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De Bolea a la ermita de San Cristóbal, una ruta por el Prepirineo aragonés

Famosa por su colegiata y el cultivo de la cereza, desde esta la localidad de la Hoya de Huesca también se pueden realizar actividades en la naturaleza como esta excursión.

Puerta de acceso a la ermita de San Cristóbal.
Puerta de acceso a la ermita de San Cristóbal.
Comarca Hoya de Huesca

Bolea es una pequeña localidad de la Hoya de Huesca, próxima a Loarre, cuyo principal atractivo es la colegiata de Santa María. De hecho, al templo se puede acceder con una entrada conjunta con el pase al vecino castillo. El nombre de Bolea también traspasa fronteras gracias al cultivo de sus exquisitas cerezas, cuyos campos en flor son una auténtica delicia para la vista.

Pero desde Bolea también se pueden realizar actividades de naturaleza que llevan a conocer el entorno al mismo tiempo que se hace ejercicio físico al aire libre. Una de estas opciones es la ruta que va desde el casco urbano hasta la ermita de San Cristóbal. Es una excursión sencilla, apta para todos los públicos (excepto un pequeño último tramo) y que transcurre por senderos señalizados en todo momento.

Partiendo desde el casco urbano, primero se recorre un tramo corto del GR-1 (sendero de Gran Recorrido) desde el que parte el PR, el de Pequeño Recorrido que habrá que seguir hasta el final de la ruta. Desde el cruce con el GR-1, se camina por una pista que, en ligero ascenso y entre la zona de olivares de Bolea, va aproximándose de forma paulatina hacia la sierra.

La primera parada de interés en la excursión es la ermita de Santa Quiteria. De grandes dimensiones, se encuentra entre olivos y carrascas, a un lado del camino. Es una edificación rústica levantada en torno a una pequeña ermita situada en el centro. El resto de los edificios los emplea la cofradía local para poder ofrecer una comida popular todos los años, con motivo de la festividad de la santa. Los documentos más antiguos en los que consta la existencia de la ermita de Santa Quiteria son del siglo XVII, aunque se cree que puede ser anterior. En las cercanías, se encuentra el río Sotón y una fuente de la que brota agua todo el año.

Ermita de San Cristóbal vista desde el río.
Ermita de San Cristóbal vista desde el río.
Turismo Hoya de Huesca

Dejando atrás este enclave, en el que merece la pena detenerse, la ruta continúa por la misma pista, dejando un desvío a la izquierda para cruzar el río Sotón, por un tramo que está en peores condiciones que el anterior. Antes de llegar a un inmenso campo de almendreras, el camino hacia San Cristóbal continúa por una senda a la derecha, que ya no se deja hasta el final. Ésta transcurre de forma paralela al barranco del citado río, mientras se asciende por lo que antiguamente fueron campos de labranza.

El siguiente tramo de la excursión pasa entre frondosos arbustos de coscojas y aliagas, en dirección al fondo del barranco. Desde este punto ya no se produce ninguna otra desviación hasta llegar a la ermita de San Cristóbal. Eso sí, es ya un ascenso continuo aunque sin grandes desniveles. Una paridera en ruinas, un buen número de terrazas abandonadas y los restos de una acequia que servía para el riego de las mismas recuerdan al pasado agrícola de esta zona.

Conforme la ruta se adentra más en el barranco, la vegetación que rodea al senderista es más espesa y abundante, para, unos metros más adelante, abrirse paso un roquedo vertical sobre el que se encuentra enclavada la ermita. De primeras cuesta verla pero pronto se atisba a lo lejos, colgada en la pared. Para ascender hasta ella se deben remontar las fuertes laderas, cubiertas de gran cantidad de hierba debido a la escorrentía de agua desde el barranco-circo por el que hay que ascender. En este tramo, el sendero ha desaparecido por completo, avanzando finalmente por un espeso y alto bosque de bojes hasta superar la escalinata de entrada a la ermita, situada en una cavidad del roquedo.

Una vez a las puertas de San Cristóbal y habiendo superado este último tramo, solo apto para quienes tengan un buen estado físico y no tengan vértigo, se puede disfrutar de las espectaculares vistas sobre todo del barranco del río Sotón y gran parte de la Hoya de Huesca.

La ermita de San Cristóbal pertenece actualmente al término municipal de Aniés, aunque históricamente y por acceso siempre ha estado mucho más ligada a Bolea. Consta de varios departamentos y su estado de conservación es bastante precario. Al parecer, ya existía en el siglo XVI. En su interior, todavía quedan restos de una pintura mural de un ángel de la Anunciación. En su día tuvo coro y, en la parte trasera aparece una pequeña puerta de acceso a otro cuarto que se cree servía como refugio para la meditación y oración de algún ermitaño. Finalmente, otra puerta permite salir a una galería colgada sobre el barranco, donde acaba la faja de roca sobre la que se asienta el templo.

La duración de esta ruta, solo de ida, es de una hora y 20 aproximada, sin paradas. La distancia es de casi cuatro kilómetros con un desnivel máximo de subida de 305 metros. La vuelta a Bolea se produce por el mismo itinerario.

Otras rutas desde Bolea

Cabecera del municipio de La Sotonera, Bolea se encuentra a los pies de las sierras de Loarre y de Gratal, dominando desde lo alto del cerro toda la vega del río Sotón. En el siglo XII, con la Reconquista, la villa cambió su fisonomía a partir del castillo, reconvertido luego a colegiata. Pero el hallazgo de numerosos restos de la época romana atesoran que los asentamientos poblacionales en Bolea son anteriores.

Además de la ruta hasta la ermita de San Cristóbal, desde Bolea surgen otras excursiones, como la del sendero histórico GR-1 que comunica la localidad con Aniés. Este itinerario transcurre en su mayor parte por caminos agrícolas, en dirección noroeste. Entre otros puntos de interés, esta propuesta pasa por campos de cerezos, un pozo nevero y la iglesia de Aniés.

Recorriendo parte de este mismo sendero histórico se puede realizar otra de las propuestas, la conocida como Ruta de los Castillos, que va desde Bolea hasta Ayerbe. Su nombre se debe a una actividad que organiza anualmente la comarca para dar a conocer este territorio que, durante mucho tiempo, fue fronterizo entre los cristianos del norte y los musulmanes del sur. La ruta se puede hacer más exigente si se incorpora la visita a la Virgen de la Peña de Aniés y a la ermita de San Cristóbal de Bolea.

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