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Zaragoza

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La juez que investiga a 5 policías por robo de botellas se cansa de esperar el informe de Asuntos Internos

La magistrada abrió una pieza separada secreta en febrero para que Madrid pudiera investigar lo sucedido en la Jefatura Superior de Aragón, pero cinco meses después no ha recibido ningún informe. 

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Policía Nacional

No parece lo más ortodoxo recurrir al refranero popular para tratar de entender lo que está ocurriendo con la investigación de la desaparición de 359 botellas de licor de primeras marcas, ropa, cosméticos y otros objetos procedentes de alijos policiales de las dependencias de la Jefatura Superior de Aragón. Sin embargo, dada la última decisión que se ha visto obligada a adoptar la juez que instruye el caso es imposible no decirlo: en casa del herrero, cuchillo de palo.

Dada la naturaleza de los hechos y el perfil de los cuatro investigados –el inspector jefe E. G. B., el subinspector J. R. A. P. y los agentes J. M. H. M. y M. D. C.–, la titular del Juzgado de Instrucción número 6 consideró conveniente abrir una pieza separada secreta y encargar las pesquisas a la Unidad de Asuntos Internos de la Dirección General de la Policía en Madrid. La magistrada intentaba evitar que los encargados de aclarar dónde fue a parar el material sustraído fueran compañeros directos o incluso amigos de los encartados. Pero de poco le ha servido tanta pulcritud, porque cinco meses después sigue esperando recibir el primer informe.

Y semejante tardanza parece haber cansado a la instructora, que al haber obtenido la callada por respuesta ha decidido levantar el secreto de la pieza separada. Sin embargo, después de una orden expresa de investigar y cuatro prórrogas consecutivas del secreto, cabría al menos preguntarse por qué Asuntos Internos se ha despreocupado de esta manera del asunto de Zaragoza. Porque, por nimio que pueda parecer el hurto de unas cuentas botellas y perfumes frente a investigaciones de mayor calado y trascendencia, lo que se dirime aquí es algo serio: la credibilidad y confianza en el sistema policial.

Muchos interrogantes en el aire

El hurto de los licores y resto de efectos de los calabozos en los que estaban depositados salió a la luz a raíz de un anónimo recibido el 9 de septiembre de 2019. Según el comunicante, en el traslado de este material desde el edificio del paseo de María Agustín al viejo cuartel de Mayandía –ordenado por el jefe superior, Juan Carlos Hernández, como él mismo reconoció al declarar como testigo– habían desaparecido numerosos artículos. Una investigación interna, en la que se revisaron varias grabaciones, acabó señalando como responsables de lo sucedido a cuatro funcionarios, que fueron suspendidos provisionalmente de empleo y sueldo y han acabado imputados en una causa penal. Sin embargo, no está todavía claro si las botellas desaparecieron en el traslado o en los meses previos.

Tras escuchar las declaraciones autoexculpatorias de los encausados, la juez ha seguido practicando diligencias. De hecho, llegó a ordenar a la Guardia Civil que investigase si las botellas ‘perdidas’ se habían vendido en las fiestas de Jarque de Moncayo, donde uno de los encartados tiene una casa. Pero al margen de «rumores», ninguna información de valor se obtuvo. Los máximos responsables de la Jefatura también han declarado como testigos. Sin embargo, parece que se tardará –si es que se logra– a aclarar lo sucedido y en señalar a todos los implicados.

Uno de los dos últimos testigos en comparecer ante la juez fue el jefe de la Brigada de Policía Judicial de Zaragoza, R. G., quien aseguró que no supo del traslado de botellas bajo sospecha hasta que se efectuó.El Grupo de Hurtos, en cuyas dependencias se encontraba el material, había estado durante mucho tiempo bajo sus órdenes.De ahí que le preguntaran cómo no podía estar al tanto. «El traslado se hizo en septiembre de 2019 y desde junio este grupo ya no dependía de mí, sino del comisario provincial», manifestó. De ahí que muy probablemente se cite ahora a este mando, ya jubilado. Lo que también salió a la luz durante el interrogatorio fue un cambiazo de botellas. «Una vez que se supo del anónimo, supongo que lo que se hizo fue reponer botellas. Y, evidentemente, no se repuso Moët & Chandon, se repusieron botellas de muy escaso valor (Rondel). Por eso había botellas que no figuraban como intervenidas», dijo el testigo, reconociendo que no tenía pruebas y era una suposición.

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