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SUCESOS

Los carteristas ya no quieren carteras: prefieren teléfonos móviles

El pasado sábado, en un solo día, se denunciaron hasta veinte hurtos de 'smartphones' en Zaragoza. Según las estadísticas del Ministerio de Interior, en España se roban más de 750 teléfonos al día y muchos de ellos acaban 'liberados' en el norte de África.

La Policía recomienda llevar el bolso por delante en aglomeraciones para disuadir a los carteristas.
La Policía recomienda llevar el bolso por delante en aglomeraciones para disuadir a los carteristas.
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Que las nuevas tecnologías lo invaden todo lo saben hasta los malhechores: los ladrones han dejado a un lado las carteras para centrarse en el hurto de teléfonos móviles. Durante las no fiestas del Pilar se han llegado a presentar veinte denuncias de robo de estos terminales en una sola noche y la sospecha es que podrían ser más, pero muchas víctimas no se deciden a acudir a comisaría. No es que el índice de criminalidad o el número de hurtos haya ascendido -se mantiene estable si exceptuamos el año 2020 que distorsiona la estadística-, sino que se trata más bien de un cambio de naturaleza: cuando el carterista mete la mano en el bolso prefiere llevarse un iPhone antes que un monedero.

¿El motivo? Los agentes explican que nunca se sabe el botín que esconde una cartera y, sin embargo, por un teléfono móvil en una tienda de segunda mano pueden lograr más de cien euros. Además, con la crisis sanitaria de la covid los ciudadanos se han acostumbrado a hacer más uso de las tarjetas de crédito con lo que son pocos los que llevan importantes cantidades de billetes en su bolsillo.

El robo de teléfonos, no obstante, también entraña riesgos para el amigo de lo ajeno porque muchos se pueden rastrear y porque la Policía vigila los locutorios en los que sospechan que se hacen compraventas. Los agentes especializados intentan seguir el rastro de los móviles a través del IMEI (un código de 15 números que viene a ser la matrícula del dispositivo), pero a veces se topan con que “muchos se venden por piezas o acaban fuera de España”. De hecho, “cuando vuelven a encenderse y dan señal de localización suelen estar en el norte de África u otros países”, comentan. Es lo que le sucedió, sin ir más lejos, a la presentadora aragonesa Adriana Abenia con su 'smartphone', que acabó apareciendo en Marruecos. La explicación está en que el bloqueo y la protección que ofrecen las compañías vía satélite no sirven una vez se cruza el Estrecho.

En el caso de que los delincuentes quieran reintroducir el teléfono en el mercado español lo tienen bastante más difícil porque han de encontrar a alguien que libere los terminales "sin preguntar". De hecho, en tiendas de segunda mano tratan de cubrirse las espaldas comprobando que el IMEI no está en la base de datos de los móviles robados. En establecimientos como Cash Converters, explican, "se solicita alguna documentación original como el envoltorio, la caja o la factura de compra".

Según las memorias de la Policía Nacional en Zaragoza, ya a comienzos de milenio se producían numerosas sustracciones de teléfonos móviles: en 2002, por ejemplo, se cifraron en 5.200 terminales perdidos, si bien aclaran que "es difícil detallar cuántos de ellos fueron robados y cuántos se extraviaron". Según las estadísticas de la Secretaría de Estado de Seguridad, en España se roban al año unos 280.000 teléfonos móviles (esto supone más de 750 aparatos al día) y uno de cada diez españoles ha sido víctima de estos hurtos.

Las antiguas bandas de carteristas son las mismas que roban móviles (o relojes y joyas) y se amparan en cualquier tipo de aglomeración para aprovechar los despistes de los usuarios. Sucede en los festivales, los acontecimientos deportivos y en las celebraciones populares como las recientes no fiestas del Pilar. En todos estos casos, la noche y la fiesta suelen conllevar que los lunes sea el día en el que se produce un aluvión de denuncias en las comisarias. “También en los conciertos, en el primer día de rebajas o en las concentraciones de viajeros en el transporte público”, puntualiza la Policía, que controla (se coordinan con otras Comunidades y se avisan mutuamente) a aquellos clanes que van de municipio en municipio con aviesas intenciones. Los Altimaveres, las Bosnias (con más de 300 antecedentes) o los Fieraru han sido algunos de los nombres de los grupos de malhechores, que en los últimos años han estado bajo vigilancia. Su ‘modus operandi’ es el de trabajar en pequeños grupos (mínimo dos personas para poder darse cobertura) y no acumular más de cuatro o cinco móviles robados en sus abrigos o mochilas sin antes pasar por algún local o alguna vivienda en la que depositar el botín.

Contra estos actos, la Policía recomienda “prevención y sentido común”, como evitar llevar el móvil a la vista o en el bolsillo trasero del pantalón. El método del tirón no es de los más frecuentes, pero sucede en ocasiones como le ocurrió hace unos meses a la zaragozana Claudia Martínez cuando caminaba bajo el Arco del Deán. “Eran las tres de la tarde, yo iba a trabajar y apenas había nadie por la zona. Iba hablando por el teléfono, y por detrás apareció un chaval a toda velocidad, que me lo quitó de la mano y salió corriendo”, relata. Además del susto, la joven se llevó un golpe en el brazo y trató de reaccionar corriendo tras el ladrón pero fue en vano. “De inmediato fui a comisaría a poner la denuncia y no se sorprendieron porque debía haber una banda actuando por la zona”, cuenta Martínez. “De hecho, a los pocos días me llamaron para hacer una rueda de reconocimiento pero no pude identificar a nadie porque todo fue muy rápido y solo vi al ladrón de espaldas”.

Aunque pudiera pensarse que las víctimas propiciatorias son gente mayor, la mayoría suelen ser jóvenes que, ya de madrugada, hacen ‘ostentación’ del teléfono sacándose selfis o mandando mensajes algo "perjudicados" y sin precauciones. Hace unos años la asociación Stop Carteristas fomentó un estudio sobre el llamado “coeficiente de robabilidad” y el neurocientífico Manuel Martín-Loeches creó lo que dio en llamar 'El distractómetro', con variables que indicaban la propensión a distraerse de una persona si solía ser víctima de estos delitos.

El límite de robo y hurto

No pocos ladrones saben que por muchos antecedentes y mucha reincidencia que demuestren es difícil que acaben con sus huesos en la cárcel. Los carteristas conocen la legislación y saben la diferencia entre robo y hurto, y entre falta y delito. Se considera hurto no por la cantidad robada, sino porque no hay fuerza ni violencia y la integridad física de la víctima no se ha visto comprometida. La sustracción de una cartera sería una falta si el botín no excede de los 400 euros, en cuyo caso sería delito. "Por eso un carterista puede acumular decenas de antecedentes y estar en libertad", señalan desde la Policía.

Otra derivada es de la que advierte la Jefatura Superior de Policía de Aragón ha detectado un preocupante repunte de las falsas denuncias por robos con violencia en Zaragoza, lo que relaciona con el hecho de que muchas compañías de seguros exijan a sus clientes de este trámite para ser indemnizados. La Policía Nacional recuerda que las falsas denuncias constituyen un delito penal que se castiga con multa. Sin embargo, cuando las aseguradoras acreditan que se ha recurrido a ellas para exigir y cobrar una indemnización de forma a ilícita, el delito puede ser doble, ya que los clientes pueden acabar denunciados por estafa.

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