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aragón es extraordinario

Joaquín Macipe, docente en el genuino amor al arte desde Ariño

Profesor en Alcorisa, este artista plástico zaragozano de cuna lleva 15 años viviendo en el pueblo de su familia paterna, insignia de las Cuencas Mineras 

Joaquín Macipe vive en Ariño, su pueblo, aunque la vida ‘le naciera’ en Zaragoza, en el barrio de Casablanca, en las mismas calles que vieron crecer a Mauricio Aznar. Es docente en Alcorisa y artista donde se tercie, aunque trabaja muy a gusto al calor del hogar. “Ésta que veis es la casa de mis abuelos paternos. Venir fue una decisión que maduré de forma paulatina; con el paso de los años vi que era una posibilidad real. El trabajo fue decisivo, claro. Hice Bellas Artes en Valencia, volví a Zaragoza y acabé en Ariño; aquí sigo, casado y con dos hijos que ya han crecido en el pueblo”.

Hay coincidencias que aparecen cinceladas con una aparente lógica en la línea vital de la gente y, sin embargo, no dejan de ser casuales. Que un escultor (también pinta, pero escultor sobre todo) dé clases en el I.E.S. Damián Forment es, cuando menos, curioso. “Muchos chavales no sabían quién era Damián Forment antes de venir a clase, así que hemos trabajado bastante el tema; hasta hicimos un documental sobre él. También te digo que fuimos a Zaragoza, a la puerta del Pilar, y preguntamos por él a la gente que entraba y salía de la Basílica: tampoco lo sabía casi nadie, siendo que su retablo más famoso está en el altar mayor. Forment tenía un plus de calidad y sensibilidad, sin duda”.

Antes de la facultad, Joaquín se ganaba unas perrillas dibujando cómics en la revista de la Federación de Barrios de Zaragoza. “Lanzaron un concurso y el premio era literalmente ‘pasar a formar parte de la mal pagada plantilla de nuestra revista’. Estaba muy bien, porque en esa plantilla estaban dos maestros como Cano y Alberto Calvo. Seguí dibujando en la facultad, y cuando vi la asignatura que iba a permitirme darle vida a mis personajes, me lancé de cabeza: dibujos animados. Al acabar la facultad hice un corto de 3.000 dibujos, pero no he seguido por ahí. En Alcorisa creamos un cómic con superhéroe, Alcorman, cuyos poderes eran los de la gente del pueblo; cuando pasaba algo, sabía a quién pedir ayuda. Era su superfuerza, el sentido común y los amigos”.

La pintura

En esta disciplina, y en el conjunto de su obra artística, Joaquín trabaja sin prisas. “Sería mala consejera, porque no tendría donde meter tanta obra, y no pienso en la salida comercial, solo en disfrutar. Estoy pintando una serie de cuadros sobre el ajedrez y lo hago con calma. Respeto todas las derivas y he experimentado con la abstracción, pero me gusta que haya un punto narrativo, coherente cuando es una serie, y siempre bien pintado en cuanto a la técnica. Es como la música; toca lo que quieras, pero con la guitarra bien afinada”.

En la serie del ajedrez, Joaquín bucea en la metáfora del conflicto. “En cada cuadro hay jugadas de que llevan al mate en un solo movimiento. Las figuras humanas son las protagonistas de ese conflicto; a veces juegan entre ellas, a veces no ves quién es el otro jugador, la figura en el espejo es un conflicto con uno mismo, nunca sabes qué personaje lleva las blancas o las negras, quién gana o quién pierde… yo explico los elementos, y luego puedes interpretar la historia como tú quieras; todo me parece bien”.

La idea de esta serie es que llegue a tener 32 cuadros, la mitad de fondo negro y la otra mitad blanco. “Para conseguir 32 cuadros decentes tengo que pintar 50, porque seguro que hay unos cuantos que no me gustan del todo, y esos cuadros los orillo o los regalo a quien los quiere. Cuando expongo no pongo rellenos; una vez metí obra de todo tipo en una muestra de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza, el crítico Ángel Azpeitia empezó su valoración diciendo que era ‘una exposición variada y extensa, quizá en exceso’. Me hizo reflexionar: es mejor poner tres cosas que un batiburrillo”.

Familia artista

Javier Macipe, director de cine, es el hermano pequeño de Joaquín; ha sido dos veces candidato a los Goya. “La película que tiene entre manos sobre Mauricio Aznar va a ser una maravilla. Yo era rockabilly de tupé y patillas, tenía mucho cariño a Mauricio y a Roberto Blasco, guitarrista de Golden Zippers, que me enseñó a tocar a mí la guitarra; mi primer disco fue ‘Al este del Moncayo’ de Más Birras, creo que le inoculé ese veneno a Javi. Mi abuelo materno Joaquín pintaba, me gustaría llegar a pintar como mi padre Salvador; mi hermano Salvador también es un pintor excelente y mi hermana Rosa no solo pinta, sino que también lleva un programa de cine y salud con los vecinos del barrio de San Pablo en Zaragoza. En casa siempre nos animaron a seguir el camino del arte”.

Pasión por las disciplinas duras, como crear en hierro y piedra

A Joaquín le encanta trabajar el hierro. “Hice una obra monumental que expuse en una sala entera del Palacio de Sástago hará unos 20 años, siendo aún estudiante; fue un subidón. Eso sí, tuve inmediatamente el baño de humildad correspondiente cuando una señora se quedó mirándola a mi lado y dijo ‘buej, cuatro hierros colgaos del techo, menuda tontada’. Siempre me acuerdo de ella para que no se me suban las cosas a la cabeza. Tuve la suerte de compartir taller con Fernando Lázaro, al que siempre he admirado. También empleo mucho el alabastro, es único; puedes hacer cosas muy finas que otras piedras no permiten”.

Joaquín optó por la escultura en sus años formativos. “Me pegaba el día entero en la Facultad, trabajaba veranos y fines de semana para pagar la carrera y tenía que aprovechar la oportunidad que me brindaban allí. Quería probar lo más complicado de hacer en otros sitios; no es fácil montar un taller de cantería en un piso, por ejemplo. Además, me di cuenta que la gente que se dedicaba a disciplinas duras era de otra pasta”.

El de Ariño se fue al más difícil todavía. “Me centré en dos especialidades; escultura y dibujos animados, dos cosas que tienen como denominador común la gran cantidad de trabajo. Ten en cuenta que cada segundo que ves en una película son 25 dibujos hechos a mano, y lo que supone el tema de la piedra es una cuestión que se responde sola; tienes un mazacote y hay que meter horas para sacar algo de adentro. Además, para moverla siempre necesitas ayuda de alguien si no eres un levantador profesional, y aun así; trabajarla tiene un punto solidario que también me atrae”.

En quiasmo: Ariño le quiere, él quiere a Ariño

Viviendo en Ariño durante los últimos 15 años, Joaquín ha descubierto al Artista Rural; con esta mayúscula generalización dibuja una tipología de ejemplos variopintos. “Hablo sobre todo de gente mayor, que no ha tenido una formación académica en el arte y que se ha consagrado a una pulsión creativa por puro placer, con una calidad y sensibilidad tremendas. Nunca han pensado en exponer o vender; su obra es muy ecléctica, pero auténtica, podría exponerse en cualquier sitio. Conocer a estos artistas me ha ido quitando prejuicios”.

Un poco profeta en su tierra

Joaquín se considera afortunado por el modo en el que le abrazó el pueblo de su familia paterna, que ahora ya considera como propio. “Al poco de venir entró como concejal de cultura José Antonio Blesa, maestro del pueblo, con muchas ganas. Un concurso de pintura rápida, un grupo de teatro… el primer corto profesional de mi hermano Javier fue en Ariño, de hecho. Yo siempre he tratado de echar una mano, y me han correspondido; crear en un pueblo es lo mejor, tienes el espacio, el reposo, no hay huella ecológica con tu trabajo… doné una escultura, se llama ‘Homenaje a la mujer’ y está en el centro del pueblo, junto a un poema de Salva Peguero, también de Ariño. Y mira, me dijeron una vez ‘no me gusta gota’ al verla, ya ves; además, tengo un mural en el Museo Minero Antonio Beltrán, a la entrada”.

Joaquín explica que “un grupo nos juntamos a pintar en un local del Ayuntamiento una vez por semana; la buena dinámica sigue, y seguirá. No hay megaproyectosg, sino un ecosistema creativo que se va trenzando desde aquí, no desde un despacho en una capital; se siembra donde sabemos que la simiente va a agarrar. También en Alcorisa se están creando sinergias entre artistas de la zona. El arte tiene mucho que decir en el desarrollo rural, genera patrimonio y riqueza”.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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