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Aragón

sucesos

Tirones en bicicleta y camellos en patín

Los delincuentes también se han subido al carro de las nuevas tendencias de movilidad. No lo hacen por su conciencia medioambiental, sino porque les resulta más sencillo para salir huyendo. La propuesta para dotar a la Policía Local de una sección ciclista continúa paralizada.

Hace más de veinte años que la Policía francesa cuenta con una unidad ciclista.
Hace más de veinte años que la Policía francesa cuenta con una unidad ciclista.
EFE

El último caso es de hace apenas un par de semanas. La Policía Nacional detuvo en Zaragoza el pasado 15 de enero a una mujer de 18 años por ser la presunta autora de seis atracos con los que se habría hecho con más de 1.500 euros. La joven utilizaba en sus atracos un cuchillo de grandes dimensiones para intimidar a sus víctimas, acostumbraba a arrebatar bolsos y en ocasiones escapaba a pie pero muchas otras hacía uso de un patinete. No es que la delincuente fuera una activista a favor del medio ambiente -o quizá sí, quién sabe- el caso es que el patín eléctrico le servía para huir de lugar de los hechos con rapidez y, además, era consciente de que en caso de ser pillada infraganti sería más difícil de perseguir.

En los partes policiales que a diario llegan a las redacciones se percibe un aumento continuado de los hurtos que se llevan a cabo en patinete o bicicleta. Son vehículos privados, claro está, pues los de alquiler municipal registran a los usuarios y con esos datos las compañías son, incluso, capaces de identificar y pasar la multa a aquellos usuarios que aparcan mal.

¿Cuál es el ‘modus operandi’ de quienes delinquen sobre una bicicleta? Explican los agentes que, por lo general, los ladrones aprovechan que las víctimas están distraídas con el móvil o escuchando música con auriculares. Se acercan con la bici por detrás y, al cruzarse, dan el clásico tirón al bolso. Salen a toda velocidad y es difícil darles alcance si no interviene otro usuario de la vía. En Zaragoza, afortunadamente, no es una práctica en exceso habitual, pero en ciudades como Sevilla o Valencia esta modalidad delictiva más propia de los años 80 del siglo pasado está reverdeciendo laureles. Cuando no es el bolso -explican- es el teléfono móvil, un botín igualmente apetecible porque se puede revender rápidamente. Lo primero que hacen, incluso durante la carrera, es desprenderse de la tarjeta y, después, los llamados ‘tironeros’ llevan el aparato de alta gama a una tienda de segunda mano.

Con los patinetes el funcionamiento es parecido pero aquí el abanico delictivo es incluso mayor, pues está emergiendo la figura del camello sobre ruedas. En Barcelona, en diversas operaciones policiales se ha detenido a delincuentes que usaban patinetes y bicicletas eléctricas para moverse entre los llamados narcopisos. En una redada el pasado agosto confiscaron hasta 11  vehículos de este tipo que, según explicaron los agentes, dificultan el seguimiento “a no ser que se haga con otro patinete”. También, por descontado, quienes menudean con droga se han subido al carro de las nuevas tecnologías y contactan con sus clientes por Whatsapp y Telegram. Todo muy sofisticado o, al menos, a la orden del día.

La Dirección General de Tráfico aprobó hace pocos meses una instrucción transitoria por la que establece que los conductores de vehículos de movilidad personal pueden ser sometidos a los ‘test’ de control de drogas y alcohol. Sabido es (ordenanza de junio de 2019) que estos medios de transporte no deben ir por las aceras ni tampoco a más de 30 km/h, aunque vaya usted a contárselo a un caco en pleno ‘ejercicio’...

En las postrimerías del pasado mandato municipal, ZEC propuso una reestructuración de la Policía Local, en la que se incluía una prueba piloto para que un grupo de agentes patrullara las calles con bicicletas eléctricas. Incluso se reservó un presupuesto de 50.000 euros para la adquisición de ocho vehículos, que se integrarían en la unidad de motoristas. Con el cambio de gobierno todo quedó paralizado y la plantilla no llegó a recibir los cursos de formación precisos. Se justificaba que esta sección sería “muy útil en determinadas intervenciones” y facilitaría que los agentes se movieran por la extensa red de carriles bici (más de 130 kilómetros) de la ciudad.

Unidades policiales ciclistas existen ya en muchos puntos de España (la imagen clásica es la de un paseo marítimo en verano) y se utilizan, por ejemplo, en el acompañamiento de pruebas deportivas o en pruebas de educación vial. En el caso de que detectaran incidencias graves (delitos), la Policía Local actuaría y pasaría después la comparecencia a la Nacional.

Sea como fuere, hay quienes consideran que el aumento de la delincuencia en vehículo de movilidad personal está relacionado también con que los ladrones han tenido que buscarse nuevas formas de transporte porque muchos de ellos han sucumbido a los controles policiales y no tienen carné el vigor. Sospechan también que si se les atara muy en corto con las bicicletas y los patines, siempre darían una vuelta de tuerca más al ingenio -acaso- con el uso de drones.

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