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coronavirus

La mayoría de los aragoneses mantienen la mascarilla en el exterior "por precaución"

El temor a los contagios y la dificultad para guardar distancias se imponen pese al fin de la restricción. Los hosteleros admiten problemas para controlar el cumplimiento en las terrazas.

La mayoría de los aragoneses optaron este sábado por seguir llevando mascarilla en el exterior. Muchos lo hicieron "por precaución" pese a no ser ya obligatoria siempre que pueda garantizarse un metro y medio de distancia ante el temor a nuevos rebrotes, sobre todo ahora que se han confirmado los primeros casos de la variante delta en la Comunidad. También por la imposibilidad de guardar la distancia mínima en las zonas más concurridas o a la espera de que avance la vacunación y caigan los contagios.

Aunque hubo quien no tuvo reparos en desprenderse de ella desde el minuto uno –sobre todo en calles peatonales o en ‘pulmones verdes’ como el parque Grande–, en puntos como el paseo de la Independencia, la calle de Alfonso I o la de Don Jaime, la prevención se impuso a la esperada sensación de libertad.

El cambio provocó anécdotas, momentos incómodos e imágenes curiosas, desde grupos de amigos o parejas en las que unos llevaban cubrebocas y otros no, gente que la usaba ‘a medias’ por debajo de la barbilla o conversaciones entre quienes paseaban a sus perros en las que unos iban protegidos y otros llevaban su FFP2 en el bolsillo trasero.

Marisa Sanz probó a desprenderse de la suya en un banco de la Gran Vía "para ver qué se sentía". "Mi intención es llevarla de manera continua y quitármela puntualmente", explicó. Su filosofía, a tenor de lo visto en las calles del centro de Zaragoza, las paradas de buses y tranvía y los pasos de peatones, fue la que siguió la mayor parte de la población. "Es cuestión de aplicar el sentido común y respetar a los demás. Si cada uno hace lo que quiere volveremos a tener repuntes", razonó Juan Ignacio López. El adiós a la mascarilla en exteriores se produjo en un día en el que la Comunidad notificó 98 positivos, diez más que la semana pasada. Hasta 73 correspondieron a la provincia de Zaragoza, mientras que el resto se dividieron casi a partes iguales entre Huesca (12) y Teruel (13). Univérsitas y Utebo fueron las zonas con más contagios, con seis cada una.

Este nuevo paso hacia la antigua normalidad centró todas las conversaciones. Algunas, como María Pilar Latorre, reconocían abiertamente que se la quitarán. "Pero solo cuando esté sola. Ahora estoy con mis amigas, por eso la llevo", explicó. A su lado, Pilar Becerril, una de ellas, se mostraba escéptica pese a llevar las dos dosis.

El fin de la obligación de usar cubrebocas no impide que muchos ciudadanos sigan llevándola por prevención.

En esta misma línea, Andrés García y Juan José Bueno, conversaban en un banco del parque Grande sin bajarse ni un milímetro la mascarilla. "No nos la quitaremos hasta que deje de haber muertos y contagios", dijeron. Creen, no obstante, que cada uno es libre de hacer lo que quiera.

Conforme avanzó la jornada se fueron viendo más caras al descubierto, sobre todo entre los más jóvenes. Alejandro Alba, Antonio Ochoa y el resto de sus amigos, procedentes de Córdoba, aseguraban no temer a las nuevas variantes. Solo este último llevaba una. El resto, o bien se la habían bajado o la habían guardado. "Vamos al Pirineo de viaje de fin de curso. Obviamente, prefiero que no haya contagios, pero al hacer tanto calor se está muy bien sin mascarilla", afirmó el primero.

En la plaza del Pilar, la amplitud de espacios hizo que más de uno guardase la suya en el bolsillo. Alba Arce, de Logroño, reconocía sentirse "un poco hipócrita". "Le he dicho a mi padre que me la iba a poner, pero con estas temperaturas ha sido imposible cumplirlo", admitió.

"Nunca hacen caso"

Donde más problemas tuvieron para controlar el cumplimiento de la medida fue en las terrazas. Entre fotos y conversaciones, pocos se acordaban de subirse la mascarilla cuando no estaban consumiendo. "La gente sigue como hasta ahora. Nunca hacen caso. Por más que lo intentes, si no pasa la Policía no se la ponen", reconocía Daniel Ortega, camarero de Montal, en la plaza de San Felipe.

En la ciudad de Huesca, el uso fue mayoritario en el centro, donde suele haber más aglomeraciones al concentrarse allí las principales zonas comerciales y hosteleras. No obstante, mucha gente sí aprovechó a pasear sin ella por los caminos de los entornos naturales más cercanos. Desde el Ayuntamiento aseguraron que la jornada había transcurrido con total normalidad y "sin incidencias".

Mientras, en el centro de Teruel el porcentaje estaba más ajustado. "Yo diría que ha estado repartido al 50%. Ha habido desde quienes han optado por la cautela hasta los que ya, directamente, no la han llevado. En las terrazas se ha notado mucho. Solo se la ponían para levantarse al baño", apuntó el presidente de Teruel Empresarios Turísticos, Roche Murciano.

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