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Las gallinas del Sobrarbe, distinguidas aragonesas en peligro de extinción

Hace un cuarto de siglo se descubrió "por casualidad" esta raza, la única autóctona que se conoce en Aragón.  Tras la crisis sanitaria ha aumentado el interés por las gallinas.

Ligera, aunque no tanto como sus plumas. Bien proporcionada como los huevos de color crema que pone. La rechoncha figura que desvela su plumaje ceñido se zanja en una cola bastante levantada. Muestra amarillos tarsos —las patas— y orejillas blancas con pinceladas rojas, a juego con la cresta. No alardea de ella, sino que la muestra sencilla y recta. No obstante, detrás de esta corona de cinco puntas se esconde un fino copete que, aunque discreto, le bendice con cierta elegancia.

Es la gallina del Sobrarbe, rústica y distinguida camina con garbo, pero en peligro de extinción, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. La Asociación de Criadores de Gallina del Sobrarbe cifra en unos mil ejemplares el censo total. El 98% se cobija a la sombra de los gallineros aragoneses, al cuidado de los criadores que apostaron por su recuperación y que se comprometieron a garantizarle un futuro, pese a la incertidumbre inicial del resultado. En la actualidad es una raza autóctona, reconocida por el Ministerio, distinción que supuso "un antes y un después".

Gallinas del Sobrarbe, una raza aragonesa en peligro de extinción.
Gallinas del Sobrarbe, una raza aragonesa en peligro de extinción.
Oliver Duch

Se descubrió hace 25 años. "El hallazgo de esta raza fue de casualidad, la Fundación Pirineos tenía un proyecto en la Aldea Puy de Cinca de recuperación de razas autóctonas del Pirineo y hasta allí llegaron noticias de que existían unas gallinas diferentes al resto en los pueblos de la falda de la Peña Montañesa", recuerda José Ramón Cajal, secretario técnico de la asociación.

En eras y cuadras de los pueblos de Oncins y La Mula se dio con esta raza, de hecho, en un principio en Aldea Puy Cinca se mantuvo un núcleo de conservación con un centenar de gallinas, divididas en lotes con el fin de uniformizar y consolidar las distintas variedades. "Ricardo Azón, de la Fundación Pirineos, y el malogrado doctor en genética avícola Amadeu Francesch comenzaron con la labor de la definición de la actual raza, que cuenta con seis colores diferentes", rememoran desde la entidad. Las trigueñas y las negras son las más abundantes.

Entre los machos y las hembras existe un notable dimorfismo sexual, como se repite en numerosas razas. Las hembras lucen un copete más aparente que los machos, de hecho, a veces tiende a confundirse con la esclavina. Además, sus alas resultan más horizontales, el abdomen más desarrollado y la cola más cerrada. El peso de estas aves también varía según su género. En el caso de los gallos oscila entre los 2,5 y 3 kilos y entre 1,7 y 2 kilos en el caso de las gallinas.

Aunque su carne es considerada de gran calidad, esta raza está orientada para la puesta. Se estima que al año producen unos 170 huevos de media, de más de 50 gramos, unos resultados que se valoran positivamente para tratarse de una raza pura.

"Las gallinas híbridas que se crían en las granjas industriales ponen más, esto hizo que prácticamente se extinguieran las razas puras"

"Las gallinas híbridas que se crían en las granjas industriales ponen más, esto hizo que prácticamente se extinguieran las razas puras que había en distintas partes de España", analizan desde la asociación de criadores.

La mayoría de los ejemplares se distribuyen en la provincia oscense, sobre todo, en el Pirineo, MonegrosHoya de HuescaSomontano. También se localizan crianza en Teruel y Zaragoza. En Garrapinillos, Alfonso Bea es uno de los criadores de la asociación. Todos sus ejemplares, alrededor de una treintena, son royas, como también se denominan las trigueñas.

Gallinas del Sobrarbe, una raza aragonesa en peligro de extinción.
Gallinas del Sobrarbe, una raza aragonesa en peligro de extinción.
Oliver Duch

Estas gallinas y gallos participan en el programa de conservación y mejora de la raza, junto a las de otros siete criadores. "Se trabaja con pedigrís desde 2014 por lo que llevamos seis generaciones con antecesores conocidos, esto conlleva que se diseñen apareamientos que tratan de evitar la consanguinidad para facilitar la viabilidad de la cría", exponen. Una tarea dificultada por la baja población. "Resulta complicado por los pocos ejemplares, supone un hándicap a la hora de seleccionarlos. Ese es un problema, pero desde que empezamos hasta ahora hemos avanzado bastante", admite Bea.

Cuando una gallina del Sobrarbe deposita un huevo, Alfonso lo recolecta y le otorga una numeración, donde se registra de qué gallo y gallina desciende. Esto es parte del minucioso trabajo que realizan los criadores a diario para velar por la autenticidad de la raza. Posteriormente, los huevos viajan a Tarragona, donde son incubados. Nada más romper la cáscara les marcan con una chapa en el ala que se vincula a la pequeña anilla que más tarde les abraza en la pata. Después de unos 20 días regresan al gallinero donde fueron concebidos y allí comienza el proceso de cría y selección. «Una vez seleccionados, los datos pasan a la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza y un programa informático propone los cruzamientos más convenientes», añade Bea. Cada generación se consolida en un año, por ejemplo, los animales que nacieron en marzo o abril empezarán a poner huevos en cinco meses y medio o seis y en la primera quincena de octubre se relacionarán con el macho.

"Todos los controles que realizamos a lo largo de la vida de estos animales consisten en un criterio morfológico de tal forma que se adecúe a lo que señala el patrón de la raza", sostiene Bea. Revisan el peso y les alimentan con un pienso compuesto fabricado en Casetas que aconsejaron los expertos.

Desde la asociación determinan que el conocimiento sobre estas gallinas y gallos ha aumentado. A ello contribuyó un estudio realizado Luis Monteagudo, del Departamento de genética animal de la Facultad de Veterinaria y otro sobre la capacidad productiva de la raza de José Ramón Cajal, como proyecto final de la carrera de Ingeniería Agrónoma en la Escuela Politécnica Superior de Huesca.

«Ningún criador de la gallina del Sobrarbe vive profesionalmente de esta raza,se crían por compromiso para que no se pierda»

El interés por la raza se ha mantenido más o menos constante, aunque los criadores consideran que en los últimos tiempos se ha incrementado, pese a la suspensión de ferias, como Femoga, Expoforga o la Feria de Aínsa como consecuencia de la covid-19. De hecho, la reciente crisis sanitaria ha incentivado la avicultura. "Hay mucha gente que quiere las típicas gallinas para su consumo o un gallo simplemente porque les gusta, para intentar criar con sus gallinas. La demanda se ha incrementado a raíz de la pandemia", manifiesta Alfonso Bea. En Reino Unido, por ejemplo, ese ascenso ha sido aproximadamente de un 60%, una cifra similar a España, tal y como han indicado desde algunas granjas. "La gente que busca estas gallinas lo hace con idea de autoconsumo. Ningún criador de la gallina del Sobrarbe vive profesionalmente de ella, se crían por compromiso para que no se pierda la raza", apunta Cajal.

Esta entidad, fundada en el año 2002, agrupa a medio centenar de socios. La mayoría de ellos son aragoneses, 27 de Huesca, 15 de Zaragoza y 2 de Teruel. A los que se suman otros 6 de fuera de los lindes de la Comunidad.

El pavo oscense

Detrás de la malla de los gallineros de Alfonso Bea se descubren crestas y también las plumas cobrizas o plateadas de los pavos oscenses. Se dice que tradicionalmente eran pastoreados por los niños en los prados y rastrojos. Una modalidad de crianza que se mantuvo aproximadamente hasta hace medio siglo. El cambio de esta técnica provocó, en parte, que la población descendiera.

En la actualidad se trata de una variedad que está en vías de mantenimiento, después de que se localizaran algunos ejemplares en varias comarcas oscenses. "Como mucho, ahora en España habrá unos 50 pavos de esta variedad", lamenta Bea, mientras los admira. "Cuando ya tengamos un número de animales estable, está previsto que iniciemos los trámites para que se reconozca oficialmente", determina. El grueso de la población se cría en la Hoya de Huesca, Monegros y Sobrarbe. A ellos se suman criadores de Zaragoza y Cataluña, una tendencia que está en alza.

El interés por el pavo oscense se comparte también con la gallina y el gallo de Sobrarbe. Esta raza es cada vez más apreciada por las nuevas generaciones. "Aunque haya criadores mayores, es sorprendente que haya aumentado el número de jóvenes que crían", concluye Bea. Además, aplaude el retorno de la práctica de la avicultura y, por tanto, una forma de asegurar la continuación de estas aves con gen aragonés.

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