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Zaragoza

semana santa

Aquella procesión que estrenó paso y otra primicia de la Semana Santa de Zaragoza

Estas imágenes de Aurelio Grasa podrían constituir el primer legado fotográfico impreso en las páginas de un diario aragonés.

Tríptico que se publicó en la portada de HERALDO en 1912, fotografías de Grasa.
Tríptico que se publicó en la portada de HERALDO en 1912, fotografías de Grasa.
Heraldo.es

Es Viernes Santo y en la plaza del Justicia de Zaragoza no cabe ni un alfiler. El centro de la explanada, sin la fuente de la Samaritana todavía, es un hervidero de público, en su mayoría hombres de todas las edades. Menos espacio pero el mismo hueco -ninguno- hay junto a la fachada del Palacio de los Sobradiel, actual Colegio Notarial. Es el Viernes Santo de 1912. En un alto, sobre la multitud, presenció la estampa Aurelio Grasa, fotógrafo de HERALDO DE ARAGÓN. Con su cámara Goerz capturó el preciso instante en el que los pasos dejaban los adoquines de la plaza para comenzar la procesión por las calles del Casco Histórico de la ciudad.

"Conservamos varias placas de cristal y pruebas en papel, publicando sus imágenes en el HERALDO. Es muy posible que estas sean las primeras imágenes fotográficas de esta temática, publicadas en prensa en Aragón, en la portada de un diario", señalan Teresa Grasa y Carlos Barboza, hija y yerno del histórico profesional. Hasta ese momento en las páginas de los periódicos se habían visto grabados de tallas o recreaciones de momentos de la Pasión de Cristo. No obstante, fotografías como estas no eran algo usual, como se comprueba en las páginas de HERALDO de años anteriores y en las publicaciones abiertas de la Biblioteca Nacional de España.

"Constituyen un documento etnográfico de la situación de la población a la par que el documento religioso que conlleva el acto"

Grasa dejó petrificados a los terceroles -hombres encargados de portar los pasos a sus hombros-, y cuadró también a una hilera de soldados, ataviados con sus gorros ladeados y formados en línea, que abrían camino a la procesión. Los penitentes, todos trajeados, sostienen las largas velas y las pequeñas sibilas, vestidas de blanco, se quedaron casi bajo el umbral de la puerta de la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal, fiel testigo que se ha mantenido impasible al tiempo. "Constituyen un documento etnográfico de la situación de la población a la par que el documento religioso que conlleva el acto", califican los descendientes de Grasa.

Ese 6 de abril fue un viernes especial para la Semana Santa zaragozana: se estrenó el paso de la Redención y La Muerte, obra del escultor Francisco Borja. "La Muerte. Paso que ha salido por primera vez este año y que ha llamado poderosamente la atención", firmó Aurelio detrás de la imagen. Esa instantánea de la Muerte cobró vida en la portada de este periódico al día siguiente. "Varias escenas de la procesión del Santo Entierro que se celebró ayer tarde con extraordinaria solemnidad en Zaragoza y cuyo desfile fue presenciado por gran concurrencia de fieles", se lee en las líneas bajo las fotografías que hacen las veces de tríptico.

NO USAR SIN PERMISO DE FAMILIA GRASA
El Cristo de la Cama (papel) y el paso de la Redención y la Muerte (placa), en 1912.
Aurelio Grasa

Una carta de presentación en la que estuvo acompañada por el Descendimiento, sin decoración floral y custodiado por unas lamparillas. Y también por el Cristo de la Cama, flanqueado por cuatro estandartes, que salió de San Cayetano en volandas, al paso pendular de los terceroles. Una situación que pocas veces se ha repetido en los últimos años, una de esas ocasiones, en la recreación del bicentenario del rescate del Cristo en los Sitios de Zaragoza por María Blánquez.

NO USAR
El Descendimiento, en la procesión del Santo Entierro de 1912.
Aurelio Grasa

Las tres imágenes están tomadas desde los edificios que se levantan frete a la real capilla, en la calle de Manifestación, en el lado del callejón que se dirige hacia la plaza de San Antón. "Conservamos las dos placas de cristal originales, de la Redención y el Descendimiento, ambas de 13x18 cm, realizadas con la cámara Goerz", señalan fuentes del archivo Barboza Grasa. "Son placas instantáneas al bromuro de plata. Del Cristo de la Cama se conserva una prueba en papel, al bromuro, de 17x12 cm", añaden.

La primicia

También con una cámara Goerz, pero otro modelo, Aurelio capturó el paso de Jesús en la Oración en el Huerto de los Olivos, obra de Francisco Borja y Félix Burriel. Fue una primicia que saltó a la luz el jueves 20 de marzo de 1913, antes de que procesionase por las calles de la capital aragonesa. "La imagen original,  que conservamos, está realizada sobre placa de cristal de 12x9 cm", detallan Teresa y Carlos.

Detalle del paso de la Oración de Jesús en el Huerto de los Olivos, en 1913.
Detalle del paso de la Oración de Jesús en el Huerto de los Olivos, en 1913.
Aurelio Grasa

También Júdez

En el archivo de los Barboza Grasa se conservan también imágenes de Joaquín Júdez Luis, miembro de una saga de fotógrafos que regentó su gabinete en varias calles del Casco Histórico, como la calle de Alfonso I o de Torre Nueva.

"Ambas series constituyen un testimonio gráfico de la evolución de la Pasión aragonesa"

"Las pruebas positivas están realizadas sobre papel a la albúmina y se presentan adheridas a una cartulina color marfil para su protección. Se encuentran en buen estado de conservación, con el tono natural dorado oscuro de la técnica fotográfica, unas algo más oscuras que otras", analizan desde el archivo zaragozano. Las características y la técnica permiten fecharlo "entre los años 1885 y 1895". En estas imágenes a las puertas de San Cayetano se ve el paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén, la Última Cena y de la Oración de Jesús en el Monte de los Olivos. También el Jesús atado a la Columna, la Coronación de Espinas, el Ecce Homo o Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario. A los que se suma la Crucifixión, el Descendimiento, la Piedad y el Cristo de la Cama. "Ambas series constituyen un testimonio gráfico de la evolución de la Pasión aragonesaen los inicios del siglo XX", concluyen los descendientes de Aurelio Grasa.

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