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La okupación en Salou se ceba con las segundas residencias de aragoneses

Los Mossos cifran en un 73% el aumento de esta práctica durante el confinamiento. Propietarios e inmobiliarias alertan de problemas de convivencia.

Puertas forzadas en Salou
Puertas forzadas en Salou
UCES

"En mi edificio estamos desesperados. La convivencia está siendo muy complicada por culpa de la okupación, que se ha instalado sin medida, como una avalancha. Contamos ocho casos en dos meses. Entendemos que haya gente con unas necesidades, pero esta no es la manera de atajarlas: pinchan la electricidad, se duchan en la piscina, desvalijan los pisos y las zonas comunes y provocan malos olores. Hemos puesto una derrama para tener vigilancia privada, pero les pillan, denunciamos y al día siguiente se presentan de nuevo con una hoja de empadronamiento. Tenemos la sensación de que la ley no nos ampara". Montse Rodríguez es vecina de Salou y afectada por partida doble por la problemática que denuncia: a los problemas de cohabitación de su bloque (la factura de la luz que comparte con su marido se disparó hasta los 260 euros debido a un pinchazo) se suma el hecho de dirigir una inmobiliaria en la que gestiona decenas de pisos -varios de ellos, propiedad de zaragozanos- destinados al alquiler turístico, el gran objetivo de los okupas. "Mucha gente ha venido más a ver cómo estaba su inmueble y a tomar las medidas oportunas que a disfrutar de la playa", lamenta.

No son casos puntuales. La pandemia animó a muchos incumplidores de la ley a entrar en propiedades ajenas tanto para hacer de ellas su vivienda como para robar. Fuentes oficiales de los Mossos d’Esquadra cifran en un 73% el incremento en las okupaciones de pisos en Salou entre los meses de enero y mayo de este año, sobre todo en la bolsa de segundas residencias, que en su mayor parte pertenecen a ciudadanos aragoneses, vascos, navarros y de la Cataluña interior.

Ignacio Serrano, zaragozano afincado en la localidad tarraconense hasta hace poco -acaba de regresar por trabajo a la capital aragonesa- vivía de alquiler en la calle Barcelona, una de las más aquejadas por esta situación: “De los tres bloques del conjunto residencial, el primero, con 48 viviendas, casi todas propiedad de entidades bancarias, estaba okupado al 99%. En el segundo, el mío, teníamos unos cuatro, que pinchaban la luz y el agua. Veíamos buena voluntad policial, pero mucha permisividad, por decirlo de algún modo, a nivel legal. Los propietarios están desprotegidos”.

Una idea compartida por José Serrano, administrador de fincas en la ciudad vacacional, quien advierte de que "hay propietarios, sobre todo de Zaragoza, que se están censando en Salou para tener más fuerza ante los Mossos y el juez en una posible okupación, ya que en algunos casos los okupas presentan contratos de alquiler falsos". Serrano afirma que “en algunas fincas está habiendo verdaderos problemas de convivencia, en una de ellas tuve que intervenir porque estaban al borde del motín, querían reventar la puerta del piso en cuestión”. El administrador pide "una mayor implicación política y judicial" para atajar un problema que, considera, "se ha ido de las manos".

Cascada de encargos para los cerrajeros

Además de la Policía y de las empresas relacionadas con el negocio inmobiliario, otro gremio que da fe de este creciente contratiempo es el de los cerrajeros. Athenais Zamorano, certificada por la Unión de Cerrajeros de Seguridad (UCES) y propietaria junto a su madre de Point Fort Fichet, uno de los negocios de mayor solera dentro del sector en Tarragona, explica que si bien durante el confinamiento no tuvieron excesivo desempeño, "una vez se permitió el tránsito entre provincias la cosa cambió bastante y nos encontramos con un pico de trabajo, ya que se empezaron a denunciar robos y okupaciones, que en muchos casos afectaron a propietarios zaragozanos".

Zamorano recomienda, a todo aquel que se lo pueda permitir, “poner una puerta acorazada, pues es mucho más difícil de abrir, requiere mucho tiempo y ruido, por lo que alerta a los vecinos, y además no se les puede cambiar el cerrojo como sí es posible en una puerta convencional”. Desde UCES indican que durante los últimos meses, algunos asaltantes han empleado “métodos poco ortodoxos”, lo que “deriva en que las puertas no se abren de forma limpia, sino que acaban destrozadas”.

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