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aragón es extraordinario

La Cartuja de los Monegros, un secreto para no guardar

Consagrada a Nuestra Señora de las Fuentes en Sariñena, recoge una historia milenaria en el edificio que suma tres siglos en sus actuales hechuras, tras superar todo tipo de catástrofes naturales y agresiones bélicas

Un edificio imponente en medio de la estepa monegrina. Una devoción milenaria. Un excelente conjunto artístico. Nuevos rumbos sobre herrajes arcanos. A todo eso responde la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, conocida popularmente como la Cartuja de los Monegros; está enclavada en el término municipal de Sariñena, junto al aeródromo, aunque físicamente esté algo alejada de la capital comarcal y próxima (equidistante, además) a Lanaja y San Juan de Flumen; el pueblo de colonización de Cartuja de Monegros toma su nombre del monasterio.

Alberto Lasheras, empresario residente en Alcubierre y monegrino hasta el último poro, ejerce de guía habitual en las visitas de los fines de semana y fiestas de guardar; la participación del Centro de Estudios Altoaragoneses, en la persona de su secretario general José Miguel Pesqué, es igualmente fundamental en la tarea. “Soy uno de los colaboradores en la visita guiada a la Cartuja -aclara Alberto- y la mostramos sábados, domingos y festivos de 11.00 a 14.00, dos pases cada mañana. En tiempos de pandemia se ha complicado la cosa, por la división y reducción obligatoria de los grupos, pero en tiempos normales el espacio es tan grande que resulta fácil atender a grupos más numerosos”.

Las últimas restauraciones de La Cartuja ha tenido que ver con su hermoso atrio, a la entrada de la iglesia. “La transformación ha sido interesante, porque tras la desamortización de Mendizábal se levantaron unos tabiques que limitaban mucho el espacio hábil. Esos tabiques se demolieron, se eliminaron unas rejas colocadas por la última familia propietaria y se devolvió al atrio su dimensión original. Se estudiaron los restos de policromía en los muros para tratar de devolver la mayor parte posible de su encanto original. La puerta de acceso a la iglesia, del siglo XVIII, también fue restaurada; el criterio seguido fue hacer una limpieza exhaustiva hasta llegar a la capa de óxido de cobre, muy estable, y dejarla tal cual, sin reponer los fragmentos perdidos; hubiera sido peor meter cobre nuevo, sería muy artificial. En 1940 Franco requisó la iglesia y la usó como almacén de cereal, algo que tuvo impacto en el chapado de la puerta y las jambas, rayadas por los ejes de los carros, que también destrozaron el suelo de cerámica de Muel del siglo XVIII”.

Un vistazo atrás

La historia de la Cartuja comienza con un manantial en un barranco. Junto a ese manantial se halló la talla románica de una virgen; se le puso nombre al manantial, la Fuente del Milagro, y a la virgen se le bautizó como Nuestra Señora de las Fuentes, construyéndose una ermita para alojarla. Hablamos de mediados del siglo XI. “Esa ermita –explica Alberto– fue a la vez hospedería y lugar santo durante siglos; por allá pasaba gente de toda clase y condición. Un heredero de la familia noble de los Alagón, Artal de Alagón y Luna, pidió ser sepultado a su muerte en la ermita; falleció en 1503 y sus padres cumplieron su voluntad. Su madre pensó que el sepulcro era poco para su hijo, y decidió fundar un monasterio; el 11 de febrero de 1507 se firmaron las actas de fundación de la nueva Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes”.

Vídeo de la Cartuja de los Monegros en 'Aragón es extraordinario'

En la Cartuja ha pasado un poco de todo. Una epidemia en 1562 hizo que los monjes tuviesen que abandonar el monasterio durante un tiempo. Luego, en el siglo XVII, un tornado derribó el campanario sobre la iglesia y tumbó todos los muros, dejando el lugar devastado; se levantó el nuevo en el siglo XVIII gracias a nuevos mecenas de Lalueza, los hermanos Comenge Gascón; en los documentos originales aparece que los cartujos adquirieron el Llano de los Almendros, que es el espacio en el que está la edificación, y que pertenecía a Sariñena.

La Diputación Provincial de Huesca compró La Cartuja en 2015 y comenzó a trabajar en su recuperación. “Las obras comenzaron en junio de 2015 con la reparación de la cubierta de la iglesia, una vez adquirida por la DPH a la familia Bastaras, en cuyo poder se hallaba desde 1896; se siguió con las cubiertas del claustrillo, sacristía, cimborrio, capilla del Sagrario… también se cambiaron todos los alabastros de la iglesia, muy afectados por el sol y las heladas de invierno; ahora su efecto lo hacen dos capas de vidrio, una de ellas esmerilada”.

Fray Manuel Bayeu

Lo más llamativo del monasterio son las pinturas de Fray Manuel Bayeu, el quinto de nueve hermanos; es sobradamente conocido que su hermano mayor Francisco y el pequeño, Ramón, también eran artistas. “Manuel y Ramón –revela Alberto– iban juntos a las clases de pintura de su hermano Francisco junto a un tal Goya; la técnica que aprendió Manuel está plasmada en los murales del monasterio. En cuanto a la arquitectura de la Cartuja, presidida por un barroco tardío, está influido directamente por las enseñanzas de Buenaventura Rodríguez, que ya había aleccionado al equipo ejecutor en la reforma de la Basílica del Pilar en Zaragoza; ahí estaba Carlos Salas Vilaseca, excepcional escultor, cuya mano derecha era el propio Fray Manuel Bayeu”.

Fray Manuel hizo 2.000 metros cuadrados de pinturas murales entre la iglesia, el claustro y otras dependencias del monasterio. “En la Cartuja destacan las pinturas rococó de la bóveda del techo, de 1760 a 1770; son frescos sobre mortero de cal y arena, perfectamente fijados; están los desposorios de la virgen, la anunciación, la visitación a su prima Isabel... en 1763 Bayeu borró la cúpula principal después de tres años de trabajo y la volvió a pintar con las cuatro virtudes morales, un trabajo que duró cerca de seis años. Para mí –concluye Alberto– Fray Manuel es el alma del monasterio”.

Las tallas de la Virgen de las Fuentes y esus respectvas historias

En el XVIII estaban de moda las vírgenes ‘campana’, que tenían el cuerpo compuesto por una campana de madera o yeso sin valor ‘per se’, al que se le ponían unos mantos; artísticamente se echaba el reto en las cabezas, manos y coronas de las figuras. De una talla de la Virgen de las Fuentes datada a inicios del siglo XV, sedente, se aprovecharon las cabezas de la virgen y el niño en una de estas vírgenes campana. “Es la imagen que hubo en el monasterio hasta la desamortización de Mendizábal –precisa Alberto Lasheras– y con el devenir de los acontecimientos se llevó la imagen a Sariñena, para guardarla durante casi un siglo en la iglesia local. En 1936, con la llegada de los milicianos y la destrucción del retablo del templo, echaron todos los restos en la plaza frente a la iglesia para quemarlos. Una señora de Sariñena, muy astuta, vio que había niños jugando por ahí y les encargó que cogieran la cabeza de la virgen del montón de escombro; gracias a esa argucia se recuperó la talla, que sigue custodiada en Sariñena. La de la Cartuja es una reproducción de los años 40 hecha en Zaragoza por los hermanos Albareda”.

En el plan de rescate de la Cartuja hay nuevos retos ene el futuro próximo. Actualmente, de hecho, existe un proyecto encaminado a restaurar las pinturas murales de la iglesia del monasterio, especialmente las de las paredes, peor conservadas que las de las cúpulas. Hay muchas pinturas en buen estado en la Cartuja, debido a la pureza de la técnica original y reparaciones periódicas, pero otras sí han sufrido el paso inexorable de los años.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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