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aragón es extraordinario

La Colegiata de Bolea, lujo para los ojos y el corazón

Como si hubiera inspirado la sección ‘Una cierta mirada’ del Festival de Cannes con cuatro siglos de antelación, el templo de la Hoya de Huesca cautiva desde el primer vistazo

Son dos de 320 miembros, una cifra que afortunadamente va creciendo con las nuevas generaciones. Jesús Omiste y Santiago Castilla pertenecen a la Asociación de Amigos de la Colegiata de Bolea, institución que cumple 30 años en este 2021, y que recibió de la DGA la Medalla al Mérito Cultural en 1993. Lo de amistad al templo de Santa María la Mayor se queda corto: devoción sería un término más exacto. De hecho, el calificativo también sirve para lo que ambos sienten por el pueblo. “Ninguno de los dos nacimos aquí, curiosamente. He sido médico en Bolea 30 años –explica Jesús– y Santiago se casó con una boleana; y vaya, pocos habrá más boleanos que él. Yo he querido vivir aquí, por gusto, teniendo casa en Huesca”.

La Colegiata está en lo alto de un pueblo que ya está en alto. Subir la cuesta no cuesta mucho; el templo es un incentivo, que se manifiesta en todo su esplendor nada más franquear el atrio y mirar hacia la derecha. “Con el retablo mayor –apunta Jesús– tenemos una verdadera joya, ¿sabes? Es la primera manifestación de pintura renacentista que hubo en España, data de la última década del XV e inicios del XVI. El autor es desconocido, se le conoció como el maestro de Bolea, hay muchas teorías al respecto. Se cree que era de la escuela de Flandes, y desde luego sabía mucho de perspectiva”. El conjunto combina escultura y pintura, y se compone de 20 tablas pintadas al temple y 57 tallas en madera policromada, de ciprés, nogal, cerezo y pino de Flandes.

Santiago apostilla al respecto de la autoría que “se han hecho radiografías de cada pintura, para tratar de hallar una firma, sin éxito. Carmen Morte la ha analizado a fondo, desde los trazos del dibujo a las correcciones”. Sin embargo, este dato no merma su belleza; de hecho, el misterio es atractivo”.

Pasado románico y musulmán

Como ocurre tantas veces, el templo actual se construyó y adaptó sobre la base de edificios pretéritos. La colegiata fue construida entre 1541 y 1559 por el guipuzcoano Pedro de Irazábal sobre los cimientos de la iglesia románica del siglo XII; se inspiró en La Seo zaragozana y la catedral de Barbastro. Ambas referencias, salvando las lógicas distancias en cuanto a tamaño y grandiosidad, se notan nada más entrar, sobre todo al mirar a las alturas y deleitarse con sus bóvedas estrelladas de crucería. El templo fue Priorato de la Abadía Real de Montearagón hasta 1571, cuando pasó a formar parte de la Diócesis de Huesca. De la antigua fortaleza árabe edificada en el lugar, y datada en el siglo X, quedan algunos restos en el torreón y la muralla.

Detallismo

“El retablo mayor se adaptó a la estructura anterior –apuntan Jesús y Santiago– y las capillas se fueron llenando con los demás retablos, varios barrocos. Todos ellos, salvo el del Pilar ­que promovió el Obispado, son encargos de familias del pueblo; todos brillan, pero nos gusta señalar el de San Vicente, en el que también está San Lorenzo y el patrón de Bolea, San Bartolomé. El trabajo en madera de cerezo es magnífico; aunque quizá la razón de no policromarlo fuera económica, hay que reconocer que eso facilita la apreciación del trabajo artesano. Se ha limpiado hace poco”.

La Colegiata ha servido también de cementerio ilustre. “El exceso de humedad provocó en su día que se levantasen muchos ladrillos, y comenzó a oler muy mal –explican Santiago y Jesús–, así que había que hacer algo al respecto. El caso es que bajo el suelo del templo existió un cementerio, cuya división se puede apreciar por la numeración de los rectángulos, renovada tras las últimas obras. Cada rectángulo pertenecía a una familia concreta del pueblo, y había dos enterrados de esa familia bajo el templo. Cuando se restauró el suelo al completo, se vaciaron los restos humanos y se habilitó una fosa común en la capilla de Santiago, a la derecha del altar mayor, además de sanear todo el suelo; había cadáveres momificados, incluso apareció alguno con vestiduras de obispo. Los monjes estaban enterrados junto a altar, y los priores, en la cripta”.

Las dos capillas que flanquean el altar mayor están dedicadas a San Sebastián y Santiago. Ésta última tiene una significación especial, por constituir una parada señalada de peregrinaje para la tradición jacobea. “Cuando se hizo el retablo de la catedral de Huesca sobró alabastro, que se destinó al retablo de Santiago aquí; es una maravilla, su pequeño tamaño no es obstáculo para que genere mucha admiración”, explica Santiago Castilla.

Del órgano a las vistas

El órgano, por su parte, es del siglo XVIII y se restauró por completo, gracias a la Asociación de Desarrollo Rural de la Hoya de Huesca y el Ayuntamiento de Bolea. Presenta 14 registros partidos para bajos y tiples, 1.031 tubos de estaño y plomo y 8 contras de madera. El teclado es de 45 notas (C-c’’’); Lo tocó el maestro Jesús Gonzalo en el Festival de Música y Patrimonio EnClaves.

Santiago Castilla no pierde la ocasión para hacer un reclamo. “En el atrio, a la entrada de la Colegiata, hay una grieta que requiere de atención inmediata por parte de un especialista en cantería. Es un arreglo fundamental para la pervivencia de la Colegiata tal y como la conocemos”, explica. Nada más salir del templo hay un placer añadido: acercarse al pretil y contemplar la impresionante vista de la Hoya en un arco de 180 grados, con Loarre a la derecha, Huesca a la izquierda y la Sotonera al frente. Y sí, lo han adivinado; en días claros se ve el Moncayo en lontananza...

Vídeo de la Colegiata de Bolea en 'Aragón es extraordinario'

¿SABÍAS QUE…

Visitas. En su día se encargaba la Asociación, pero actualmente se coordinan desde la firma Loarre Turismo Activo. En la presente contingencia sanitaria, las visitas se circunscriben a los fines de semana y festivos. Se ofrece una entrada conjunta del castillo y la iglesia de Loarre (a apenas 13 kilómetros). En los días de apertura, el acceso a la Colegiata es de 10.00 a 14.00.

El retablo de Santa Bárbara. La capilla de la patrona de artillería ha recibido frecuentes visitas de cuerpos militares de todo el país.

El monumento a la Semana Santa. Mide 11 metros y medio desde el suelo hasta la bóveda, y tiene más de 6 metros de altura. La Asociación conserva las telas y tiene la intención de restaurarlo. El coro también necesita de reforma, debido a los daños causados por la carcoma.

Las bóvedas por arriba. Subiendo por la torre, se pueden contemplar desde un punto inusual. La Asociación las limpió y enrejó los ventanucos, para evitar la acumulación de desechos de palomas. Hay cinco campanas en el campanario, por cierto; una en el espacio interior y dos pares en las ventanas.

Casa Rufino. Se trata del establecimiento hostelero por excelencia de Bolea; amén de su sede tradicional en la calle Mayor, con sus celebradas especialidades basadas en la famosa cereza boleana, tiene ahora una extensión con terraza y carpa en la antigua Casa Habanero, en la plaza Mayor. El bar la Muralla, subiendo hacia la Colegiata, es otra referencia para reponer fuerzas.

Artículo incluido en la sección 'Aragón es Extraordinario'.

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