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Cuando tu piso queda rodeado por okupas: "Esto es un sinvivir"

Tres propietarios de viviendas en La Jota han visto cómo el resto del edificio se llena de okupas. Han sufrido robos, el edificio está destrozado y tienen miedo de entrar solos en casa.

Visto desde fuera, parece un edificio más. Situado en la calle de Carmen Serna, a apenas 50 metros de la plaza Mozart (en La Jota), su aspecto exterior es hasta más moderno y limpio que el de algunos bloques del entorno. Más de cerca, la ausencia de una puerta en el portal y la suciedad que se percibe alertan de que algo pasa. Ya en su interior, los pocos propietarios que quedan en esta comunidad de vecinos están viviendo un auténtico infierno. Las dos familias que allí duermen (los terceros residen fuera de Zaragoza) se encuentran rodeadas por viviendas okupas. Personas que decidieron entrar a los pisos que estaban vacíos y que están convirtiendo su día a día en un enorme quebradero de cabeza.

Teresa (prefiere no dar su nombre real por motivos de seguridad) está con tratamiento desde hace años. Vive sola con sus dos hijos, de 22 y 16 años. “Esto es un sinvivir, así no se puede estar”, lamenta. Cuando su hija pequeña va a llegar a casa en cualquier momento del día, ella sale a buscarla a la avenida de Cataluña para entrar juntas en el edificio. No se puede ir de vacaciones porque teme que, a la vuelta, su piso también esté okupado. “Cuando vienes un día un poco más tarde no sabes qué te vas a encontrar”, alerta.

Tres propietarios de viviendas en La Jota han visto cómo el resto del edificio se llena de okupas. Han sufrido robos, el edificio está destrozado y tienen miedo de entrar solos en casa.

Pedro (también es nombre ficticio) y su pareja son de Zaragoza pero residen en Madrid. Compraron el piso para tener un lugar propio en el que quedarse, y por si en un futuro volvían a vivir a su ciudad. Sin embargo, cuando regresan en vacaciones o los fines de semana van a casas de familiares. “A mí mujer le da miedo estar aquí, y es normal”, apunta. Todos los días, sus padres o hermanos pasan por allí “para vigilar que todo esté bien”. “No te puedes quitar de encima la frustración de que te has gastado todos los ahorros de tu vida para no poder disfrutar del piso”, dice.

Los dos confiesan que viven “con miedo” y que, si pudieran, se desharían de la vivienda. Pero en las condiciones en las que está el edificio es imposible venderla o alquilarla. En el caso de Teresa la cosa se agrava, ya que dice estar “atrapada” en él. Al estar pagando aún la hipoteca, no puede asumir la compra o alquiler de otro inmueble. “Esto no se acaba nunca. Y encima nadie nos hace caso”, lamenta.

Problemas desde el principio

Los problemas comenzaron casi desde el principio. El edificio se levantó en 2006, y sus promotores diseñaron seis viviendas y seis oficinas. Sin embargo, acabaron convirtiendo estas últimas también en pisos. Tras haber reclamado “infinidad de veces” a Urbanismo del Ayuntamiento, los propietarios demandaron a Fincas Atlanta por no haber cumplido con lo prometido y porque, además, les vendió las viviendas sin tener licencia de ocupación.

"Tengo dos hijos que entran y salen y tienes que estar pendiente. Y cuando vienes un día un poco más tarde no sabes qué te vas a encontrar"

A pesar de que la situación de las oficinas convertidas en pisos era irregular, en aquellos años “no había mayores problemas” con quienes los ocupaban, según dice Teresa. Estos llegaron más tarde, cuando hubo gente que entró y realquiló las viviendas, según han podido comprobar los vecinos que sí son propietarios de sus pisos. Según cuentan estos últimos, en la última década han robado puertas y ventanas de la comunidad, han entrado en los trasteros y se han llevado “todo lo que han pillado -bicicletas incuidas-”, se han llevado los fusibles, se han enganchado a la luz de los vecinos -Teresa tiene en breve un juicio por ello-, han usado el cuarto de contadores para almacenar chatarra… “La mujer de la limpieza no se atreve a venir”, apunta Teresa.

Actualmente hay cuatro pisos invadidos. Con los propietarios en concurso de acreedores, los vecinos creen que ni los juzgados, ni el administrador concursal ni el Ayuntamiento están haciendo lo suficiente para acabar con esta situación. “Son muchos años y esto nunca se acaba”, lamenta Teresa.

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