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El comercio tradicional en la calle de Alfonso I cede espacio frente a las franquicias

El 69% de los negocios son franquicias, una tendencia aún más marcada en la hostelería.

Vista general de la calle Alfonso I con el Pilar al fondo
Vista general de la calle Alfonso I con el Pilar al fondo
Oliver Duch

Uno a uno, los comercios de toda la vida se van despidiendo del Casco Antiguo de Zaragoza. No se trata de un proceso rápido, pero sí imparable. Los negocios tradicionales van, poco a poco, bajando las persianas para dejar hueco a enseñas comerciales hosteleras y a tiendas franquiciadas. La tendencia no afecta únicamente a la capital aragonesa, pues se repite en otras ciudades de tamaño medio y grande en todo el país, que año a año van diciendo adiós a rótulos que formaban parte del paisaje habitual de sus calles.

La calle de Alfonso I es el máximo exponente. Otrora una vía de negocios con sabor propio y sin réplica, hoy apenas sobreviven algunos de los que ya atendían al público del siglo pasado. El último en decir adiós es la emblemática tienda de recuerdos 'El Mañico', que el próximo lunes 6 se unirá al club de los desaparecidos.

En total, en la calle Alfonso hay 78 locales comerciales, de los que 69 están abiertos y el resto, cerrados. Casi medio centenar se corresponden con tiendas y 14, con hostelería. El resto ofrecen servicios variados (estanco, farmacia, bancos, lotería...). El 69% de los comercios ya son franquicias, y el 31% restante, porcentaje en continuo retroceso, está sostenido por negocios tradicionales de todo tipo.

En las últimas décadas ha cambiado la personalidad comercial de la calle de Alfonso I. Donde había tiendas 'de toda la vida' ahora se pueden ver establecimientos de franquicias y grandes firmas. En esta vía del Casco Histórico también ha aumentado el número de locales del sector servicios.

El método de la franquicia (una marca reconocible a nivel nacional e internacional impulsada por un empresario local) también doblega a su competidor inmediato en el mundo de la hostelería. De los 14 bares y restaurantes de la vía -una de las más turísticas de la ciudad-, once muestran la enseña de una marca franquiciada. Le hace la competencia a locales como el Café Zaragozano, icónico en la ciudad.

Oferta para todos

Uno de los establecimientos que resisten el paso del tiempo es la tienda de bisutería y complementos Bellostas, que abrió en 1875 en su antigua ubicación, en la plaza de San Pablo, y que tienen la ‘vecindad’ de la calle de Alfonso desde 1908. Su propietaria, Isabel Bellostas, portavoz de la asociación de comerciantes del sector, revela el secreto para que el negocio siga funcionando: “Apostamos por el trato personalizado, es lo que nos diferencia”.

Otro aspecto en el que la empresaria hace hincapié es el valor del producto: “Es muy importante mantener la inquietud por actualizar los productos, por encontrar artículos novedosos que no tenga nadie más. Por eso procuramos acudir continuamente a muchas ferias, para estar al día de lo último. El cliente valora mucho que sepamos lo que vendemos”. Sobre ese supuesto choque entre las franquicias y los comercios de toda la vida, Bellostas opina que “es bueno que en una calle como ésta haya de todo, porque eso atrae clientes de todo tipo, desde jóvenes que quieren marcas reconocibles hasta adultos y mayores, que quieren otro tipo de producto. Además, todos ellos vienen y se quedan por la oferta hostelera. No tenemos que vernos como enemigos sino como complementos”.

La portavoz de los comerciantes entiende que una de las principales razones de la pérdida de tiendas con solera es la subida de los alquileres: “Se ha notado la extinción de las rentas antiguas y los incrementos generalizados. Los que tienen el local en propiedad lo tienen más sencillo para tirar hacia adelante”. 

También el envejecimiento de algunos gerentes está motivando algunos cierres. En la mayor parte de los casos no encuentran quienes tomen el relevo de sus establecimientos, lo que unido a la liberalización en los horarios comerciales y las aperturas en fines de semana -y a su escaso margen para competir con grandes marcas- ha empujado a algunos de ellos al cierre.

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