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Aragón tiene su propio cenote y está en Grisel

Salvando las distancias, el pozo de los Aines es lo más parecido a las famosas dolinas kársticas con agua y vegetación en el fondo típicas de México y climas tropicales.

Pozo de los Aines, en Grisel
Pozo de los Aines, en Grisel
Laura Uranga

Aragón tiene su propio cenote, es el pozo de los Aines y está en la localidad de Grisel. Es una de las joyas de la naturaleza de Tarazona y el Moncayo y, salvando las distancias, es lo más parecido a las típicas formaciones que abundan en México. Estas son dolinas de origen kárstico en cuyo fondo hay agua y vegetación. Un escenario único que no solo se puede ver cruzando el charco.

El hermano pequeño de los cenotes mexicanos es una dolina formada por el hundimiento de estratos calizos y yesosos debido a la acción de las aguas subterráneas. Aunque no hay fechas exactas, según algunos investigadores, el pozo de los Aines no es demasiado antiguo para lo que suelen ser este tipo de formaciones, ya que se cree que se formó en la baja Edad Media.

Se sitúa a menos de un kilómetro del casco urbano de Grisel, población muy próxima a Tarazona. En tiempos, el terreno sobre el que se asienta el pozo perteneció a la iglesia turiasonense. Actualmente la finca de olivos en la que se encuentra es de propiedad municipal, comprada por el Ayuntamiento en 2012.

Desde entonces se han ido realizando mejoras en el entorno para facilitar su visita y hacer de esta una actividad segura. Entre otros servicios, hay un merendero junto al pozo, entre los pocos olivos que quedan, y también se habilitó una zona de aparcamiento para coches. Está en una explanada conocida como el Mirador del Pozo, donde de vez en cuando se desarrollan actos culturales al aire libre.

Acercarse para ver las profundidades del pozo no es apto para quienes tienen vértigo pero, si aun así se atreven, pueden sentirse algo más seguros gracias a la barrera de madera instalada con las últimas adecuaciones. También hay una reja abajo y una plataforma que permite ver la formación a media altura.

El pozo tiene casi 40 metros de profundidad y 22 de diámetro y está iluminado con líneas de luz a dos alturas y focos indirectos. Esto hace que, si de día es bonito, asomarse cuando cae el sol tampoco tiene desperdicio. El fondo suele tener agua y la vegetación que habita allí forma un manto verde. Predominan los líquenes y los nenúfares sobre agua y también crecen unos helechos conocidos como lengua de ciervo. Son típicos de zonas tropicales pero surgen en este pozo por el microclima que se genera en su interior, en total contraste con el ecosistema mediterráneo del exterior.

Foto de Grisel
Pozo de los Aines
Laura Uranga

Cómo llegar hasta el pozo

Para llegar hasta el pozo, si se viaja desde Tarazona o Zaragoza, hay que tomar la carretera local que lleva a Grisel y, una vez en esta, surge una variante, antes de entrar al pueblo a la derecha, con un desvío que señaliza la dirección hacia los Aines.

Otra opción es llegar desde el mirador de La Diezma, en la parte alta del pueblo. En este caso el terreno es de pista y se atraviesa Grisel, pasando por la plaza de la Iglesia y siguiendo todo recto por la calle San Antón. Desde aquí, el pozo está a unos 900 metros, con el último tramo por la variante ya citada.

Antes de llegar, se pasa por el pilar alzado en honor a San Antón y, siguiendo el camino asfaltado, se dejan a la izquierda unas bodegas abandonadas. En este punto se puede aparcar el coche y continuar andando o bien cruzar por el cauce encementado de la acequia de Irués y aparcar en el espacio habilitado más próximo al pozo.

Aunque no son las vistas que ofrece el mirador de La Diezma, desde donde se obtiene la panorámica más completa del norte del Moncayo, la imagen desde las inmediaciones del pozo de los Aines también merece la pena. Desde la explanada que sirve como aparcamiento se puede apreciar todo el entorno, desde las próximas Santa Cruz y Tarazona, pasando por Tudela en el horizonte y los Pirineos al fondo.

El último tramo hasta llegar al pozo se realiza obligatoriamente a pie. El camino, que está señalizado, baja por la parte derecha y lleva, tras volver a cruzar la acequia, a un campo de olivos en cuyo centro se encuentra esta formación que nada tiene que ver con el entorno que la rodea.

Como si de un oasis en medio del desierto se tratara, el pozo de los Aines es un pedazo del trópico que se ha colado entre el bravo clima del Moncayo.

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