo define Julio Ramírez desde la puerta del Guantamera. Queda una hora para cerrar y en la terraza de su vecina, Mari Cáceres, se sientan cuatro jóvenes. Son los únicos clientes que se divisan en ese tramo de la calle. "Mira cómo está la calle, ¡y es jueves!", clama Cáceres, que hace tres años que regenta el Rica-Arepa. "Ahora el jueves es un día más", coincide Enrique Visiedo, del Sherman’s.

"Mira cómo está la calle, ¡y es jueves!"
Enrique Visiedo, en la barra del Sherman's, en la calle de Antonio Agustín.
Enrique Visiedo, en la barra del Sherman's, en la calle de Antonio Agustín.
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"El jueves trabajas como cualquier día en la comida", explica también Francisco Modrego, al frente del Mecano desde hace 6 años. Señalan como la principal causa el cierre a las 20.00, hora a la que empezaba a llegar el público de normal. "Si se pueden ofertar esos precios en juepincho es a base de volumen. Vendiendo cuatro tapas es imposible", lamenta. ¿Volverá? "Es una pregunta un poco difícil. No depende de nosotros, sino de la evolución de esta crisis sanitaria y de las medidas que vayan a adoptar desde el Gobierno de Aragón, que realmente tampoco son favorables a la hostelería. Ahora nos han devuelto dos horas, pero aún nos siguen faltando muchas horas de las licencias que hemos pagado y de lo que deberíamos estar abiertos", manifiesta Visiedo, desde su establecimiento de la calle de Antonio Agustín. "El modelo del juepincho regresará si se pueden volver a dar las aglomeraciones de gente. El problema son las restricciones, pero es imposible con el virus tal y como está", apunta Modrego. "Perdemos el servicio de cenas completo, las copas -también tiene licencia de discoteca- y el 70% de las comidas. Llevamos un año poniendo dinero", añade mientras recoge las mesas a las 20.00.

Francisco Modrego, del Mecano, recoge las mesas.
Francisco Modrego, del Mecano, recoge las mesas.
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El espíritu "guerrero" y de no cesar en el empeño aflora en el Sherman’s, además del Museo de la Tortilla. "Abierto de 18.00 a 20.00", reza el cartel de su fachada. Al otro lado de su barra -ahora sin su amplio abanico de tortillas de decenas de sabores-, Luis Navarro tiene las expectativas en el mes de marzo: "A ver si nos dejan estar hasta las 22.00". En una mesa está Mónica Rubio. No era muy asidua al juepincho, pero reconoce que era una referencia: "Mis amigas están locas porque regrese". En la Casa de Castilla y León también se muestran "esperanzados". "Estamos planteando una iniciativa que sea un juepincho a la hora del vermú. Viene mucha gente preguntándonos por él y algo tenemos que hacer", considera, Alberto Jarné, quien entendía esta modelo gastronómico como una forma de promoción.

Alberto Brosed, junto a Bambita, su nueva propuesta gastronómica en la calle de Heroísmo.
Alberto Brosed, junto a Bambita, su nueva propuesta gastronómica en la calle de Heroísmo.
HA

Nuevos bares con nuevas propuestas

Mari Cáceres hace un llamamiento para que nuevos hosteleros se instalen en la zona. "Abrimos para mantener viva la calle. Necesitamos que venga más gente que no mueran", reclama esta hostelera. Alberto Brosed, con 22 años de trayectoria en el mundo de la hostelería, es uno de los nuevos inquilinos de Heroísmo. Entre escaleras y botes de pintura, remoza la Pequeña Europa para convertirla en Bambita. Él optará por traer la cocina fusión de Bamba, su otro restaurante, a un concepto "poco estándar" que sea como una taberna para seis u ocho personas y sin servicio de barra, e intentará dejar a un lado el juepincho. "Si lo puedo evitar, lo evitaré. Si toda la zona lo hace, aunque me consta que muchos no, habrá que adaptarse porque sería un día muerto. Como hostelero no creo en la rentabilidad de ese tipo de conceptos ni en su calidad", sostiene Brosed, que espera abrir el local a mediados de marzo.

"Surgieron posibilidades de alquileres bastante asequibles y me pareció una buena oportunidad. Es una zona que ha tenido éxito a nivel de hostelería y me resultó atractivo volver, de alguna manera, a relanzar una zona que había quedado muerta", manifiesta este zaragozano, que no es el único que se ha instalado tras el confinamiento. "Probablemente, si las condiciones no hubieran sido tan atractivas no hubiera venido", concluye Brosed.

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