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El cerro Mosán en Alpartir; la mina, los buitres, las bicis y las flores

Los vestigios de la explotación minera en este rincón de la zaragozana Sierra de Algairén conviven todo el año con una explosión controlada de la naturaleza

Excursión en bici al cerro Mosán de Alpartir, junto al malacate de la antigua mina La Bilbilitana.
Excursión en bici al cerro Mosán de Alpartir, junto al malacate de la antigua mina La Bilbilitana.
Laura Uranga

Alpartir se ha hecho popular en los últimos años por dos cosas. La primera tiene que ver con la música y el diseño, ya que la canción ‘Un beso y una flor’ de Nino Bravo comienza su estribillo con el nombre del pueblo, separando las dos primeras letras de las seis últimas; la licencia sintáctica, por graciosa, está justificada. La segunda es que llevaron la chanza a la expresión gráfica, convirtiendo el beso y la flor en un logo municipal, que luce además en el centro del pueblo. Viva Nino Bravo y el humor, pues.

A esa anécdota de expresión múltiple se añade una rica historia en el terreno minero y la magia de la sierra de Algairén, que es zona LIC (Lugares de Interés Comunitario) y protege fauna y flora, en una acción común con otros municipios de la zona como Cosuenda, Encinacorba, Santa Cruz de Grío, Almonacid de la Sierra, Tobed, Codos, Aguarón, Encinacorba y Mainar.

La mina la Bilbilitana de Alpartir, activa en la época romana, se explotó por última vez en las dos primeras décadas del siglo XX; en 1906, la Compañía General de Minas y Sondeos asumió su explotación, truncada hacia 1920 por agotamiento del mineral;allá abundaba la tetraedrita, la cuprita, aragonita y la pirita. En la zona había más minas: Colosal Platífera, Montañesa, San Julián, Carolina, Andaluz, Conveniente, Alemania, El Primo o Ménsula.

Esta mina está a dos kilómetros del pueblo, junto al cerro Mosán. Además de la entrada a la gran galería, quedan bien visibles los restos del antiguo edificio del malacate o baritel, término que la RAE define como “máquina a manera de cabrestante, muy usada en las minas para sacar minerales y agua, que tiene el tambor en lo alto, y debajo las palancas a las que se enganchan las caballerías que lo mueven”. El de la mina de Alpartir es un pozo cegado y rodeado por paños de muro en un estado endeble, algo que confiere una imagen nostálgica al conjunto.

En la zona hay mucho tomillo; su floración, allá por la primavera, es muy llamativa, como ocurre un poco antes con la del almendro, también profusa en la zona. También hay muchos nidos de buitres. La observación de todos estos elementos es una asignatura que cada año aprueba (mediante excursión en bici y observación directa) con nota el CEIP Ramón y Cajal, la escuela de Alpartir con notoriedad nacional por su exitoso programa educativo, apoyado en el refuerzo empírico del aprendizaje a la hora de abordar las materias comunes. Es una escuela Changemaker, red promovida por la fundación Ashoka del estadounidense Bill Drayton.

Otro punto interesante de la zona está en las ruinas del Convento de San Cristóbal, orgullo de Alpartir hace cinco siglos. Desde el pueblo hay una circular de ocho kilómetros que llega hasta este vestigio religioso y sube al pico homónimo, donde hay punto geodésico. A tiro de piedra, por cierto, está Villarroya de la Sierra, con su Mesón de los 20 platos y una gran variedad de bodegas.     

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