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Huesca

8-M. 'la mujer EN EL MEDIO RURAL'

María Abril, enfermera en el Pirineo: "Abuelas, madres y nietas forman un núcleo activo que da identidad al valle"

Esta sanitaria zaragozana dejó un puesto de responsabilidad en el Servet para trasladar su residencia al Pirineo y practicar los cuidados allí, en un equipo de Atención Primaria que va de pueblo en pueblo.

María Abril, a las puertas del Centro de Salud de Plan, uno de los ambulatorios que visita a diario.
María Abril, a las puertas del Centro de Salud de Plan.
Verónica Lacasa

La enfermera zaragozana María Abril ha vivido un “cambio laboral completo” desde que dejó su puesto de responsabilidad en el Servet por un pequeño ambulatorio pirenaico. “Pasé de estar encerrada 7 y 9 horas en subdirección a estar aquí al aire libre. Menos dos horas en el consultorio, el resto estamos en los pueblos”, cuenta con una sonrisa. 

Han pasado ya dos años desde que esta enfermera de la capital consiguió plaza fija en el Pirineo y se vino a vivir a Boltaña. Desde entonces trabaja en un equipo de Atención Primaria que comienza su jornada diaria en Lafortunada y presta asistencia en todo el valle de Chistau. "A Gistaín y San Juan subimos solo los martes. Por la mañana a primera hora vamos directos al primero y a las 8.30 estamos arriba. No tenemos una gran población, pero sí que las necesidades son distintas. Con ellos ríes, lloras, te alegras y empatizas muchísimo más. Además te da tiempo a parar cinco minutos y respirar", añade convencida de este cambio de vida.

Esta sanitaria zaragozana dejó un puesto de responsabilidad en el Servet para trasladar su residencia al Pirineo y practicar los cuidados allí, en un equipo de Atención Primaria que va de pueblo en pueblo.

Para ella sus pacientes son su otra "gran familia", y ahora confiesa que, salvo "necesidad" de un ser querido, al hospital ya no volvería. "Quiero seguir aquí. No tienes lo mismo que en Zaragoza o en Huesca, pero tampoco lo echas de menos. Aquí a las 15.00 sales y te puedes ir al monte. Mandas siempre una fotografía porque quieres compartir lo bonito que es todo", añade. 

Antes de llegar a estas montañas por medio de un concurso de traslados, la zaragozana María Abril estuvo trabajando en Zaragoza y también en Jaca. En la capital aragonesa ocupó puestos de responsabilidad, fue enfermera gestora adjunta y aunque reconoce que era un trabajo "muy bonito", añade que el hospital al final "te absorbe",

"Aquí desconecto muchísimo. Te acuerdas de los pacientes porque hay una vinculación familiar muy grande. Pero es más fácil todo por esas redes vecinales que hay en los pueblos", matiza. Cuando sus compañeras de profesión supieron de su traslado, María cuenta divertida que no daban crédito a lo que veían en las listas. "Una amiga del Servet pensó que me había equivocado de plaza. No se creía que hubiera escogido Lafortunada". dice entre risas. 

María enseña la mochila con el material que utiliza en sus desplazamientos.
María enseña la mochila con el material que utiliza en sus desplazamientos.
Verónica Lacasa
A ella y a su equipo les llaman "los ángeles de alta montaña".
A ella y a su equipo les llaman "los ángeles de alta montaña".
Verónica Lacasa
"En la medicina rural es todo más fácil por esas redes vecinales que hay en los pueblos"

Ahora sus familiares y amigos están encantados de tenerla "allá arriba". Presumen orgullosos de que a ella y a su equipo les llamen los "ángeles de alta montaña", un título para el que hacen méritos cada día con su atención sanitaria. Cuando se produce una urgencia, son los primeros en atender al enfermo, hasta que se solicita una ambulancia o se moviliza el helicóptero. Cuenta que a veces este ha tenido que parar en la misma plaza o a las afueras del pueblo para trasladar a un paciente al hospital de Barbastro, que es el más cercano a estos pueblos. "Nosotros, ante una urgencia real, hacemos todo el trabajo de soporte vital básico. Somos los primeros que acudimos y llevamos siempre material para una primera asistencia", explica mientras enseña su mochila con todas las herramientas. Desde este equipo de Atención Primaria subrayan que solo los casos más graves acaban siendo derivados. "Los pacientes de paliativos aquí se sienten acompañados y a muchos de ellos el hospital les supone un mal trago. Cuando se ingresa a alguien es porque resulta realmente necesario", añade. 

"El mayor inconveniente es que estamos todo el día en la carretera"

Los mayores problemas que enfrentan estos equipos son la dispersión geográfica y la falta de medios. Aunque los recursos materiales han mejorado en casi todos los centros, lamentan que para cualquier radiografía el paciente tiene que bajar a Barbastro y echan también en falta disponer de un ecógrafo en el consultorio o de un aparato portátil para hacer electros. Por su parte, las carreteras siguen siendo un riesgo añadido a su trabajo, y aunque les pagan el kilometraje, se quejan de que económicamente no les compensa. "Yo uso siempre mi vehículo excepto cuando tengo que hacer guardias. Hace poco tuve un percance con el hielo y lo tuve que reparar. Nos dan una ayuda general de combustible a todos los centros, pero no tienen en cuenta la dispersión", lamenta. 

Sus pacientes, sin embargo, agradecen "enormemente" cada atención y cada traslado, conscientes de lo que cuesta llevar la asistencia a los pueblos y agradecidos por la implicación que demuestran sus sanitarios. "Ellos también cuidan de nosotros. Como saben que vamos con nuestro vehículo propio, hay veces que te llaman y te dicen que por favor no vengas si no hace falta. Se preocupan mucho por ti y si surge una emergencia se vuelca el pueblo entero", relata esta enfermera. 

"Hace poco sufrió un percance en el monte un pastor y se movilizó el pueblo entero"

El caso más cercano que le viene a la memoria ocurrió hace apenas unos días, cuando un pastor sufrió un problema de salud en el monte y tuvieron que atenderlo allí mismo. "Nos pegamos dos horas y se movilizó el pueblo entero para traerlo de vuelta", confiesa. 

A María, como a muchos otros sanitarios de la zona, le gustaría que hubiera más incentivos. Y también que cambiara la concepción que se tiene muchas veces de la medicina rural. "Aquí se aprende muchísimo. La medicina rural es gente con mucha experiencia y una profesionalidad muy grande. Creo que todo el mundo debería vivirla porque muchos se quedarían al acabar la residencia", confiesa. 

Ahora mismo, en el Centro de Salud de Lafortunada trabajan dos médicos y dos enfermeras de Atención Primaria, además de tres médicos y tres enfermeras de atención continuada. "Igual que en Medicina hay más hombres, en Enfermería somos mayoría mujeres. Antes de octubre aquí éramos todo chicas. Eso sí, hay mucha complicidad entre médicos y enfermeros. Formamos más equipo porque los dos conocemos a la población y sabes por qué te han llamado. Aquí pasamos de la tranquilidad al más absoluto movimiento", afirma. 

La enfermera zaragozana María Abril, en una de las calles de Plan.
La enfermera zaragozana María Abril, en una de las calles de Plan.
Verónica Lacasa

Las mujeres del Valle

Lo que más llama la atención de María es la fortaleza que demuestran los habitantes de estos pueblos. Igual mujeres que hombres, les ha pasado varias veces que han curado un brazo roto una semana después del percance. "Te llaman muchas veces tarde porque aguantan mucho el dolor o no lo consideran importante...", dice sorprendida. 

La mujer, a juicio de esta enfermera, es un "pilar" fundamental en el valle. Gracias a su incorporación al mundo laboral son cada vez más "visibles", señala, aunque también considera que no están aún lo suficientemente valoradas. "Yo he notado un cambio real en este sentido, pero el peso del cuidado de los familiares mayores y de los niños siguen llevándolo ellas, aunque cada vez se ve más repartido", explica. 

La conciliación, a su juicio, es más fácil en los pueblos porque las redes vecinales ayudan mucho. En Plan y en Gistaín, por ejemplo, están naciendo niños de familias que se han mudado a esta zona. "Conciliar es fácil por las redes sociales que existen en los municipios pequeños. Aquí todo está más accesible y además las personas que vienen tienen niños. Dos de ellas han venido de fuera y se han quedado en el valle", asegura. 

"La mujer del Valle de Chistau es fuerte, trabajadora, generosa y con una gran energía"

Mención aparte merecen el resto de mujeres de esta zona del Pirineo. En especial, las más mayores. Cuenta que algunas de sus pacientes formaron parte de la famosa caravana de mujeres que llegaron hace 30 años a estos pueblos con fines matrimoniales. En la víspera del Día Internacional de la Mujer, esta enfermera ha querido dedicar unas palabras a todas ellas: pacientes, amigas y compañeras. "La mujer de La Bal de Chistau -en aragonés- es una mujer fuerte, trabajadora, generosa y con una gran energía. Mantienen tradiciones como el Chistabino y la elaboración de jabón, los carnavales y otras festividades, religiosas o no. Ellas son el pilar fundamental del hogar y los cuidados. Tenemos varias mujeres que rondan los 100 años, unas los han cumplido hace poco y otras los están rozando. Algo que las caracteriza es que siguen activas de una forma u otra. Se levantan todas las mañanas, dan su paseo diario, leen la prensa, colaboran en las tareas del hogar y hacen labores... En el valle de Chistau está muy presente la convivencia intergeneracional: abuelas, madres y nietas forman un núcleo activo que da mucha importancia a la identidad y el respeto a los mayores", sentencia en alusión a la "piña" que hoy forman todas ellas. Sin rencillas ni envidias, la unión en este valle hace la fuerza. 

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