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Exteriores repatriará este viernes a las dos menores aragonesas confinadas en un hotel de Malta

Jimena Guijarro y Elena Meler, de Zaragoza y Huesca, respectivamente, llevan casi dos semanas encerradas en el establecimiento junto a otros compañeros de estudios después de dar positivo por coronavirus.

Jimena Guijarro, este jueves en la habitación del hotel de Malta donde está confinada.
Jimena Guijarro, este jueves en la habitación del hotel de Malta donde está confinada.
J. G.

La pesadilla está a punto de terminar… o al menos eso espera la zaragozana Ana Belén Martín, emocionada hasta las lágrimas tras conocer de boca del Ministerio de Exteriores que su hija Jimena Guijarro, de 13 años y confinada en Malta tras dar positivo en coronavirus, llegará a España a primera hora de la tarde de este viernes en un avión fletado ex profeso para traer de vuelta al medio centenar de adolescentes españoles en la misma situación que su pequeña.

“No se lo hemos dicho todavía. ¿Y si al final resulta que no los traen, que todo se retrasa, que algo sale mal?”, cuestiona esta madre, que explica que desde el ministerio les han enviado un correo electrónico con una declaración responsable que tienen que firmar antes de acudir a Barajas a recoger a su hija. Tienen que ir en vehículo privado, un máximo de dos personas, y deben cumplir una serie de requisitos previos. Pero nada es demasiado para unos padres que llevan desde el pasado 12 de julio con el corazón en un puño por la enfermedad de Jimena y de sus compañeros, entre ellos la joven oscense Elena Meler, de 16 años.

Todo empezó el 3 de julio, cuando un grupo de 50 adolescentes españoles viajó a la ciudad maltesa de Qawra para perfeccionar su nivel de inglés. Lo que iban a ser tres semanas de estudio, turismo y comedida diversión acabó trocando en pesadilla cuando 38 de los 50 jóvenes dieron positivo después de juntarse con un grupo de italianos que, según relataron las familias afectadas, “no respetaban las normas anticovid”. 

Los adolescentes que dieron negativo abandonaron el país de inmediato, no así el resto de afectados, entre ellos los tres monitores que les acompañaban, que tuvieron que quedarse aislados en un hotel que, según los allegados, “se desentendió de ellos”. “Tenían régimen de alojamiento, desayuno y cena, el hotel no les daba la comida y tampoco les facilitaban bebidas”, explica Ana Belén. Y solo después de la presión ejercida por los padres les dieron algo más. Tampoco les han cambiado las sábanas ni limpiado las habitaciones.

“Los monitores, que también han estado enfermos, se han ocupado en la medida en que han podido de que no les faltara nada”, continúa. Pero poco se puede hacer, y mucho menos a miles de kilómetros de distancia, cuando la fiebre es alta, la cabeza duele constantemente y la amenaza de un virus de desarrollo incierto se cierne sobre un ser querido. “Jimena es muy delgada, pero aun así ha adelgazado más; en una niña de 13 años, perder un par de kilos es mucho”, indica su madre, que añade que desde hace unos días ya se encuentra mejor y parece haber dejado atrás la enfermedad.

Durante todo este tiempo, las familias han luchado para que sus hijos volvieran a casa lo antes posible, pero, según explican, el Gobierno de Malta se opuso hasta que no dieran negativo en las pruebas PCR. “También hubo cierta disparidad de criterios entre los ministerios de Exteriores y Sanidad, el primero estaba por la labor de traerlos, pero el segundo no. Tampoco la Embajada en Malta ha ayudado demasiado”, denuncia Ana Belén Martín.

Sí se deshace en halagos hacia otras personas e instituciones que han apoyado y presionado. Entre ellos, cita expresamente al secretario general técnico de la Consejería de Presidencia del Gobierno de Aragón, José Luis Pinedo, quien se puso en contacto con las familias de las dos aragonesas este pasado miércoles para interesarse por la situación, y también dio aviso a la Delegación del Gobierno, a la que pidió que se intentara que las condiciones de estas personas fueran lo mejores posible mientras permanecieran en Malta.

También recuerda al alcalde de Calatayud, José Manuel Aranda, que les ha ayudado “muchísimo”. Y se emociona al recordar una carta que la familia envió a la Casa Real para ponerles en conocimiento de la situación y que, para su sorpresa, tuvo respuesta días después. “Nos dijeron que se habían puesto en contacto con Exteriores para que se hiciera todo lo posible”, recuerda.

Ahora, a escasas horas de volver a abrazar a su hija, “nerviosa y angustiada” pero expectante, Ana Belén Martín solo desea dejar todo esto atrás. Viajar a Madrid, acudir al aeropuerto y que a las cuatro de la tarde, hora prevista de llegada del vuelo, pueda por fin abrazar a Jimena. Y olvidar Malta, el coronavirus y las tres semanas de estudio, turismo y comedida diversión que acabaron trocando en pesadilla.

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