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Mara: pasión por el campo que permite vivir en el pueblo

Los hermanos Peiró han continuado y ampliado la labor ganadera de la familia y han diversificado la explotación con la agricultura y también una carnicería. A orillas del Perejiles han anclado su proyecto de vida.

La lucha contra la despoblación no tiene una solución mágica, ni rápida, ni única. Sin embargo, una de ellas es encontrar ese medio de vida que permita a la gente establecerse allí donde se ha criado. Es el caso de los hermanos Peiró, Javier y Carlos, quienes han decidido continuar con la tradición ganadera familiar desde Mara, en la ribera del Perejiles, en el complicado sector ovino; han diversificado la explotación con una granja de pollos, la agricultura y llevando la carnicería de la localidad. Allí, además de tres puestos de trabajo ‘de casa’, asientan otros dos empleos. Una cifra nada desdeñable que permite que las puertas del colegio local sigan abiertas.

"Pensamos que lo íbamos a tener que cerrar", reconoce Javier, que además es alcalde de Mara. "Con las ovejas empezó mi abuelo Clemente; se las quitó y luego las volvió a coger mi padre. Mi abuelo Bienvenido tenía vacas lecheras en Calatayud, y nosotros nos hemos criado con ellas", explica. Su hermano Carlos ha vivido esta realidad toda su vida. "Es un trabajo exigente, pero lo hacemos por vocación", explica, y detalla que en época de partos pueden nacer hasta 108 corderos en un día. "Tenemos días de 17 horas de trabajo".

En el caso de Javier, su periplo comenzó muy joven. "Con 12 y 13 años ya salía alguna vez, y con 15 me tocaba hacerme cargo. Mi hermano se ha criado con las ovejas ya en casa", recuerda el mayor. "Es un trabajo muy esclavo y con mucha inseguridad en los precios. Lo hacemos porque nos gusta, pero el futuro es complicado", reconoce. "Empezamos con la rasa aragonesa, pero cuando tomamos las riendas cambiamos a la roya bilbilitana, porque la rasa es muy buena, pero no es tan dura ni está hecha para el monte tanto como la roya", argumenta.

Carlos Peiro en la nave de Mara donde descansa el grueso de las ovejas.
Carlos Peiro en la nave de Mara donde descansa el grueso de las ovejas.
Jesús Macipe

A eso le añaden el pastoreo "como toda la vida". "Vamos jugando con los pastos y con el tiempo: al monte van las ovejas en primavera e invierno. Desde que levantamos la cosecha y hasta octubre van a los rastrojos. Ahora en verano, por ejemplo no puedes hacer una vuelta muy larga, porque los animales se amorran, y tienes que ir buscando corrales con agua cerca", detalla Javier. Puntualiza que este año el monte está muy verde, pero son las propias ovejas las que van adaptando su dieta. "Los leñosos en invierno sí que se los comen".

Entre los dos hermanos han modernizado la explotación ovina y han incorporado la tecnología. Carlos es de esos pastores capaces de saber hasta la ascendencia de una determinada oveja: "Un día me puse muy nervioso porque no encontraba a una en concreto. Pensaba que la tenía en un sitio y tuve que llamar a uno de los pastores porque no daba con ella. Al final la encontramos", relata. "Se sabe hasta que esa oveja es nieta de otra", puntualiza Javier. También hacen "ecografías" de un vistazo. "Las hacemos por una manga y habremos apartando unas 700 para parir, y no habrá 30 equivocadas", explica. El secreto es una observación minuciosa: la ubre se le ve más grande, la complexión es más ancha y la tripa se les baja.

En la actualidad cuentan con un total de 1.800 madres, y como base de operaciones poseen una gran nave de 3.000 metros cuadrados. Para facilitar el trabajo han incorporado un gran remolque, a través del que preparan tanto la comida como la «cama». "Le echas la comida, tritura la mezcla y reparte la ración. Después tienes que ir más en detalle, porque las preñadas lo necesitan más concentrado", indica Javier. Junto a ellos trabajan en el pastoreo Cristian, desde hace 15 años, y Lekbir, desde hace siete. "No es fácil encontrar gente que lo haga bien, pero ellos son como de la familia".

Además de una granja de pollos con capacidad para hasta 75.000 cabezas, ambos se dedican a la agricultura y eso les sirve para "darles todo lo que comen". "Tenemos pipirigallo (esparceta), alfalfa y guisante forrajero, la paja del cereal, que además de fibra les sirve de cama, y aprovechamos el estiércol". Por si fuera poco, desde hace 22 años también gestionan la tienda de la localidad, a la que destinan una pequeña parte de la producción ganadera.

12 parideras recuperadas

En el paraje de San Martín, en el término municipal de Belmonte y entre carrascas de gran porte, se encuentra una de las parideras que los hermanos Peiró han conseguido conservar. Se trata de una construcción de baja altura (para que conserve el calor) y en pendiente, lo que hace que el fiemo salga solo del interior hacia la zona de corral. Según explica, en este refugio pueden cobijarse cerca de 700 animales.

"Estamos hablando de una construcción centenaria que hemos ido arreglando nosotros. Estuvimos unos días de intensivo y luego tienes que mantenerla, porque una gotera puede hacer que una viga se vaya abajo", detalla.

En su caso, al ser ganadería extensiva, además de en su propia localidad de origen y en Belmonte de Gracián, también alcanzan terrenos de Sediles, Paracuellos de Jiloca y Velilla de Jiloca. Javier explica que también se encargan de cuidar el estado de los navajos (abrevaderos). "Esto es una relación de beneficio mutuo; nosotros estamos aquí por las ovejas y hacemos todo lo que está en nuestra mano para conservar el entorno. No hay nadie más ecologista que nosotros", subraya.

Lo dice mientras regresa de este refugio, en plena sierra de Vicor, a unos siete kilómetros de Mara, donde a tiro de piedra se encuentran olivos milenarios. "No he cogido una oliva en mi vida, pero pasamos con el tractor para que no se los coma la maleza".

Olivos centenarios.
Olivos centenarios.
Jesús Macipe

Mara, villa acogedora

Los hermanos Peiró, de Mara, coleccionan reconocimientos por su tarea ganadera; la combinan con la agricultura, el sostenimiento de la tienda y en el caso de Javier, el mayor, la alcaldía. Su abnegación ha hecho que vivir en el pueblo al que llaman hogar no sea una utopía, y con sus múltiples focos han conseguido que otros hayan fijado su residencia allá

La roya bilbilitana, raza adaptada a la zona

Los hermanos Peiró lo tuvieron claro: la roya bilbilitana era su oveja predilecta. "Estamos en Agrobi, la Asociación de ganaderos de ovino de Raza Roya Bilbilitana y de la Indicación Geográfica Protegida Ternasco de Aragón, y cuidamos la selección", explica Javier. "Es una raza que se adapta a la escasez de alimento, muy dura y sufrida", argumenta. Para que el profano pueda reconocerla, la roya es de color negro y pardo rojizo, con detalles blancos (careta) en la cabeza, en las patas (calzados) y en la cola (puntiblancos); ambos sexos pueden desarrollar cuernos.

Carlos habla de su hermano como trabajador. "Javier es muy minucioso y especialmente para los mardanos. Es todo un ritual". "Es un seguimiento continuo para ver qué capacidades tienen", explica Javier. En los últimos años hay un aporte importante de la tecnología, con seguimiento y control de registro para conocer la trazabilidad de cada animal. 

Oveja roya bilbilitana.
Oveja roya bilbilitana.
Jesús Macipe
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