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sucesos

Un entierro en absoluta soledad tras cinco meses de espera en una cámara frigorífica

El hijo del hombre que falleció tras una banal discusión en un bar del Picarral no ha querido hacerse cargo del cadáver de su padre, al que tuvo que dar sepultura hace unos días el Ayuntamiento de Zaragoza.

El día a día del cementerio de Torrero durante la pandemia del coronavirus.
El entierro se celebró hace unos días en el cementerio zaragozano de Torrero
José Miguel Marco

Hace solo unos días, los operarios del cementerio de Torrero daban sepultura al cuerpo de Valentín, un almeriense 53 años al que su incomprensible renuncia a ser asistido en un hospital tras sufrir una caída durante una banal discusión en la terraza de un bar del Picarral le costó la vida. Su muerte se produjo el pasado 23 de diciembre, pero han tenido que pasar más de cinco meses para autorizar un entierro que se celebró en la más absoluta soledad. Porque el único hijo del fallecido reside en Andalucía y al ser informado por el juzgado de lo ocurrido contestó que no podía hacerse cargo del cadáver: «Ustedes hagan lo que consideren conveniente», fueron sus palabras.

La muerte de Valentín M.G. se produjo horas después de una refriega en la cervecería El Capricho, ubicada en el paseo de Alberto Casañal. Según explicaron los testigos a la Policía, el hombre parecía haber bebido más de la cuenta y estaba molestando al resto de clientes, por lo que un joven se levantó y le pidió explicaciones. Se produjo entonces un intercambio de empujones que terminó con el almeriense por el suelo.

El percance no debería haber tenido mayores consecuencias, ya que el herido no parecía revestir gravedad. En cualquier caso, hasta allí se desplazó un equipo médico del 061 que quiso llevar a Valentín al hospital. Pero él se negó, se marchó a dormir a casa y a la mañana siguiente su compañero de piso lo encontró muerto.

Hubo un detenido por la pelea

El Grupo de Homicidios llegó a detener al joven con el que se había enfrentado en la cervecería como presunto autor de un homicidio imprudente. Sin embargo, la autopsia aclaró después que no fue ninguna paliza sino un cúmulo de fatalidades el que provocó la muerte de este andaluz afincado en Zaragoza. Según los forenses, la víctima tenía el hueso temporal derecho «muy adelgazado», lo que le hacía más vulnerable a cualquier traumatismo. Y al golpearse contra el suelo, sufrió una fractura que le astilló dicho hueso, provocando la hemorragia cerebral que acabó costándole la vida.

Lo más triste es que muy posiblemente Valentín M.G. podría haber evitado el fatal desenlace simplemente con autorizar su traslado a un centro hospitalario. Porque, según dijo la autopsia, «la lesión evolucionó de forma lenta desde la hora del traumatismo hasta su fallecimiento y, pese a su extrema gravedad, debido a esta lenta evolución, hubiera sido tributaria de tratamiento médico mejorando el curso del proceso».

Renuncia a las acciones legales

Ante las circunstancias en que se produjo la muerte de Valentín M. G. y dado que había una investigación penal abierta, el Juzgado de Instrucción número 1 de Zaragoza citó al hijo del fallecido para que compareciera por exhorto ante un juez de Almería, provincia en la que reside. Allí se le puso al corriente de lo ocurrido y se le explicó que podía personarse en la causa como perjudicado. Sin embargo, el joven dijo que no tenía medios económicos para hacerlo y que tampoco podía hacerse cargo del cadáver de su padre. Ni siquiera mostró su preferencia por la incineración o la inhumación. Al parecer, hacía tiempo que ambos habían perdido el contacto.

Conocida la renuncia del hijo y después de que el cadáver pasara cinco meses en una cámara frigorífica, el juez autorizó un enterramiento de beneficencia. Porque así es como se conoce a las inhumaciones que corren por cuenta del Ayuntamiento y en las que el último adiós se convierte en un frío trámite administrativo.

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