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Un edificio okupado se enquista en pleno centro de Zaragoza: "Aquí al menos no pasamos frío"

Una treintena de personas, algunas menores, malviven desde hace años en un inmueble de la avenida de Goya. En su interior ha habido incendios y la Policía ha tenido que intervenir por varias peleas.

Juan Carlos Gaspar se ha instalado en los bajos del edificio de la avenida de Goya 91, en el local que hace años ocupaba una pescadería.
Juan Carlos Gaspar se ha instalado en los bajos del edificio de la avenida de Goya 91, en el local que hace años ocupaba una pescadería.
Raquel Labodía

En la avenida de Goya, a la altura del número 91, un edificio se ha convertido en un ‘islote okupa’ en pleno distrito Centro de Zaragoza. Las condiciones del inmueble son realmente lamentables. No hay luz ni agua, y el abandono en su interior es más que evidente. Hay desperdicios por todos lados, cascotes caídos y, según afirman los propios okupas, ratas que campan a sus anchas. Pese a ello, una treintena de personas conviven en su interior desde hace casi una década. Aunque es gente que va y viene, actualmente hay parejas con bebés, según señalan varios vecinos. Ha habido incidentes y quejas de las comunidades cercanas, pero un día cualquiera nadie lo diría. Los okupas entran y salen, saludan a quien se cruza con ellos y se van a sus quehaceres.

Juan Carlos Gaspar es uno de ellos. Sale a media mañana con un carrito lleno de chatarra. Atravesará andando media ciudad para venderla en la avenida de Cataluña, donde buscará unos euros para “el café, el bocadillo y para recargar el móvil”. “Llevo aquí cuatro meses. Vivimos 30 personas y hay de todo, españoles, extranjeros, mayores, jóvenes, parejas con niños… No damos problemas y nos llevamos bien entre nosotros”, cuenta. Sin embargo, antes de que Juan Carlos entrara a vivir al edificio hace cuatro meses, la hemeroteca habla de peleas, de un incendio provocado en un piso con personas dentro y de desalojos policiales. “La Policía viene y pregunta qué tal estamos, pero nada más”, dice.

Él se ha asentado en el bajo del edificio, en lo que en su día fue una pescadería. Es un gran espacio diáfano y muy oscuro incluso cuando es de día. Sus pertenencias se limitan a un colchón con mantas y unas bolsas para la ropa. “Esto no es vida, pero aquí al menos no pasamos frío”, dice. Antes había dormido en cajeros o directamente en la calle. “A mí me gustaría pagar 150 euros por una habitación y salir de aquí, pero no encuentro nada”, lamenta.

A sus 56 años, cobra 426 euros de ayuda y busca empleo con cursillos de pintura, alicatado, ayudante de cocina… Lleva más de un año malviviendo de aquí para allá, tras más de dos décadas trabajando en Pamplona. “Era corredor del encierro, tengo dos cornadas que lo demuestran”, dice orgulloso. Su expresión se tuerce al recordar los motivos que le llevaron a la calle, con varias desgracias familiares incluidas. “Me voy, que si no empezaré a llorar”, se despide.

Los propietarios del edificio quieren construir pisos nuevos. De hecho, según apuntan los vecinos de la zona, hace años incentivaron la salida de las personas que vivían en alquiler. Durante años solo quedó un inquilino, que incluso llegó a convivir durante un tiempo con los okupas. Los dueños pidieron al Ayuntamiento de Zaragoza elevar en una altura el bloque para ejecutar su proyecto. La Gerencia de Urbanismo lo aprobó hace más de cuatro años, pero de momento nada más se ha sabido.

En los pisos superiores, cada vivienda tiene sus ocupantes. Hay de todo. Gente mayor, inmigrantes, jóvenes con aspecto de antisistema… Entre los vecinos de la zona hay opiniones de todo tipo sobre el inmueble. La propietaria de un negocio cercano señala que “no crean ningún problema”. “Entran y salen, algunos de ellos con perros, pero no molestan a nadie”.

El inmueble está ubicado a la altura del número 91 de la avenida de Goya de Zaragoza.

Un vecino de un portal cercano, por contra, lamenta los problemas que han causado, entre los que cita “las aguas fecales” que salieron un día hasta la calle, los “dos incendios” que ha habido en el interior, “las peleas” que se han registrado y “el ruido” que se oye por la noche. “La Policía viene con mucha frecuencia, saben perfectamente lo que pasa aquí”, añade.

A la asociación de vecinos Puerta del Carmen ha llegado algún comentario de residentes de la zona, pero no hay demasiadas quejas. “Sé que tiene que venir de vez en cuando la Policía para llevarse a algún chaval, pero poco más”, señala Carlos Terrer desde la asociación.

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