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Aragón

SEMANA SANTA

Bodas de plata del costal en Zaragoza

Llegó de Andalucía, pero ha echado raíces en Aragón. Este 2020 se cumplen 25 años de la primera vez que un paso de Semana Santa fue portado por costaleros a orillas del Ebro.

La incertidumbre por culpa del coronavirus se cierne sobre las celebraciones de Semana Santa. Este fin de semana las cuadrillas de costaleros se han visto obligados a cancelar los ensayos previstos, a la espera de ver cómo evoluciona la pandemia y si el próximo 4 de abril podrá celebrarse el pregón de la Semana Santa. Haya o no procesiones, lo que el Covid-19 no podrá borrar es una importante efeméride para los cofrades zaragozanos: hace ahora 25 años que el costal desembarcó en Zaragoza.

Llegó desde el Guadalquivir, pero la tradición se ha hecho fuerte a orillas del Ebro gracias al esfuerzo de cientos de cofrades que comprometen sus vértebras para sacar pesadísimas tallas e imágenes a la calle. Las cofradías de la Eucaristía y de la Humildad son las dos únicas que cuentan con costaleros en Zaragoza, si bien la agrupación los Trinitarios también llevan sus pasos a costal por Las Delicias.

"Nos gusta decir que por un día los costaleros le prestan sus pies al Señor", explica Javier Barco, capataz de la Eucaristía, que tiene buena parte de la ‘culpa’ de que esta forma de llevar los pasos recalara en la capital aragonesa. Él ya era capataz de una hermandad sevillana y fue poco a poco inoculando ese entusiasmo a sus compañeros del Perpetuo Socorro, a los que trató de explicar primero que "no se trata de echar kilos sobre la espalda, sino que es una técnica compleja que requiere aprendizaje y muchos ensayos".

"A principios de los años 90, la Eucaristía quería hacer un segundo paso, una imagen propia para rendir culto todo el año. Se acabó encargando el Cristo del Amor Fraterno y la intención es que fuera ‘saliera andando’, esto es, sin ruedas. Los primeros cinco años fue a varal, apoyado sobre los hombros de unos 24 cofrades, pero el peso era descomunal porque la talla está hecha en maderas recias y mal dimensionada", explica Barco.

"Yo tenía experiencia por ser costalero de una hermandad sevillana y vi las ventajas de llevar ese paso a costal: se necesitaban más hombres, sí, pero sería mucho más eficiente para portar tantos kilos y facilitaría la rectitud de la espalda", continúa Barco. El capataz supo trasladar su entusiasmo al resto de cofrades –llamados a ser cuadrilla– y contó también con la ayuda de Rafael Rodríguez, capataz sevillano, que se acercó a la capital aragonesa para que la aventura llegara a buen puerto: el 1996 el Cristo del Amor Fraterno fue el primer paso portado a costal en la Semana Santa de Zaragoza.

También mujeres

Aunque la Eucaristía fue la que puso la pica en Flandes, la hermandad de la Humildad también llevaba en el ADN los aromas sevillanos que inspiraron su fundación. El capataz Antonio Navas recuerda que cuando bendijeron las imágenes en 1994 ya estaban preparadas para poder ser sacadas a costal y fue en 1998 cuando se formó la primera cuadrilla de 18 costaleros –entonces sin relevos– para su Jesús de la Humildad. Al año siguiente se constituyó la primera cuadrilla del paso de palio (la Virgen del Dulce Nombre) en la que ya entraron a formar parte mujeres. "Debajo todos somos uno. No importa solo la fuerza sino también la ilusión, la fe, el compañerismo...", dice Navas. A este respecto, Barco apunta que la reciente admisión de mujeres costaleras en la Eucaristía "no ha cambiado nada, ni en los entrenamientos, ni en los preparativos… Es una evolución natural de las costumbres y tradiciones".

El momento más trascendental en el caso de la Humildad es la salida de los costaleros del convento de Santa Mónica, "no solo por salvar los desniveles sino porque es el inicio de la procesión y hay muchos nervios", explican. Todos los Domingos de Ramos se agolpa numeroso público en la calle del Doctor Palomar para ver a las imágenes y las cuadrillas entre lloros, saetas y lluvias de pétalos. Según los expertos, la ‘levantá’ es el momento más delicado, ya que el peso recae totalmente sobre la séptima cervical del costalero y es aquí cuando las personas corren más riesgo de sufrir lesiones, sobrecargas musculares y contracturas. Navas calcula que son unos 1.500 kilos los que puede pesar el paso de misterio y eso implica que cada costalero soporta unos 30 kilos: "Pero las calles son desiguales y hay ratos que cae más o cae menos. La conclusión es que siempre hay que actuar como uno solo y trabajar como equipo". En la hermandad de capirote azul cobalto parece que cuentan con relevo generacional pues, si antaño era difícil convencer a los cofrades para meterse debajo del paso, ahora "hay una lista de 90 voluntarios, eso es casi un relevo completo", explican.

Por su parte, en la Eucaristía confían en poder volver a sacar a las calles el año que viene –cuando cumplen el 75 aniversario de su fundación– al Cristo del Amor Fraterno, porque en las últimas ediciones únicamente han sacado el enorme paso de la Santa Cena, cuyo Cristo es obra de José Antonio Navarro Arteaga. "Ojalá haya gente suficiente para sacar ambos", comenta Barco, que cree que hace 25 años las dificultades del costal venían más por la parte de "la dificultad material y económica que suponía asumir estos pasos, que por la modalidad de sacarlos".

Un estilo propio

"Al fin y al cabo es una forma más de enriquecer la Semana Santa. En su día también llegaron la capa, las cornetas o la inspiración de los hábitos. Y todo vino de fuera y todo se fue integrando. ¡Hasta el tambor y el bombo!", comenta el responsable de la Eucaristía, que no puede esconder cierto ‘ceceo’ por su ascendencia andaluza. "La siguiente generación de capataces –añade– tendrá que tener su acento propio y no copiar lo que hacen en Sevilla. Sería interesante ver cómo surgen formas propias de marcar el estilo e, incluso, de jerga para dar las órdenes o de utilizar el llamador (el martillo ubicado en la parte frontal del paso)".

Los capataces, al igual que los hermanos mayores de las cofradías, explican que "el centro de atención siempre debe ser la imagen". "Los costaleros han de estar debajo del paso y detrás de los faldones. Que su esfuerzo no distraiga. Por eso en la Eucaristía la iluminación también es sobria, solo con velas, y los exornos florales no tapan el paso", explica Barco.

Colocarse bajo las trabajaderas, meter lo riñones, igualar las piernas, mirar al frente... Todos estos momentos de tensión queda perfectamente plasmada en algunas de las imágenes de la exposición que se inauguró esta semana en el Centro Joaquín Roncal. La muestra forma parte de las celebraciones de estas bodas de plata del costal zaragozano, que comenzaron el pasado mes de noviembre con un concierto en el Perpetuo Socorro y que continúan esta extraña Cuaresma, en la que ha habido que cancelar ensayos e, incluso, una conferencia sobre este tema prevista el próximo día 17 en el Ámbito Cultural. Allí se iba a explicar que antiguamente los pasos no eran llevados por los miembros de cofradías, sino que se contrataba a albañiles y otros trabajadores acostumbrados a trabajar con grandes cargas y pesos. No fue hasta los años 70 cuando aparecieron en Andalucía los primeros grupos de costaleros voluntarios, algo que ahora se ha convertido en un honor para los más devotos de esta celebración. En Aragón la costumbre era que las imágenes las llevaran a varal los llamados terceroles, hasta que una huelga en el año 1935 hizo que a los pasos les salieran ruedas.  De uno u otro modo, los costaleros insisten en que su aportación "no es tanto cuestión de fuerza como de amor por la Semana Santa. Aquí hay más corazón que músculo", concluyen.

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