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Zaragoza
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placas fotográficas

Escenarios de moda en joyas de cristal

Aurelio Grasa, fotógrafo de HERALDO, inmortalizó las protestas de las verduleras del Mercado Central en 1912. Las placas de cristal reflejan cada detalle del ambiente de ese zoco de Zaragoza.

Placa fotográfica de Aurelio Grasa en el Mercado Central.
Placa fotográfica de Aurelio Grasa en el Mercado Central.
José Miguel Marco

Teresa Grasa deposita con cuidado una pequeña y plana caja de cartón sobre la mesa del despacho de su padre. Se enfunda los guantes blancos de algodón y levanta la tapa. En su interior se adivina una placa de cristal, solo se imagina porque el papel vegetal que la cubre le otorga intriga, suspense. Cuidadosamente, lo retira mientras lee la descripción que aparece escrita a mano alzada. "En el Mercado. Una visita a las verduleras", reza el manuscrito. Con admiración, prueba el contraluz hacia el balcón. Es entonces cuando constata que su padre, Aurelio Grasa, era un mago de la fotografía, que tenía el poder de detener el tiempo y el ambiente en una lámina de cristal, de 13x18.

Grasa es el responsable de que una parte de la vida del Mercado Central lleve más de un siglo inmortalizada en una placa. Paró el tiempo. Este zoco de la capital aragonesa luce en las imágenes una apariencia similar a la actual, cuando está viviendo su segunda juventud. Sin embargo, las protagonistas de las instantáneas son las verduleras que mantienen la misma pose desde 1912, igual que miraron a los lectores de HERALDO ese 11 de marzo, cuando se publicaron en la portada las protestas de este sector. "Las verduleras zaragozanas piden justicia, no piden gollerías; pretenden poder vivir", dibujaron los tipos sobre las planchas. Eran las palabras de Modestino, identidad tras la que se escondía el redactor Federico Gómez. Un "tándem perfecto", como dicen los Grasa.

- ¡Chica, Antonia! Mira tú quién viene a vernos. El señor de los papeles y el retratista.

"Impuestos por un lado, intransigencias por otro, exigencias por aquí, sacrificios por allá y total para vender en 20 lo que les cuesta 19", relataron. Las palabras del plumilla, que acudió lápiz en ristre, estaban acompañadas de la obra del fotógrafo, capturada con una cámara Goerz, de objetivo muy luminoso y rápido. Su presencia, según la crónica, causó sensación en la lonja. 

- Mientras el fotógrafo impresionaba con sus placas, el reporter procura impresionar un par de cuartillas, escuchando las pretensiones de sus interlocutoras.

En la página mandaba la imagen de un grupo de verduleras, donde no solo era aparente la lucha del sector, sino que los detalles trasladaron al lector al ambiente del que llaman el 'Nuevo Mercado'. Frutas en un canasto, embutidos de cuerda colgados de ganchos, corderos tendidos en cañizos o un roscadero con verduras. En una esquina, y casi de milagro, se ve asoma una caja con sardinas.

Placa fotográfica de Aurelio Grasa en el Mercado Central, donde se ve a la señora Melchora y al Tío Lagarto.
Placa fotográfica de Aurelio Grasa en el Mercado Central, donde se ve a la señora Melchora y al Tío Lagarto.
José Miguel Marco

El documento gráfico descubre que en el mercado no solo se vendían alimentos, era un reclamo para otros negocios. De hecho, justo encima de estos pescados, en el puesto número 22, luce un cartel donde se lee: "Se hacen medias y calcetines a máquina".

Las placas de Grasa también revelan cómo eran los atuendos de la época. Con detalle se aprecian los botones de las tocineras de los caballeros, con claridad se ven los puntos de las toquillas de lana de las señoras y hasta las manchas en los delantales. Clases sociales comparten posado, clientes y vendedores, señores con finos bigotes y damas peinadas con moños. Se trata de unos testigos de cristal muy cotillas, ya que se descubre hasta un minúsculo papel arrugado en el suelo. No solo es un posado, ya que también se refleja la actividad de la lonja, el movimiento de los compradores alrededor de los comerciantes, como el Tío Lagarto o la señora Melchora. Esta pareja aparece brindando junto a un barril metálico, que ni su brillante reflejo se privó de quedar reflejado en la placa.

La techumbre desnuda del Mercado Central domina la parte superior de las fotografías. También se perciben varios estilos de lámparas y las lonas que cubren la portada y los lucernarios laterales. Además, se adivina una especie de quiosco junto a la salida. Los elementos naturales de forja parecen florecer en las columnas y en los travesaños de la estructura.

"Estas placas son de una calidad extraordinaria"

"Estas placas son de una calidad extraordinaria", defiende Teresa. En su archivo, Barboza Grasa, conservan dos de las tres imágenes que acompañan el artículo. La tercera, capturada en los bajos de la lonja, está en paradero desconocido. "Era una manera de hacer periodismo muy cercana a la gente e ilustrativa. Lo lees y es ameno. Además, ofrece todos los datos reales del acontecimiento", considera Teresa Grasa.

Al día siguiente de la cobertura, Aurelio cumplió 19 años. A pesar de su juventud, bien conocía el oficio. En 1907, con 14 años, publicó en ABC las imágenes de un suceso en el centro de Zaragoza. "Se subió al balcón más alto del edificio -junto al Torreón de los Morlanes- para notificar el inesperado acontecimiento y dar un mejor sentido al reportaje, del cual conservamos tres placas y los contactos en papel", señalan sus familiares. Sin embargo, en el reverso se descubre otra sorpresa: un escrito con autógrafo. "Curiosamente, esto lo está haciendo un niño en Zaragoza, años antes que el famoso reportero Cartier- Bresson en 1944", apostillan.

En un cuaderno, apuntadas a mano, esta zaragozana atesora las descripciones de todas ellas, en total unas 7.000 u 8.000 placas registradas. Su hija y yerno empezaron a estudiar la obra a partir de la muerte del fotógrafo, en 1972. "En 1978 vinimos a Zaragoza e inauguramos la galería de arte de Costa 3, donde la primera exposición que realizamos fue una retrospectiva con todo el material", rememora Teresa desde el laboratorio de su padre, conservado tal y como lo dejó antes de fallecer. El legado se ha transmitido a las siguientes generaciones y gran parte de las placas han sido escaneadas por su nieto Carlos Barboza.

Carlos Barboza y Teresa Grasa, nieto e hija de Aurelio, en el laboratorio intacto.
Carlos Barboza y Teresa Grasa, nieto e hija de Aurelio, en el laboratorio intacto.
José Miguel Marco

Aunque la fotografía para Aurelio era una pasión, la consideraba una afición, ya que era médico de profesión. El acceso a los materiales fotográficos era fácil para él gracias a que sus padres regentaban 'La Bola Dorada', un comercio ubicado en la calle de Candalija, junto a la plaza de San Felipe. En la planta baja se podían encontrar productos de todo tipo y en el sótano del negocio instaló su primer laboratorio de revelado: "Era una bodega y se hizo unos faroles, con papeles rojos y velas".

El laboratorio de Aurelio Grasa, tal y como dejó el fotógrafo.
El laboratorio de Aurelio Grasa, tal y como dejó el fotógrafo.
José Miguel Marco

"Siempre ha sido relacionado con las vanguardias. A partir de los años 30, ya trabaja de médico, pero en sus ratos libres hace fotografías, de forma más esporádica", concretan sus familiares. Montado en una moto y armado con su cámara recorrió pueblos de todo Aragón. "Era el fotógrafo de las calles y, casualmente, no tiene una a su nombre", reivindican los Grasa.

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