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San Blas (y otras tradiciones) para feligreses y lamineros

Cada 3 de febrero, esta parroquia del Casco Histórico de Zaragoza celebra la festividad de San Blas, un santo que es considerado el abogado contra los males de la garganta. El miércoles, Santa Águeda.

Cada 3 de febrero la calle de San Pablo de Zaragoza es un ir y venir. Si hubiese burros, jaurías de perros o iguanas parecería que se celebra San Antón, pero no, no es 17 de enero. El calendario marcaba que era San Blas. Varios cientos de personas pasearon hasta la iglesia de San Pablo para encomendarse al santo y pedirle, con devoción, protección para la garganta.

"Vengo desde que tengo uso de razón. Nací en Zamora, pero con cinco años me trasladé a Zaragoza y desde entonces mantengo la tradición, heredada de mis padres", señala María Jesús, que a sus 87 años entra con garbo al templo. La misma costumbre comparte Delia, Miguel Ángel, Darío, Mari Carmen… y casi todos se van de la plaza de San Pablo con un manjar bajo el brazo, ya sea con nata o sin ella. Una dulce costumbre que ya se celebraba hace décadas, tal y como se puede comprobar en las páginas de HERALDO

"Tengo roscón con nata y sin nata, rosquillas, barquillos, obleas, rosquillas con chocolate, con azúcar, sin azúcar, nevadas...", enumera de memoria Said Etamini Gazzam, vendedor ambulante desde hace casi 30 años. No se pierde ni una festividad, de hecho, le faltan dedos en la mano para contarlas: San Antonio, San Valero, San Roque, San Antón… y sigue. De poblada barba son los mencionados y muchos con hogar en algún altar de esta iglesia de El Gancho. 

La zaragozana parroquia de San Pablo, en el Casco Histórico, ha celebrado con roscones y rosquillas la festividad de San Blas, como cada 3 de febrero.

En la parroquia de San Pablo se enorgullecen de ser la "única" -aunque no alardean, sino que lo dicen con la boca pequeña- que mantiene vivas tantas de estas tradiciones. "Es un regalo que vengan hasta esta iglesia desde distintos puntos de la ciudad, porque llegan de todos los barrios. Es maravilloso ver cómo peregrinan", confiesa el párroco Santiago Fustero entre llamada y llamada que reclaman información de los horarios de misas y bendiciones. Duro trabajo el del hisopo este lunes. "Estos días son de fiesta, de encuentro y de fe", añade el sacerdote. La costumbre de este lunes se repitió el 17 de enero con San Antón, también el 16 de julio con San Roque y la madrugada del 12 de octubre con el Rosario de la Aurora.

Fustero celebra que continúen estas y otras festividades en su parroquia, una de las pocas que las mantiene. "También festejamos, aunque es algo menos multitudinario, San Gregorio Ostiense y San Isidro Labrador dedicado a agricultores y ganaderos. A los que se suman San Lamberto o Santa Bárbara, esta última incluso mantiene su cofradía y es una santa que tenía la ermita en los montes de Valdespartera", recuerda el cura. Velas encendidas durante todo el año alumbran los rostros de estos santos, muchas de tallas de los siglos XVI y XVII. El amplio abanico de estos festejos hace que destaque sobre otras parroquias de la diócesis.

La importancia de continuar con las celebraciones de este carácter no solo tiene significado en cuanto a la tradición, sino que también existe un trasfondo humano. Así, las cuestaciones de festividades como esta permiten subvencionar muchas de las actividades sociales que organizan a lo largo del año en las parroquias, como en San Pablo. Material para clases particulares, mantenimiento de pisos o campamentos engrosan la lista.

San Pablo, primero San Blas

El origen de esta parroquia del Casco Histórico se remonta, precisamente, a la ermita de San Blas. Por esta razón, el abogado de los males de garganta se encuentra representado en varios rincones de la iglesia. Fustero lo explica: "En una capilla del deambulatorio, el primer altar gótico pudo estar dedicado a él y también se descubre en la verja del coro, que fue dorada por el padre de Goya".

"Rezo a San Blas para que proteja la garganta de todos y para que con la voz se haga el bien”

Bajo la imagen que los feligreses veneran (frente a la entrada del templo), Esperanza y otra compañera se afanan cada año en poner en orden un ejército de velas, esas que los fieles encienden con fe. "Yo le rezo para que proteja la garganta de todos y para que con la voz se haga el bien", asegura esta vecina del barrio de El Gancho. Al otro lado de los grandes candelabros no abundaba el público joven. Alguno, muy pocos. En una reflexión coincidían todos los que participan en esta celebración: "Es que es laboral, vendrán a última hora del día, pero cada vez menos".

Ante esta esperanza, aunque un poco ceniza, de los feligreses, el párroco de San Pablo reza para que las nuevas generaciones mantengan estas costumbres. Este martes es Santa Verónica y el miércoles Santa Águeda, venerada en la capital aragonesa en varias iglesias, como en la del Portillo o en la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal (San Cayetano). Esa celebración trae consigo las dulces reliquias, y es que alguno, a las puertas de San Pablo, lo sentenció: "Estas tradiciones se mantienen, en parte, gracias a los lamineros".

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