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Carmen Escriche y la férrea tridimensión de Rillo

La escultora y docente turolense tiene en su pueblo natal dos obras de relevancia en la zona, y unas cuantas más esparcidas por lugares públicos y privados de toda la provincia.

Carmen Escriche Balfagón es rillana de toda la vida. Trabaja como profesora de volumen e ilustración en la Escuela de Arte de Teruel, la capital de su provincia natal, después de trabajar en el instituto Lázaro Carreter de Utrillas durante siete años. Ama su trabajo y se siente muy libre ejerciéndolo; el amor al arte (literal) le viene no obstante de mucho antes, de su niñez en Rillo. "Viví aquí en el pueblo hasta los 14 años, y ya sabréis que el mundo del pueblo es muy salvaje, se goza mucho a esa edad; estás todo el día en la calle, explorando… he vivido en Barcelona, en Valencia, ahora en Teruel, pero Rillo es mi imán; será desértico, pero es mi pueblo y me encanta. La infancia aquí fue un tesoro, y de hecho ha influido en mi vocación. También en mi modo de relacionarme con las personas, aquí me siento a tomar algo con el que esté y todo va a funcionar bien".

"Mi padre trabajaba en las minas de aquí y cuando las cerraron nos fuimos al Bajo Aragón, porque el trabajo pasó a estar en Ariño; vivíamos en Calanda. Ahí pasé cuatro años más, en el instituto vi un folleto de la Escuela de Arte de Teruel; ahí decidí que quería probar. Para allá me fui, y en Teruel conocí la obra de Remedios Clérides Amigo, una escultora que experimentaba con el hierro, incluyendo metralla recogida de la guerra. Eso me impactó, le daba la vuelta a su anterior significado.

Rillo, en Teruel.
Vídeo de Rillo
Laura Uranga
"Disfruté mucho la carrera, hubiera pasado el día entero en la facultad"

Carmen cursó Bellas Artes en Valencia. "Disfruté mucho la carrera, hubiera pasado el día entero en la facultad. No es tan fácil contar con un sitio en el que puedas tallar piedra de grandes dimensiones, por ejemplo, o fundir en bronce con un crisol; podías elegir cosas increíbles. Había una asignatura basada en el hierro, con técnicas de soldadura, y a partir de ahí sentí que ese material sí podría acompañarme al acabar la carrera. Regresé a Rillo, hice un trabajo para la facultad, compré una radial y un soldador con lo que saqué y a funcionar. Ahí comencé a materializar las esculturas que tenía en mente".

Presencia en la zona

De las que pueden admirarse a día de hoy, la primera que creó Carmen fue para Pancrudo, el pueblo vecino, separado del suyo por apenas siete kilómetros. "Estaba destinada a una exposición llamada ‘Rarum’, y vino de unas colectivas que organizaba el profesor de Historia del Arte de la Escuela de Teruel Santiago Martínez. Luego, con motivo del Gaire de 2009, fue a Pancrudo; Santiago había sido profesor mío y creyó en mi trabajo. La llamé ‘Ierro/ierra’ y es un arado que se clava en la tierra; la inspiración venía de una foto de los huertos urbanos de Teruel, que el docente había propuesto a quienes quisieran participar en la iniciativa. La gente del pueblo quiso que se quedase allá, fue un orgullo. Luego participé en alguna colectiva más, fui conociendo a otros artistas turolenses… aquello me ayudó".

El padre de Carmen falleció en 2004; desde el mismo óbito, la artista estuvo pensando en una obra que sirviera de homenaje a su desaparecido progenitor. "La historia de 'A los que duermen' tiene su aquél. Cuando acabé Bellas Artes me pasó lo que muchos otros que no siguen los planes que quizá tenían en casa para ellos; mi padre esperaba que ya me dedicase a algo más ‘serio’. Alguna vez tomábamos café con el herrero en su casa, que está al lado de un terreno nuestro, donde finalmente acabé poniendo la escultura, y él decía que tenía que hacer un monumento a la cama con un punto de cachondeo. Cuando falleció, decidí hacerlo, pero no al objeto de la cama en sí, sino a los que duermen porque ya no están; de hecho, el herrero falleció poco después. En el cementerio de un pueblo está buena parte de su historia, cuando vas allá siempre hay tumbas de gente que no conoces, otras que ya te suenan algo y otras con las que trataste. Quería hacer mi propio recordatorio, reflejar la huella de toda esa gente».

El arraigo

Carmen vive y trabaja en Teruel, y aunque Rillo está cerca, le toca saludar como recién llegada a los que pasan allá todo el año; su amiga Fina, por ejemplo, se alegra mucho al verla con un café en la terraza del bar. Pregunta por la madre, por las chiquillas… el repaso cariñoso de rigor. Luego llega Pili; hola, hola. Y vuelta al tema. "La presentación del día de la cama fue muy emocionante. Empecé con ella en 2008 y me costó mucho acabarla; mis hermanos me ayudaron a hacer el pedestal. Vino todo el pueblo, fue muy bonito".

Carmen ha empezado ahora con una serie arbórea. "Comencé con unas semillas de hierro y el primer árbol se ha expuesto en el Museo de Teruel; ahora está en un jardín particular. Aquí quiero aplaudir a la naturaleza y a su capacidad para sobrevivir, a pesar de las perrerías que le hacemos. La famosa resiliencia que tanto se cita ahora. Alucino con las hierbas en medio del asfalto, por ejemplo".

La Carmen profesora ve a un alumnado con muchas ganas de expresarse con nuevos lenguajes. "Son igual de válidos que los anteriores, claro; muchos de nuestros alumnos se van a hacer Bellas Artes luego". Por la Escuela han pasado talentos como Laura Rubio, jovencísima y prestigiosa autora de cómics en GP Ediciones. "Hizo las prácticas con nosotros; ‘Queronea’ me parece un gran trabajo, me alegro que le vaya tan bien".

Hay otra escultura conocida de Carmen en Mezquita de Jarque: se llama ‘Tirantes’, forma parte de la serie ‘Unidos’ y está junto a la Fuente de la Precisa desde 2017. "Soy docente, así que la creación llega cuando tengo el tiempo suficiente, no corro; desde que las pienso hasta que las hago pasa el tiempo que tenga que pasar -ríe- porque es la única manera posible para mí. Esa escultura había sido cuadro originalmente. Herminio, alcalde de Mezquita en 2009, vio el lienzo en aquella exposición de Pancrudo, le comenté que quería hacerlo escultura y me dijo que la hiciera para Mezquita cuando fuera posible. Me gustaba la idea de ese hierro que sujeta algo que se cae, porque para mí la gente del pueblo es ese hierro que lo sujeta, que lo mantiene vivo. Mis hermanos y yo tenemos en Rillo el punto de encuentro, somos tirantes también, de los buenos".

Carmen Escriche junto a la escultura homenaje a Javi Rillo.
Carmen Escriche junto a la escultura homenaje a Javi Rillo.
Laura Uranga

A Javi, el gran dibujante, artista natural de huella imborrable

La muerte de un amigo artista, compueblano y quinto, fue otro duro golpe para Carmen, y también decidió homenajearle con arte. "Cuando murió Javi… bueno, recuerdo que estaba haciendo la colcha de la cama y me lo contaron. Era un personaje total; es que éramos quintos, siempre juntos desde chiquillos con otro que había nacido el mismo mes, José Miguel. Nuestra escuela era unitaria y nos turnábamos durante la semana para encender la estufa. Coincidí con él en la escuela de arte; de hecho, lo tuvo claro antes que yo, desde siempre hacía caricaturas a todos en el pueblo. Lo vivía. En 2010 le dio un infarto en Barcelona, donde tenía la empresa ‘El 6 y el 4’, y se murió. Los amigos de Teruel y Barcelona decidimos hacerle un homenaje en Teruel en 2011 con un festival de cómic, el Ideotas, que siempre quiso hacer él. Vinieron dibujantes, músicos… hubo caricaturas en la plaza del Torico, exposiciones, talleres... hablamos de hacerle una escultura y la idea no era fácil, porque se basaba en una caricatura que le hizo su colega Kap, de ‘La Vanguardia’. No quería hacer algo triste, y finalmente creo que lo conseguí. Monté un gran lápiz de hierro junto a la reproducción de la caricatura de Kap, y Javi queda como si se saliera de la viñeta; está junto al pueblo, en el camino. Colaboramos todos los amigos; el ‘Indio’ hizo el agujero y ‘Sandokán’, el encofrado; luego nos comimos una paella a la salud de Javi".

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