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Recorriendo los paisajes singulares de las Cinco Villas

La comarca cuenta con más de 850 espacios destacados por su singularidad en los mapas paisajísticos del Gobierno de Aragón.

Foto de Valpalmas
Foto de Valpalmas
Laura Uranga

Desde sierras altas hasta profundos valles, un desierto, embalses y bosques. Las Cinco Villas esconden más de 850 paisajes singulares según destacan los mapas paisajísticos elaborados por el Gobierno de Aragón. Por su orografía, en la comarca se pueden encontrar numerosos y variados espacios naturales, con cotas altas, como la Sierra de Santo Domingo, y valles profundos, como el de la Val d’Onsella.

Situado al norte de la provincia de Zaragoza el origen del territorio donde hoy se asienta la comarca de las Cinco Villas tuvo lugar en la inversión tectónica de principios del Terciario. Fue también entonces cuando surgió el valle del Ebro que, a su vez, hizo emerger la zona prepirenaica de la comarca.

En esta faceta más montañosa destaca la Sierra de Santo Domingo, con una cota máxima de 1.517 metros de altitud. Declarada Espacio Natural Protegido en el año 2015, alberga buena parte de los paisajes singulares de las Cinco Villas. Está situada en las Altas Cinco Villas y es un territorio de transición entre el Prepirineo y el valle del Ebro.

Las llanuras fértiles que pueblan este ecosistema abrupto contrastan con las paredes de roca caliza. La peña de Santo Domingo es el punto más alto y en ella se refugian numerosas aves rapaces. En estos montes también se pueden encontrar bosques de encinas y de pinos, donde habita una importante población de ciervos, corzos o jabalíes.

Hacia el sur de Santo Domingo está la sierra de Luesia, otro de los paisajes montañosos más importantes de las Cinco Villas. En las faldas se extiende el hayedo de la Val y al norte se encuentra el valle del río Onsella (la Val d’ Onsella), salpicado de pueblos como Isuerre, Lobera de Onsella o Longás.

Una vista de la Sierra de Santo Domingo, en la comarca de las Cinco Villas.
Una vista de la Sierra de Santo Domingo, en la comarca de las Cinco Villas.
Cinco Villas

Más de 50 lagunas y pequeñas charcas

Los paisajes de agua también tienen un gran protagonismo en las Cinco Villas. En la sierra de Santo Domingo nacen los ríos Arba de Luesia y Arba de Biel que discurren hacia el Ebro por la parte baja de la comarca. En la depresión de este segundo afluente se han llegado a contabilizar más de 50 lagunas o charcas. Muchas son pequeñas pero también las hay de gran tamaño, como el embalse del Gancho o el de Bolaso, en Ejea de los Caballeros, y el de Moncayuelo (Pinsoro); el pantano de Valdelafuén, en Sádaba, y el de San Bartolomé, en Ejea, o la estanca de Erla.

Del otro río, el Arba de Luesia, el paraje acuático más representativo es el conocido como Pozo Pigalo. Es una de las zonas de baño natural controladas de Aragón y, desde hace unos años, el acceso en temporada alta se regula para seguridad de los bañistas. La poza está rodeada de paredes naturales de piedra estratificadas que sirven a los más valientes para trepar a saltar al agua desde las alturas. Unas escaleras de piedra facilitan el acceso hasta la poza y también hay una amplia zona de pinar con mesas y bancos. Aguas arriba en el mismo río hay otras pozas menos masificadas, como la de Santa María.

El Pozo Pigalo es el punto de partida de esta ruta.
El Pozo Pigalo es una de las zonas de baño natural controladas de Aragón
A.C Fayanás

Los aguarales de Valpalmas

Como si de un cuadro se tratara, los aguarales de Valpalmas son un conjunto de formaciones geológicas donde el agua ha ido puliendo la roca a su antojo, dando como resultado una imagen que no deja indiferente a nadie. La estampa la componen cientos de formas puntiagudas combinadas con grietas y conductos que se asemejan al territorio lunar.

El culpable de esta creación es un fenómeno conocido como piping. Durante miles de años, la acción del agua ha ido erosionando el suelo de arenas y arcillas, que se ha ido hundiendo por partes. Con la ayuda del viento, se han creado estas estalactitas de tierra conocidas popularmente como chimeneas de hadas.

Y del agua a la dura estepa. En las Bajas Cinco Villas el paisaje predominante está lleno de espartos, ontinas, sisallos y retamas, presentes en las llanuras de Las Pedrosas. En estas cotas bajas también se encuentra el paraje del Salto del Lobo (Marracos). Es el paraíso para los amantes de la botánica ya que alberga especies como la Cola de Caballo, el fresno, los chopos y las plantas trepadoras propias de zonas húmedas.

Junto a la riqueza floral, la comarca también cuenta con espacios destacados por la presencia de aves, como los montes de Castejón de Valdejasa, catalogados como Espacio de Interés Comunitario y Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA).

Pero si de aridez se trata, las bardenas negras se llevan la palma. Así se conoce a la parte aragonesa del famoso desierto, que se extiende más por la Comunidad Foral de Navarra. Se sitúa entre los municipios de Ejea de los Caballeros y Tauste y constituye una importante reserva ecológica. Se la conoce como negra por el color de los pinares en los montes y su extensión es de unas 10.000 hectáreas.

Para conocer estos y otros paisajes singulares de las Cinco Villas, por todo el territorio hay trazados itinerarios para recorrer tanto a pie como en bici. Estos senderos se adentran en los principales parajes de la comarca gracias a rutas previamente diseñadas, como la que parte de Longás y culmina en el pico Santo Domingo o la que discurre entre Lobera de Onsella e Isuerre.

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