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Cobrar sin tocar el dinero: de las cajas registradoras al cambio automático

Panaderías, bares y estancos apuestan por puntos de venta en los que el propio cliente introduce el dinero y recoge el cambio. Evitan descuadres pero no siempre ahorran tiempo.

Cajón de pago automático en un establecimiento de Panishop.
Cajón de pago automático en una panadería en Zaragoza.
José Miguel Marco

La forma de pagar en los comercios y restaurantes ha evolucionado en los últimos años en los que la tendencia es a utilizar cada vez más tarjetas o aplicaciones móviles y menos efectivo. Quienes se resisten a dar el paso de salir de casa sin billetes o monedas también están viendo cambios a la hora de cobrar, como la llegada de los cajones de pago automático en los que el propio cliente introduce los billetes y monedas, sin que el dinero pase por las manos de la persona que trabaja al otro lado del mostrador en ningún momento.

"Tienes la caja permanentemente cuadrada, no hay errores en la devolución, detecta billetes y monedas falsos y evitas robos internos y externos porque es más complicado que se puedan llevar el dinero", enumera entre sus principales ventajas Javier Esteban, desde la empresa aragonesa AJ Cash, que instala este tipo de máquinas que en algunos sectores van sustituyendo a las cajas registradoras tradicionales.

Esperas para la devolución

La compañía trabaja en el sector desde 1996 y ha visto la "diferencia radical" entre estos últimos sistemas y los tradicionales. "Entonces todo el mundo trabajaba con cajas registradoras electrónicas, las de teclas, que eran poco más que una calculadora con un cajón", reconoce. A partir de entonces se empezaron a informatizar los negocios.

Este modelo de máquinas aparecieron hace unos 10 años, pero "con un funcionamiento adecuado hace unos cinco", calcula. Porque los primeros modelos tenían algunos problemas como averías internas o tiempos de devolución demasiado largos. Todavía varían estas esperas según los modelos y no están libres de atascos o de retrasos porque los clientes también necesitan un tiempo de adaptación para aprender a usarlas, a introducir el dinero y recoger el cambio.

Actualmente se encuentran en cualquier tipo de negocio que se maneje efectivo: farmacias, tiendas de ropa, estancos, restaurantes, cafeterías... Algunos puestos del Mercado Central han aprovechado la última reforma para instalarlas.

Los estancos que las eligen valoran de entre sus ventajas la seguridad pero no consideran que agilicen los pagos. "En la práctica un estanquero es más rápido que un cajón", asegura Francisco Javier Bonafonte, presidente de la Asociación profesional de expendedores de tabacos y timbre del Estado en la provincia de Zaragoza (Asezar). "La mayoría de la gente los está comprando por seguridad porque es una especie de caja fuerte. El dinero que entra se queda ahí", añade.  Y porque permite evitar timos o billetes falsos.

La ampliación del horario comercial figura entre los motivos para que tengan más aceptación estas máquinas en el sector. "Antes un estanco se abría por la mañana, te ibas a comer y se abría por la tarde, por lo que lo podía llevar una persona. Ahora hay estancos abiertos los 365 días del año y 24 horas y eso no lo puede llevar una persona". Por ello, hay que contratar a personal y este sistema facilita los cambios de turno y evita hurtos. En los negocios que siguen siendo familiares no suelen instalarse, indica.

En el caso de la cadena de panadería y repostería zaragozana Panishop, este modelo de cajas se introdujo a finales de 2017, primero como experiencia piloto, y ahora se incorpora a los nuevos establecimientos o aquellos en los que se acomete alguna reforma. En su momento pidieron al distribuidor de las máquinas que se las instalara "al revés", porque no era frecuente que fuera el propio cliente el que introdujera el dinero. 

De entre las ventajas de estos aparatos la enseña suma que permite mejorar la seguridad alimentaria ya que sus dependientas utilizan siempre las pinzas para coger los productos o guantes en algunos casos, pero de esta forma se evita que tengan que tocar el dinero. Otro aspecto positivo que les convenció fue la transparencia. "Las personas nos equivocamos, pero la máquina te va a devolver los cambios bien", explican. Con su introducción evitan los descuadres de caja que puede haber al final del día. Recalcan que su objetivo no es sustituir empleos, ya que sus dependientas siguen estando al otro lado del mostrador, pero centradas en su trabajo. Se agilizan los cambios de turno ya que "basta con dar a un botón".

Actualmente la enseña tienen 39 tiendas entre Zaragoza, Huesca, Madrid y Tarragona y 10 de ellas cuentan con estas cajas. La cadena dispone de 16 establecimientos propios y el resto son franquicias.

Inversión cinco veces más cara

Hoy en día en el mercado hay diferentes modelos de cajones de pago automáticos, con distintos sistemas. Por ello, cuando el cliente introduce el dinero el cambio tardará más si todas las monedas caen de golpe en una tolva que si se van colocando de una en una "como en una máquina de tabaco", explican desde AJ Cash. Igual con los billetes. Hay máquinas que llevan "carriles" para cada tipo de billete y otras que no. Y ello lleva aparejados distintos precios, muy superiores a los de las cajas registradoras convencionales. Una caja registradora media puede rondar los 1.500 euros (las hay más baratas), pero los cajones automáticos llegan a los 8.500 euros, según sus cálculos.

Desde la compañía explican que el sector seguirá automatizándose. Ahora desde las teminales del punto de venta se puede controlar en un restaurante desde las comandas a gestionar las reservas 'on line'.  Se trabaja con inteligencia artificial para analizar los datos de un negocio y gestionar centrales de compra. "Tienes acceso en tiempo real desde el móvil a la facturación, la ocupación del restaurante, la consulta del 'stock' de las tiendas", ponen como ejemplos. "El sector tiende al automatismo, para que dependa en la menor medida posible del factor humano para reducir costes laborales y errores", afirman desde AJ Cash.

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