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Pueblos abandonados: segunda oportunidad con bodas, turismo y campamentos

Isín, Griébal, Ligüerre de Cinca y Morillo de Tou son algunos de los municipios oscenses expropiados o vendidos en los años 60 que hoy se mantienen en pie como centros vacacionales y sociales.

Paul Alexandre Lecacheur y Elisa Blasco, pareja que celebra su boda en Isín (Huesca).
Paul Alexandre Lecacheur y Elisa Blasco, pareja que celebra su boda en Isín (Huesca) este fin de semana.
Javier Navarro

Isín dejó de ser un pueblo en 1960 porque un plan de reforestación echó a sus habitantes. Pocos de los que sin conocerlo se acerquen ahora hasta este enclave oscense, a apenas 11 kilómetros de Sabiñánigo (Huesca), notarán a simple vista que no es lo que parece. Hay detalles que advierten del cambio, como que una valla cierre la entrada a la media docena de casas de piedra, pero la iglesia en lo alto, que todavía conserva un pequeño camposanto y las vacas pastando al lado, se convierten en señales de que allí hay vida.

Sin embargo, el día a día no es el de una aldea al uso. El templo ahora es una sala de exposiciones, junto a una carpa blanca de eventos, y las casas donde vivieron sus últimos habitantes se han reconvertido en apartamentos turísticos, un albergue y un restaurante. El pueblo es propiedad del Gobierno de Aragón. Fue rescatado de la ruina y convertido en un centro vacacional y taller de empleo gestionado por la Fundación de discapacitados Adislaf, desde hace casi dos décadas. Se puede reservar completo para celebraciones. Además de las actividades de la fundación, talleres de empleo y campamentos para personas con discapacidad, en la última semana sus calles han vivido desde unas bodas de plata a un campus de una academia de inglés. Entre junio y septiembre están al 100% de ocupación.

Una pareja de treinteañeros, la novia de Sabiñánigo y el novio francés, pero residentes en Austria, han celebrado este fin de semana el banquete de su boda, pospuesto desde 2020 por la pandemia de covid-19. "Queríamos un sitio para estar con la gente", cuenta Elisa Blasco, que conoció a su pareja a través de la amistad de sus madres, que se carteaban desde jóvenes dentro de sus estudios de francés. A sus invitados del otro lado de los Pirineos quieren demostrarles que "España no es un país seco", cuenta el novio, sobre el bello paraje de verdes bosques de la comarca del Alto Gállego que les rodea.

Núcleos recuperados en los años ochenta

El modelo de propiedad pública y gestión privada fue una de las fórmulas que se utilizaron desde finales de los años ochenta y hasta principios de los 2000 para recuperar estos pueblos. En otros casos fueron particulares los que se hicieron cargo de reparar las casas y llevar vida al pueblo, en el inicio del movimiento de jóvenes ‘neorrurales’ que dejaban la ciudad por el campo, entonces sin pandemia de por medio. Hay casos de okupación para rehabilitar y de particulares que compraron municipios enteros.

Sixto Marín es un arquitecto oscense que dedicó varios años a estudiar estos pueblos abandonados a los que se les dio una segunda oportunidad. En un estudio financiado por la Diputación Provincial de Huesca recopiló información sobre los 31 pueblos recuperados en el Alto Aragón en las tres últimas décadas, después de los distintos casos que los vaciaron a partir de los años 60. "Mientras estaba investigando sobre pueblos deshabitados, empecé a descubrir que había algunos que habiendo estado abandonados en un momento dado, cuando fui a visitarlos no solo estaban recuperados si no que estaban vivos", recuerda.

"Devolver a la vida a muchos de esos pueblos ha supuesto un esfuerzo enorme para las gentes que lo han llevado adelante"

Descubrir los pueblos rehabilitados y los ocupados por nuevos vecinos le hizo cambiar su visión del Pirineo. Entonces corría el año 2011 y aún no se hablaba de la España vacía o vaciada ni el confinamiento por el coronavirus había puesto en valor la vida al aire libre. La recuperación comenzó con organizaciones como la Asociación Artiborain, nacida en 1986 por un grupo de jóvenes que se trasladaron a vivir a ArtosillaIbort y Aineto, todas ellas pertenecientes a Sabiñánigo.

"Devolver a la vida a muchos de esos pueblos ha supuesto un esfuerzo enorme para las gentes que lo han llevado adelante", explica Marín. En los municipios abandonados cuenta que "cuando se va el último habitante es como si alguien apagara el interruptor", recordando la novela ‘La lluvia amarilla’ de Julio Llamazares, que recrea la historia del último vecino de Ainielle, un pueblo real del Pirineo. La construcción de pantanos vació de habitantes Búbal, Lanuza, Barasona o Mediano y la reforestación "obligó a marchar a mucha gente en las partes altas de los valles", cuenta. "Muchos de ellos no llegaron a inundarse y como se expropiaron en lugar de venderse se ha podido revertir la propiedad, como en Jánovas", pone como ejemplo. Lanuza también estaría en proceso de ser devuelto a sus dueños, apuntan desde la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), su propietaria.

Si el estado los compró en vez de expropiarlos, no se tenía derecho a recuperarlos. "Primero fueron propiedad de la Administración franquista, luego del Estado democrático y al final se transfirió la propiedad a las comunidades autónomas", explica. La CHE "se quedó los que estaban cerca de ríos o pantanos", señala, y siguen siendo de propiedad estatal. "Es sorprendente que de los años 90 a los 2000 se recuperaran treinta y tantos pueblos", apunta. Luego se paralizaron las iniciativas.

Entre los proyectos que llegaron al Gobierno de Aragón o la CHE para dar una segunda oportunidad pero no como pueblo sino como centros sociales y turísticos figuran los siguientes, todos ellos en Huesca:

Isín: un proyecto social y turístico de la Fundación de discapacitados Adislaf
Edificio de la antigua iglesia de Isín (Huesca).
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En 1960 Isín desapareció como núcleo urbano. "Se vendieron pueblos de la comarca del Alto Gállego porque al final el Gobierno quería hacer concentraciones. Es más fácil llevar una carretera a un pueblo grande que a 20 pequeños", explica José Francisco López, gerente de la Fundación Adislaf. En Acumuer "hubo dos familias que no quisieron vender y sigue siendo pueblo", relata sobre el pequeño municipio vecino, situado junto a Larrés. En el año 2000 la fundación presentó una propuesta al Gobierno de Aragón para hacer un proyecto social y vacacional en el Pirineo. "Quedaban los muros de las casas y el trazado del antiguo pueblo", recuerda. "Cada pueblo tiene su propia historia", afirma. Cree que para algunos de los antiguos habitantes, junto a la pena por haber tenido que dejar su vida, ahora es un "orgullo que el pueblo esté en pie" y que se intentara dejar "tal y como estaba". Sin la construcción del centro vacacional sería un pueblo fantasma, afirma. "Son conscientes de que se han creado oportunidades para gente con discapacidad del Alto Gállego y Jacetania", asegura. Prácticamente la recuperación del pueblo está a un 80%. Las casas se volvieron a hacer, pero "todas las piedras que hay en Isín son de las antiguas casas". En todas las casas había una cadiera y chimenea. Se ha conservado el encanto de los pueblos de montaña, salvo algunos materiales nuevos introducidos en la reconstrucción como detalles metálicos. Las calles tienen el mismo trazado que cuando vivían las siete últimas familias. "La escuela estaba en una de las zonas donde ahora están los apartamentos turísticos", cuenta, que están adaptados para personas con movilidad reducida. Adislaf tiene centros especiales de empleo como el de Recikla, que se encarga de la recogida de aceite y que da trabajo a 27 personas entre Isín y Zaragoza. En Minueval 70 personas trabajan en esta lavandería en La Puebla de Alfindén.

Griébal: el paraíso de los scouts de Aragón
Isín, Griébal, Ligüerre de Cinca y Morillo de Tou, pueblos recuperados en Huesca.
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Entre los pueblos propiedad de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) se encuentra Griébal, en la comarca del Sobrarbe, cuyos habitantes tuvieron que marcharse por la construcción del embalse de Mediano. Allí estableció su base en 1989 Scouts Aragón. Pablo Pevidal, vocal de proyectos técnicos del patronato de la fundación Scouts Griébal recuerda que cuando llegaron, el núcleo urbano estaba tapado por zarzas, por lo que los primeros años tocó desbrozar. Se mantuvieron los nombres de las casas como Sánchez o Custodio en los espacios ahora de trabajo comunitario. Todo se hizo con voluntarios scouts y campamentos de trabajo con jóvenes españoles y extranjeros. En 2015 se creó la Fundación Scouts Griébal para potenciar su desarrollo. "El objetivo final en parte ya está conseguido, que sea un centro de actividades infantiles y juveniles", además de convertir la propia reconstrucción del pueblo en una herramienta educativa. Disponen de talleres empleo que forman en certificados de profesionalidad de albañilería y forestal y los alumnos hacen prácticas allí. "Con los talleres hemos reparado cubiertas del núcleo urbano", pone como ejemplo de su trabajo. Durante todo el curso escolar los Scouts acuden para llevar a cabo algunas actividades, pero la temporada alta se concentra en Semana Santa y en verano en los campamentos. "Vienen grupos de toda España y Europa", explica, aunque la pandemia paró todo, con el consiguiente daño a sus recursos, ya que buena parte de la financiación para seguir la rehabilitación y mantenimiento se consigue en temporada estival. "La vuelta a la normalidad es este año", espera, con el arranque el 25 junio de las acampadas. En agosto tienen un encuentro de scouts de España y una reunión de Cruz Roja.
​"Queda mucho por hacer", reconoce sobre la reconstrucción del pueblo, que afirma tiene ahora "una segunda vida". Con su proyecto, "además de darle una segunda oportunidad al pueblo damos actividad a la comarca", afirma. El centro scout también cuenta con una barrera a la entrada, pero "los antiguos habitantes tienen llave del vallado".

Ligüerre de Cinca: boda entre viñedos y el embalse de El Grado
Boda en Ligüerre de Cinca (Huesca).
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Entre las entidades que a finales de los años 80 impulsaron la recuperación de pueblos abandonados estuvieron los sindicatos. UGT Aragón gestionó desde 1988 la rehabilitación de Ligüerre de Cinca, un pueblo que quedó despoblado por la construcción del embalse de El Grado, y que se recuperó para usos turísticos, sociales y agropecuarios. La CHE cede el derecho de rehabilitación, gestión y uso. Ahora pertenece al municipio de Abizanda. José Antonio Rufas es el director del ahora también llamado Ligüerre Resort. Cuando comenzaron la rehabilitación recuerda que se esperaba que algún día esta zona del Sobrarbe tuviera hasta turismo de nieve. "Como decía mi abuelo, que era de Ligüerre, 'mira que es largo el Pirineo y la única comarca que no tiene pistas de esquí es el Sobrarbe", rememora, para asegurar a continuación que "hemos aprendido a vivir de otra manera". Se apostó también por recuperar parte de los cultivos tradicionales, con 90 hectáreas, muchas de viñedo. Su abuelo no vio el pueblo transformado en ‘resort’, pero sus padres, que vivieron de niños, pudieron comprobar que, por lo menos, las casas no se había caído. Se restauró Casa Ramón y Casa Garcés, entre otras. "Hay abuelos que han venido con sus nietos", recuerda sobre los últimos pobladores. Desde 2003 se han convertido en un lugar de celebración de bodas. "Surgió un poco de rebote, por unos clientes que preguntaron si se podían casar allí", confiesa. Hasta antes de la pandemia organizaban 30 ó 40 bodas al año. "El jueves tuvimos una de una pareja de británicos", señala, con la vuelta de las celebraciones en el primer verano sin restricciones por la covid. Tienen distintos enclaves al aire libre incluido uno con vistas al pantano.

Morillo de Tou: turismo y eventos cerca de Aínsa
Morillo de Tou, pueblo rehabilitado por CC. OO. Aragón.
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Las bodas han sido otro de los reclamos de Morillo de Tou, el pueblo rehabilitado por el sindicato CC. OO. Aragón. En este caso la propiedad es también de la central sindical. El pasado fin de semana tuvieron una pareja formada por una oscense y un escocés, con unos 150 invitados. Entre las ventajas de una boda de este tipo está "venir y poder estar todo el fin de semana, no tener que coger coche y montar un tipo de boda convivencia con familiares que no ves hace años", apunta Pedro Arbó, portavoz del enclave ahora en el término municipal de Aínsa. Sobre los orígenes del centro recuerda que "el Día del Pilar de 1985 subieron las primeras personas para ver qué había que hacer para reconstruirlo", dice. El contacto con los descendientes de los habitantes originales se concentra en Todos los Santos porque se conserva el cementerio y en verano "vienen sobre todo descendientes franceses de los exiliados en Francia". Pueden ver las edificaciones que siguen en pie y restauradas como Casa Cuello, ahora un restaurante; Casa Cadero, apartamentos turísticos y Casa Cambra, convertida en hotel. Voluntarios del sindicato y de campos de trabajo participaron en la restauración. Primero se abrió el camping y los bungalows. El objetivo era "crear un motor económico" para la zona. Ahora trabajan 35 personas en las instalaciones, unas 50 en verano. "Le hemos dado además dimensión cultural, con un museo de alfarería tradicional aragonesa en la antigua iglesia", dice, e incluso han celebrado un festival de jazz.

Muchas otras son las experiencias de pueblos recuperados. El sindicato CGT consiguió la cesión de Ruesta en 1988, también por la CHE. Realizó la rehabilitación de edificios y la CHE llevó a cabo actuaciones en el propio núcleo y la Ermita del entorno de Yesa en el recorrido del Camino de Santiago.

Quienes participaron en los proyectos en esos años coinciden en que hoy sería complicado afrontar una empresa de tal envergadura. "Recuperar edificios es muy romántico y muy interesante, pero hay muchas limitaciones y necesita mucha inversión", apunta Arbó. Pide más vivienda en zonas rurales para retener población y "trabajar donde todavía queda algo de vida para que sigan las escuelas abiertas", pone como ejemplos de medidas para frenar la despoblación. Entonces como ahora sigue siendo un problema en Aragón.

Incluso quienes acudieron en los 80 a ‘repoblar’ municipios para convertirlos en su hogar son conscientes de que es una tarea complicada. "Hemos recibido solicitudes de información de gente tras la pandemia, pero a la mayor parte le echa para atrás que no somos propietarios", explica Agustín Montero, desde la asociación Artiborain. El modelo concede el usufructo, pero la propiedad es pública. Además, "la gente busca primera vivienda, pero con buen acceso a internet para el teletrabajo y aquí es complicado", reconoce desde esta zona de La Guarguera. Tienen acceso pero no hay fibra.

Mientras, quedan muchos pueblos abandonados. Solo en la lista de la CHE figura Arasanz, vaciado por la construcción del embalse de Mediano; Santolea, por cuya memoria trabaja la asociación Santolea Viva y cerca de Yesa, Tiermas y Esco. Todos ellos durmiendo entre las zarzas y el olvido.

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