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10.000 kilómetros al año: el recorrido de las palomas mensajeras de Aragón

La última competición en la que participaron fue una suelta en Lisboa en junio y, a diferencia de sus vecinas lusas, casi todas regresaron a la Comunidad, donde hay 5.000 ejemplares federados.

Palomas mensajeras en el palomar de Jaime Ameller en La Muela.
Palomas mensajeras en el palomar de Jaime Ameller en La Muela.
J. A.

Un buen día, sin ningún motivo aparente, una paloma mensajera se "encaprichó" con el jardín del abuelo de Carlos Garcés en Cabanillas (Navarra) y ya no se marchó. Eso fue en 2016 y desde entonces este ejemplar 'okupa' no está solo: le acompañan otros 59 en un palomar que ha creado este adolescente, de 16 años, que ha hecho de la colombofilia (cría y adiestramiento de palomas mensajeras) una forma de vida y eso que en su casa tenían "fobia" a las plumas. "No llevaba una anilla federativa con su número para saber quién era su dueño. Le busqué un macho y así empecé. Las entreno tres horas al día. Les coges cariño y si las observas te dicen lo que les pasa", señala.

Garcés es uno de los miembros más jóvenes de la Federación Aragonesa de Colombofilia, compuesta por 70 socios entre los tres clubes que existen en la Comunidad -Sociedad Aragonesa, Pirineos y Alas Mudéjares- y con un total de 5.000 ejemplares federados. Un deporte de competición que gana adeptos con los años, tal y como indica su presidente, Jaime Ameller. "La afición crece sobre todo por los rumanos que vienen a vivir a la región. Ahí hay mucha tradición al igual que en Portugal y China (el país con más socios)", cuenta este colombófilo, que se inició en este mundo siendo un crío en su Menorca natal.

Precisamente, estos días las palomas mensajes lusas han saltado a los medios de comunicación después de que, tras una suelta en el Algarve con destino Oporto, muchas de ellas no llegaran a sus respectivas moradas tras una tormeta que las despistó. Muchas han aparecido en Galicia y Asturias, pero otras lo han hecho en Aragón. Dos fueron descubiertas, agotadas y desnutridas, cerca de una fábrica de Utrillas y en las inmediaciones de una casa en Santa Eulalia, en Teruel. Y no son las únicas. "Han aparecido una docena: el jueves una en Calatayud (murió después) y el viernes  otra en el Actur (se escapó). Estaban en muy mal estado, son muchos días perdidas", explica Ameller.

También dos docenas de palomas mensajeras aragonesas participaron a mediados de junio en una suelta que organizó la federación de Castilla-La Mancha en Lisboa. En este caso la mayoría llegaron a buen puerto tras 12 horas de vuelo para recorrer casi 800 kilómetros de distancia. "Siempre falta alguna, son sueltas muy largas y hay accidentes. También los halcones las atacan y las desorientan", aclara.

Estas aves -utilizadas desde la antigüedad como medio de comunicación- alcanzan una velocidad media de 70-90 kilómetros hora y en ocasiones puntuales incluso más altas. Según informa José Manuel Carcasona, presidente del Club Colomfóbilo Pirineos de Huesca, no vuelan en línea recta sino haciendo rodeos en función de la climatología y la orografía, entre otros elementos. "Durante el viaje les pueden pasar multitud de circunstancias. Y hacen más kilómetros de los que contamos, que son coordinadas en línea recta. A veces se las lleva a alta mar para una suelta marítima, es un reto", dice.

Como un atleta de elite

Además de su participación en sueltas (anualmente una docena de ellas en Aragón más otras a nivel nacional y en Portugal) también llevan un entrenamiento diario como si de un atleta de elite se tratara. "Recorren 10.000 kilómetros al año entre el montón de carreras en las que participamos y los entrenamientos. Tienen que estar superbien cuidadas, tanto de alimentación como de atención veterinaria, para poder volar tantos kilómetros. Es una satisfacción trabajar con estos animales, son un portento físico. Son capaces de recorrer distancias y volver a casa y eso tiene un gran valor", resalta el presidente de la Federación Aragonesa de Colombofilia.

Palomas mensajeras en cestas para ser trasladadas en un camión al lugar de la competición.
Palomas mensajeras en cestas para ser trasladadas en un camión al lugar de la competición.
J. A.

El calendario de competiciones arrancó este 2021 en La Almunia en febrero y concluirá el próximo noviembre en Toledo. En cambio, el año pasado no hubo sueltas por culpa de la covid. Asimismo, el virus ha llevado a implantar un protocolo de seguridad: los colombófilos ya no viajan al lugar de las sueltas y llevan sus ejemplares por turnos al encargado de la misma, que las desplaza en un camión. "Cada uno va con sus palomas mensajeras al punto en el que nos concentramos, se registran con un chip (para marcar la hora en la que llegarán a sus palomares) y pasan a cestas comunes", explica José Manuel Carcasona.

El joven Carlos Garcés tiene previsto participar -con 30 aves- en una competición de pichones que se celebrará en Zaragoza en octubre. Ya ha competido en dos pruebas con muy buenos resultados: una en Madrid en las que sus palomas mensajeras quedaron en segundo y tercer puesto y en un campeonato de jóvenes de menores de 18 años, en la Comunidad, en el que su ejemplar quedó primero (el tiempo queda reflejado en un reloj instalado en las entradas de los palomares y se comunica a las federaciones). "Sacó media hora de diferencia al siguiente. Las entreno con una bandera en el jardín y hasta que no la quito no paran de volar. Y dos meses antes de las competiciones, los sábados voy a puntos de suelta de hasta 200 kilómetros de distancia para entrenarlas", detalla.

Carlos Garcés, junto a su padre, con el palomo que ganó el campeonato juvenil en Aragón esta temporada.
Carlos Garcés, junto a su padre, con el palomo que ganó el campeonato juvenil en Aragón esta temporada.
C. G.

En el caso del presidente del Club Colomfóbilo Pirineos de Huesca -que tiene un palomar en una parcela en Esquedas con 120 aves- 'El Campeón' fue el victorioso en una suelta en Oporto (Portugal) en 2014. Es su "ojito derecho": llegó a la localidad oscense en 7 horas y 52 minutos y tal proeza le valió tener nombre. "En coche por autovía y sin parar un conductor no hace ese tiempo. Lo que más me satisface es su cuidado diario y, cuando se hace una suelta, ver que vienen de tan lejos. ¿Cómo lo hacen? Eso es muy gratificante", subraya Carcasona.

Por su parte, Jaime Ameller -con 300 ejemplares en un palomar instalado en el jardín de su casa de La Muela- habla de 'Manolo', que se quedó primero tras llegar a su 'casa' en 9 horas desde La Coruña. El ejemplar en cuestión ya falleció (pueden vivir hasta 20 años), pero su descendencia también despunta. "Cada uno tiene sus campeones. Todos los días voy dos veces al palomar y una vez a la semana las suelto en Calatayud. Entrenarlas te da mucha satisfacción", reconoce.

Jaime Ameller con una de sus paloma mensajeras en La Muela.
Jaime Ameller con una de sus palomas mensajeras en La Muela.
J. A.

Hay que destacar que los costes de participar en una competición corren a cargo de los miembros de las respectivas federaciones y que ganar no conlleva un premio en metálico sino un trofeo. "Es un deporte, una afición que cuesta dinero", dice Ameller. Y en cuanto al coste de las palomas mensajeras su precio medio oscila entre los 100 y 500 euros. "Va en función del pedigrí del palomar o de los padres del ejemplar", indica Carcasona. El récord lo ostenta la belga 'New Kim', que en 2020 fue comprada en subasta por 1,6 millones por "un coleccionista chino". Ahí es nada.

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