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Aragón

Más de diez siglos llenando la plaza de Aínsa de vacas y gallinas

El pasado fin de semana se celebró una nueva edición de la Ferieta de Aínsa, que data del siglo XI. En su recuperación, Luis Lascorz jugó un importante papel.

Luis Lascorz, en la imagen,  con un ejemplar de raza Pirenaica.
Luis Lascorz, en la imagen, con un ejemplar de raza Pirenaica.
L. L.

El primer fin de semana de febrero del año 1998, al salir de la iglesia de Aínsa, un grupo de personas acudió a la plaza para compartir un rato de conversación. Charlas que giraban en torno a la Ferieta, uno de los encuentros de ganado más antiguos de Aragón, ya que su origen se remonta a la Edad Media.

Aquel día, en la plaza no había vacas, cerdos o mulas, ni tampoco criados esperando a que nuevos amos los contrataran. Lo que sí que había era un grupo de jóvenes, entre los que se encontraba el ganadero Luis Lascorz, que decidieron que podría ser una buena idea recuperar esta festividad y traer a Aínsa a algunos de los mejores ejemplares de razas autóctonas de la comarca de Sobrarbe y alrededores. «Era una época en la que estábamos empezando a trabajar en la recuperación de las razas autóctonas de la zona, como la raza Pirenaica, que criábamos unos pocos ganaderos, o la gallina del Sobrarbe. Queríamos aprovechar la feria para fomentar de nuevo que particulares y ganaderos apostaran por su cría », matiza Luis Lascorz, impulsor de este proyecto y presidente de la Asociación Aragonesa de la Raza Pirenaica.

Al año siguiente, los responsables de la Asociación Un paso atrás, de la que también formaba parte Lascorz, consiguieron que en la plaza de Aínsa se oyera el cacareo de las gallinas y el mugido de algunas vacas, que se sortearon, como ocurre todos los años el domingo de feria. Además, un grupo de expertos se encargaron de ensalzar estas especies en unas interesantes charlas que se han convertido en un clásico de esta Ferieta.

Una cita que el pasado fin de semana volvíó a reunir en Aínsa a miles de personas, a pesar de las malas condiciones climatológicas. Visitantes que han superado los 11.000 en algunas ediciones, lo que demuestra que el sueño de unos pocos se ha convertido en una realidad y hoy en día, la feria es «un referente en materia de recuperación de especies».

De hecho, el pasado domingo más de 130 expositores participaron en este encuentro, cuyo punto álgido son las subastas de animales y plantas. «Al principio empezamos subastando algunos animales con el fin de continuar con la tradición, pero, poco a poco, empezamos a apostar por la recuperación de árboles autóctonos y, a fecha de hoy, hemos conseguido volver a contar con muchas variedades, siendo la manzana nuestro proyecto estrella», matiza Lascorz.

Orgulloso de la labor que han realizado, Lascorz cree que todo esto ha servido para que la gente se crea las bondades de los productos de su tierra. «Hay que enorgullecerse de lo propio y ponerlo en valor, como reclamo económico y turístico, porque mucha gente que nos visita disfruta luego probando nuestras frutas, legumbres y carnes», concluye.

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