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Los últimos de San Pelegrín

Los siete habitantes de la pedanía de Alquézar (Huesca) han entablado un pulso con el ayuntamiento de la localidad oscense por algúnos servicios básicos.

De izquierda a derecha, Jesús Rufas, Ernesto Mur y Esteban García, tres de los siete vecinos en San Pelegrín.
De izquierda a derecha, Jesús Rufas, Ernesto Mur y Esteban García, tres de los siete vecinos en San Pelegrín.
Heraldo

Los siete habitantes de San Pelegrín, una pedanía de Alquézar (Huesca), se han rebelado en los últimos días porque residen a apenas dos kilómetros y medio del municipio del que dependen y al que el turismo le ha hecho crecer 60 vecinos en los dos años de la pandemia, pero ellos no tienen acceso ni al agua potable ni siquiera una carretera asfaltada sino que transitan por un camino de piedra.

La despoblación de Aragón entre los años 50 y 80 obligó a los habitantes de estas casas a irse a los pueblos de colonización como Curbe, en los Monegros (allí se marchó la familia de Jesús Rufas Castilla, de 74 años), a Zaragoza (como el guardia civil Pascual Grasa, que sobrevivió el atentado de la casa cuartel) o emigrar a Francia (Ernesto Mur, un pastelero de 69 años vivió al lado de Lourdes y Tarbes y es nieto de un vecino del pueblo).

Algunos conservaron sus viviendas para volver en verano o cuando podían, pero otros la vendieron porque la emigración cambiaba sus rumbos. Pascual Grasa recuerda que con 7 años primero tuvo que irse al colegio a Radiquero para educarse (“no tenía con quien jugar”, rememora) porque la maestra de San Pelegrín se marchó por la falta de niños y ese fue el principio del símbolo más claro de la despoblación.

Entrada al municipio San Pelegrín, una pendanía de Alquézar (Huesca) situada a dos kilómetros y medio.
Entrada al municipio San Pelegrín, una pendanía de Alquézar (Huesca) situada a dos kilómetros y medio.
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Mi madre me preparaba la comida y entre la una y las tres comía para ir a la escuela. Una hermana mía se casó en Radiquero y se quedó, pero la otra se fue a Barcelona. Cuando yo tenía 14 años, mis padres decidieron que nos marchábamos a Zaragoza y le vendieron la casa y las tierras a Jesús Rufas”, relata el guardia civil de 67 años, que suele pasar cada verano por su pueblo natal y visita las tumbas de sus padres en Radiquero, población que fue sede de ayuntamiento antes de que le sustituyera Alquézar por el desarrollo. “Una familia se fue a Curbe, al lado de Grañén, nosotros a Zaragoza y otros a Barcelona...”, rememora la huida.

A Jesús Rufas, de 74 años, y sus tres hermanos les marcó su salida en 1963 hacia la población de Curbe, pero “la hoz y la dalla” han sido sus símbolos de vida y trabajo desde que era un crío, allí y en San Pelegrín, su lugar natal, que no quiso abandonar nunca. Su mujer, Margarita Abelló, no ha podido subir hoy desde una casa de Barbastro porque la acaban de operar y su hija Lucía, de 18 años, está en plena búsqueda de trabajo como enfermera de prácticas en una residencia.

La carta de dos franceses

“Llegas al pueblo por un camino de tierra y creo que nos deberían escuchar en el Ayuntamiento de Alquézar para arreglarlo y ponerle alquitrán, pero están más preocupados con los franceses (turistas que bajan el barranco del río Vero y ha hecho crecer la población). Hay dos franceses, Alain y Simón, que viven con nosotros, ellos le mandaron una carta al alcalde y espero que nos hagan caso”, incide Jesús Rufas, que está retirado pero se dedica a pastorear “cuatro animales” y aún se maneja con el tractor para las tierras.

Protesta de los vecinos de San Pelegrín por la falta de agua corriente y un camino asfaltado de dos kilómetros y medio.
Protesta de los vecinos de San Pelegrín por la falta de agua corriente y un camino asfaltado de dos kilómetros y medio.
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El alcalde de Alquézar Mariano Altemir, un histórico que lleva 30 años al frente del municipio y lleva el hotel Villa de Alquézar, explica que el pueblo tiene 360 vecinos, de los cuáles 7 residen en San Pelegrín, unos 60 en Radiquero.

Altemir apunta que “poco a poco” van a afrontar la instalación del agua y la restauración de la carrera de esta pedanía, aunque parte de esos trabajos dependen de la Diputación Provincial de Huesca y espera reunirse pronto con “los siete habitantes”, pero los vecinos de Alquézar no reciben bien las críticas en los carteles que han aparecido: “La vergüenza de Alquézar. San Pelegrín, pedanía de Alquézar. Pueblo sin agua potable y sin carretera. Solo una mala pista”.

El edil recuerda que se encuentran en el Parque Natural y hay reservas medioambientales a la hora de emprender algunas obras. Su voluntad es que la reunión con los vecinos de San Pelegrín sea “con todos” porque ahora “faltan algunos”. Quiere buscar “la mejor solución”, ya que sus habitantes son “pocos y de mal avenir”. “Buscaremos un acuerdo desde el respeto, no contra Alquézar”, concluye.

Esteban García es un vecino de origen zamorano viudo de la aragonesa Josefina Arasanz Broto, quien nació en San Pelegrín pero falleció en 2017 con 58 años, y tiene un hijo de 16 años, al que ha cambiado su primer apellido y se llama Félix Aransanz García.

Regresaron a la casa de su mujer hace diez años procedentes de Barcelona tras haberse jubilado. Sus ahorros le permitieron construir un pozo para tener agua y se dedica a llevar todos los días a su hijo al colegio de Barbastro, además de trabajar sus fincas y el huerto, donde cultiva lechugas, pimientos, berenjenas o frutas (pera, manzana, cerezas y ciruelas).

Pedí agua en Alquézar desde 2007, pero no lo conseguí. Si no tenemos un todoterreno, no podemos llegar a San Pelegrín y subo dos veces cada día”, relata Esteban García. Apunta que hace tres o cuatro años hubo algún presupuesto para afrontar la reforma del camino para asfaltarlo pero al final no llegó a hacerse.

Se reúnen para la foto con el pastor Jesús Rufas y el  francés Ernesto Mur, un pastelero de 69 años retirado que reside en el pueblo con su mujer Mónica, de 72.  Allí nació su abuelo. Su acento es francés, pero tiene mucha familia por la zona, e incide en que los problemas de comunicación impiden hasta que una ambulancia llegue a recogerlos si tienen una urgencia médica.

Tiene claro que si pagan los impuestos en Alquézar por residir en la pedanía, les acoge el derecho de tener agua corriente y un camino asfaltado para llegar a su casa. Sostiene que han mantenido alguna conversación con el alcalde con estas peticiones en los últimos años y que no han obtenido buenos resultados. Por eso, al final, han escrito ese papel crítico. Los últimos de San Pelegrín esperan que esta historia tenga un final feliz.

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