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Aragón

275 años del nacimiento de goya

Los cartujos que salvaron los Goya de Aula Dei

Unas fotografías tomadas por Aurelio Grasa en 1917 permiten poner rostro a los monjes que evitaron que las pinturas del cenobio zaragozano desaparecieran.

Manos recogidas que se asoman por las anchas mangas del claro hábito y una mirada que se clava en el espectador. Así posaron los cartujos de Aula Dei de Zaragoza ante Aurelio Grasa, quien fuera fotógrafo de HERALDO. Con los mismos ojos que miraron al objetivo de su cámara, pero unos años antes, vieron la obra de Francisco de Goya de su iglesia y la defendieron de la piqueta. Una historia que ya contó este periódico en los pasados años 70 y a cuyos protagonistas se les puede poner rostro ahora, gracias a la recuperación del trabajo de Grasa.

La Primera Guerra Mundial dio la ocasión para sentarlos ante la cámara Goerz del zaragozano. "Con motivo de la guerra europea, el cónsul de Francia en Zaragoza pide retrato de los religiosos extranjeros de esta casa y al efecto ha venido hoy el joven señor Grasa con su padre, comerciante de Zaragoza, para sacar las fotografías", escribió el prior Leonard Gorse en 1917, en un documento que encontraron Teresa Grasa y Carlos Barboza, hija y yerno del reportero gráfico, cuando en 1978 restauraron las obras del genio de Fuendetodos y estudiaron con detalle el archivo de la cartuja.

En las 13 placas de cristal, conservadas en el Archivo Barboza Grasa, se identifica al prior Gorse, protagonista de este episodio de la historia del monasterio, junto a otros monjes que habitaron la cartuja a principios del siglo XX. En total aparecen 40 religiosos, retratados individuales o en grupos de hasta cinco.

Fueron inmortalizados tras el regreso de la orden a este cenobio. La Desamortización de Mendizábal cambió el uso de la cartuja, que se convirtió en factoría de seda. Gracias al camino que allanaron los benedictinos de Cogullada, los cartujos pudieron volver. En 1901 se instalaron de nuevo, impulsados por la Ley de Asociación y Reglamento de Ejecución que dictó Francia.

"Borrar o hacer desaparecer los frescos de la iglesia, para evitar gastos y que el salitre había deteriorado"

"El 16 de agosto los cartujos son expulsados de sus posesiones en Francia. Tuvieron que redistribuirse entre Bélgica, Italia y España», explica Barboza. Los propios cartujos decidieron restaurar el conjunto. No obstante, en enero de 1902 fue enviado un arquitecto francés de apellido Pichet que redactó un informe donde indicó la demolición del ala norte del claustro mayor, tal y como recuerda Carlos Barboza. "Borrar o hacer desaparecer los frescos –en realidad pintura al óleo– de la iglesia, para evitar gastos y que el salitre había deteriorado", apuntó. Esas representaciones eran las escenas que en 1774 había pintado Goya. Teresa Grasa destaca que Goya las pintó muy rápido, lo que le otorga valor a la obra y delata su habilidad.

"¿No hubiéramos sido tratados como vándalos si, so pretexto de economía, hubiéramos hecho desaparecer lo que causa admiración de los inteligentes?"

Los cartujos, liderados por Leonard Gorse y Anastasse Malasigné, se opusieron. "Escribieron cartas a sus superiores diciendo que les parecían muy interesantes y que querían restaurarlas", incide Teresa Grasa. Una afortunada decisión que ese mismo año reafirmó el historiador alemán Augusto L. Mayer al confirmar que esas pinceladas eran de Goya. "¿No hubiéramos sido tratados como vándalos si, so pretexto de economía, hubiéramos hecho desaparecer lo que causa admiración de los inteligentes?", se preguntó el prior en los anales de la cartuja que Grasa y Barboza reproducen un siglo después.

Se conservan siete de las once escenas que pintó Goya bajo el arranque de la bóveda, con episodios de la vida de la Virgen María. Las cuatro restantes, en mal estado, fueron reemplazadas por pinturas de los hermanos Buffet, artistas parisinos. Los cartujos las salvaron y, restauradas, siguen pudiéndose ver en este 2021, en el 275 aniversario del nacimiento del artista.

Vista de la cartuja de Aula Dei en 1916, durante la visita de unos "artistas de fama".
Vista de la cartuja de Aula Dei en 1916, durante la visita de unos "artistas de fama".
Aurelio Grasa

Aurelio Grasa y la cartuja de Aula Dei

Los retratos de los monjes en 1917 no fue la única visita que Aurelio Grasa, médico y fotógrafo, hizo al cenobio. Un año antes había acudido para inmortalizar la visita de "algunos artistas de fama". Llegaron a la cartuja de Aula Dei para admirar las pinturas de Francisco de Goya. Según los documentos gráficos se calcula que fueron 12, entre ellos Palau y Pallares.

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