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Huesca

8-M. 'ser mujer en el medio rural'

Celina Maldonado, médica rural: "Cuando llegué al Pirineo hace 30 años no venía nadie. Ahora la mayoría somos mujeres"

La coordinadora del Centro de Salud de Aínsa, turolense de nacimiento, llegó a esta zona para cubrir una baja de tres días. Aunque nunca imaginó quedarse, ahora quiere jubilarse aquí, al lado de sus tres hijas.

La doctora Celina Maldonado, médica de Boltaña y coordinadora del Centro de Salud de Aínsa.
La doctora Celina Maldonado, médica de Boltaña y coordinadora del Centro de Salud de Aínsa.
Verónica Lacasa

Nacida en Peracense, un pequeño pueblo de la Comarca del Jiloca (Teruel), Celina Maldonado siempre quiso ser médica rural, aunque el destino la alejara de su pueblo e hiciera realidad su sueño a más de 300 kilómetros de distancia. "Cuando estudiaba en Zaragoza con las monjas, los veranos nos íbamos a Albarracín, me sentaba en la plaza del pueblo y decía: "Yo seré médico aquí", recuerda entre risas.

Mientras abre la puerta de su consulta, en el centro que ha sido durante años su segunda casa, en Aínsa, Celina explica que quiso ser cirujana, pero la oposición no le sonrió de primeras y su vocación la llevó a ejercer la medicina en las montañas. "Como no sacaba nunca la plaza y me ponía un poco triste, un día me llamó mi amiga Pili, que estudiamos juntas en la Facultad. Me dijo que el médico de Aínsa se cogía unos días de baja. Yo estaba entonces en el Obispo Polanco y lo dejé para venir pensando que iba a ser una semana... Llevo aquí 28 años. Nunca pensé que me quedaría y ahora creo que es de las mejores cosas que he hecho en mi vida", cuenta con una sonrisa. 

La doctora Celina Maldonado, en el consultorio de Aínsa.
La doctora Celina Maldonado, en el consultorio de Aínsa.
Verónica Lacasa

Cuando Celina llegó a esta comarca hace casi 30 años, era de las pocas mujeres que vestían bata blanca. Empezó haciendo guardias de 24 horas por los pueblos y estuvo así durante siete años, entre Boltaña, Aínsa y Laspuña. Entonces las cosas no eran como ahora, señala. "Entrábamos a trabajar un viernes y salías un lunes". La mayoría de los titulares de los centros de salud eran hombres. "En proporción estaban muchos más, cosa que ahora es al revés. Somos 17 personas en el equipo y solo hay tres varones, entre ellos mi enfermero desde hace 23 años y el pediatra, que es Carlos", explica.

El cambio laboral que ha experimentado Celina desde el punto de vista médico también se ha notado en otros muchos sectores del medio rural, donde las mujeres son hoy más que nunca un "pilar fundamental". 

"Hace tiempo no se veía tanta igualdad -apunta esta médica-. El mundo laboral aquí en Aínsa ha cambiado mucho. Pasa el camión de la basura y ves que dentro van chicas. Lo mismo ocurre con la Guardia Civil y con cualquier otro puesto en el que hace 30 años te parecía raro verlas. En las granjas llevan el tractor mujeres y algunas son chicas que tienen la edad de mi hija María. Yo las he visto crecer en Tierrantona", comenta orgullosa esta doctora, a la que también le ha tocado ejercer de pediatra por la falta de especialistas

La coordinadora del Centro de Salud de Aínsa, turolense de nacimiento, llegó a esta zona para cubrir una baja de tres días. Aunque nunca imaginó quedarse, ahora quiere jubilarse aquí, al lado de sus tres hijas.

Precisamente Aínsa es uno de los núcleos rurales que pueden presumir de cifras poblacionales. En la actualidad, tiene el mayor índice de natalidad de la zona y hay más de 850 niños censados. "Aquí hay vida. Hay mucha gente joven, vas al parque y la mayor parte de estos niños son de inmigrantes que han venido, de mujeres que se han integrado aquí y están bien. Cuidan de personas mayores, sus maridos se dedican al campo e incluso hay hombres que también cuidan de ancianos. La población de Aínsa ahora es muy joven y la mujer ha empezado a participar en la vida laboral casi más que el hombre porque llevan la casa, los hijos, atienden a los suegros, cuidan de sus padres si están mayores y luego aparte van a trabajar y hacen actividades", subraya Celina. 

"Conciliar en las zonas rurales es mucho más fácil"

En su caso, si tuviera que elegir dos ventajas de ser médico en el medio rural, una sería la "cercanía" y el trato con el paciente. La otra, la "conciliación", que no habría sido posible sin la ayuda de su exmarido y sus gentes. Celina tenía ya dos hijas pequeñas mientras trabajaba y preparaba las oposiciones. "Iba y venía a Graus y muchas veces, al llegar a casa, se me hacía de día sentada en una mesa. Pero como a mí, a tantas otras", comenta en alusión a muchas mujeres, amigas y compañeras. 

En su entorno hay opiniones de todo tipo a este respecto. Puede que Celina sea de las más optimistas, aunque también confiesa que tuvo suerte. "Yo tenía una chica que cuidaba a mis hijas, y mi marido tenía que dejar la gasolinera para ayudar a cuidar de ellas. Era de los pocos hombres del pueblo que llevaban a sus hijas en el carrito y con el biberón hace 28 años. Ahora en las guardias los padres traen a sus hijos, los llevan en el carro y los manejan aquí en las camillas igual que las madres. El padre participa del cuidado y la crianza de los hijos y eso es algo que también ha cambiado mucho", señala. 

"Mis pacientes son mi familia. Es una familia grande y compartes con ellos muchas cosas... La relación humana es lo mejor que hay aquí"

Al hacer balance de su trayectoria, Celina confiesa que hubiera querido tener más hijos de no haber opositado. Aunque el estudio y la maternidad tampoco han sido nunca un freno para ella ni le impidieron tomar hace 12 años la que fue la "mejor" decisión de su vida: adoptar a su hija Min, a la que trajo con 10 meses de China, aun antes de conseguir plaza fija. "Conciliar la vida familiar con el trabajo es complicado, pero aquí en las zonas rurales pienso que es mucho más fácil. Para mí, tener a mis hijas, las consultas y demás no ha supuesto nunca ningún problema a la hora de desarrollarme profesionalmente. Y, precisamente por eso, como veía que podía hacerlo, adopté a mi hija Min, porque la gente te ayuda, y es una de las mejores cosas que he hecho", subraya presumiendo de hija. 

Celina y sus hijas en su casa de Aínsa.
Celina y sus hijas en la puerta de su casa de Peracense.
C. M.

Min y sus hermanas, que ahora tienen 23 y 27 años, han sido la razón fundamental de que Celina siga ejerciendo la medicina aquí. La mayor de ellas, María, estudió Farmacia y Dietética en Pamplona; la mediana, Sara, es licenciada en Derecho por la Universidad de Zaragoza y estudia oposiciones para jueza, y Min, la pequeña, va camino de artista porque no hay disciplina que se le resista en Aínsa: toca el violín, el piano, domina el inglés y participa también en campeonatos de judo. "Estoy muy contenta de estar aquí y a mis hijas nunca les ha faltado de nada. Mi familia está fuera, en Zaragoza y en Teruel. Siempre echas de menos a tus padres, a tus hermanos... Pero ellas nunca han querido irse. Estaban muy bien aquí y yo me quedé por ellas; y contenta de haberme quedado", subraya esta médica. 

En este tiempo, sus pacientes se han convertido en otra gran familia para esta médica de Boltaña, que no olvida a sus pacientes de Laspuña, donde ha estado 20 años. Al lado de estos le ha tocado vivir situaciones de lo más variopintas: como subirse a un árbol a coger cerezas o asistir al parto de una vaca para ayudarla a traer al mundo a su ternera. "¡Me llamaron estando en consulta para que fuera! No soy veterinaria -pensé-, pero son cosas que solo pasan en los pueblos", dice risueña. 

A cambio, Celina ha recibido también el apoyo de sus vecinos en sus momentos más difíciles de la crianza, cuando tenía que llevarse a sus hijas para pasar consulta o dejarlas con alguien mientras opositaba. "Los pacientes aquí también te ayudan. Si algún día he tenido algún problema he podido contar con la gente. Desde dejarles a la chica en casa a tener que quedarme yo con ellos si nevaba. Nosotros solamente podemos utilizar el coche del centro para la atención continuada, que son las guardias de por la tarde. Si se ponía feo, con mi coche, lo dejaba en el cruce de Laspuña y mis pacientes me bajaban a buscar por la nieve", relata. Las carreteras han mejorado mucho desde entonces y aunque los inviernos son duros y a veces el temporal arrecia, confiesa que ya no son como los de antes. 

"He tenido un montón de oportunidades para marcharme y aquí estoy. Si te gusta desarrollar todo lo humano que tú sientes, el mundo rural tiene muchas compensaciones"
La doctora Celina Maldonado, junto a uno de los vehículos del centro que utilizan para las guardias.
La doctora Celina Maldonado, junto a uno de los vehículos del centro que utilizan para las guardias.
Verónica Lacasa

"Aquí utilizamos el coche para todo y el problema que tenemos es ese. Hubo un día que nevó hace 28 años y nos quedamos sin luz tres días. Tuve que hacer noche en Laspuña. La primera guardia que hice también fue problemática... Cuando llegué a casa, la señora había muerto y tuve que ayudar a las hijas a vestirla, cosa que no había hecho antes. Luego te acostumbras", relata.  

Celina podría llenar un libro a base de historias y seguramente daría para varios tomos, pero hay una cosa que quiere dejar clara: aunque faltan incentivos para fijar población y ayudar a que esa "maestra, médica o enfermera" puedan desarrollarse y crecer en los pueblos, todas sus "experiencias" personales aquí han sido "agradables" y buenas. "Mis pacientes han sido mi familia todo este tiempo. Nunca me han dicho nada ni me han puesto alguna pega... Incluso los sábados y domingos que he ido a ver a gente con mis hijas pequeñas, siempre han estado ahí para ayudarme. He tenido un montón de oportunidades para marcharme y, sin embargo, estoy aquí. Si te gusta desarrollar todo lo humano que tú sientes, el mundo rural tiene muchas compensaciones", asegura esta médica. 

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