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Tercer Milenio

Covid-19

Así avanza la mayor campaña de vacunación de la historia

Semana a semana, partido a partido como en el fútbol, la campaña de vacunación avanza, a un ritmo dictado por el suministro y con orden de prioridad. Por ahora con Pfizer y Moderna, pero llegarán otras.

Está en marcha la mayor campaña de vacunación de la historia, en la que las personas más vulnerables son las primeras de la fila para protegerse frente a la covid.
Está en marcha la mayor campaña de vacunación de la historia, en la que las personas más vulnerables son las primeras de la fila para protegerse frente a la covid.
J. Peteiro / EUROPA PRESS

“Estamos muy contentos. Todo el mundo tendría que ponerse la vacuna para salvarnos, por todo el mundo. Es el único medio que tenemos". Así, entre la emoción y la esperanza, recibía hace unos días la segunda dosis Emilia Nájera, de 80 años, en la residencia Romareda de Zaragoza. Ante una enfermedad contagiosa y sin cura como la covid-19, las vacunas desarrolladas en tiempo récord son "la herramienta que pone en nuestra mano la capacidad de controlar la pandemia –declara Luis Gascón, jefe de servicio de Prevención y Promoción de la Salud del Gobierno de Aragón–, pero, eso sí, junto a las medidas de control de la movilidad y las precauciones para evitar la transmisión, porque tenemos que pensar que esto no se habrá acabado ni con el 10 ni con el 50% de población vacunada, deberemos seguir manteniendo la tensión para normalizar finalmente la vida y retomar el ritmo social".

"El respeto al orden de vacunación debe ser escrupuloso. Las prioridades se han basado en la vulnerabilidad y en la esencialidad"

Los más vulnerables han sido los primeros de la lista: residentes y personal sanitario y sociosanitario que trabaja en residencias de personas mayores y de atención a grandes dependientes. A continuación, personal de primera línea en el ámbito sanitario y sociosanitario. No puede ser de otra manera, aunque esta semana hemos conocido casos de personas con demasiada prisa que se han saltado su turno. "Cada uno debe vacunarse cuando le toque", señala Gascón, "el respeto al orden de vacunación debe ser escrupuloso". Las prioridades se han basado "en la vulnerabilidad y en la esencialidad –indica–, cuando antes esté vacunada la gente que más puede complicarse, de donde salen más ingresos y mortalidad, mucho mejor". Por eso, tras la primera etapa de vacunación, que incluye también al resto de personal sanitario y sociosanitario en contacto estrecho con personas que pueden estar infectadas y a grandes dependientes que vivan en sus hogares, vendrá la segunda: los mayores de 80 años, que se prevé empezar a vacunar en marzo.

Una pandemia de esta magnitud genera una demanda simultánea de vacunas en todo el mundo y, ante una disponibilidad limitada, se ha establecido un orden de prioridad de los grupos de población a vacunar. Considerando criterios éticos, riesgo de enfermedad grave y riesgo de exposición. De forma consensuada en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, donde están representadas las Comunidades Autónomas y el Ministerio de Sanidad, y con una estrategia única –aquí sí– para toda España. Luis Gascón, responsable de la campaña de vacunación contra la covid en Aragón, insiste en que tenemos que "entender que no podemos caer en la ansiedad del cuándo me vacuno yo"

Tras los mayores de 80 años (unos 98.000 en Aragón a los que habría que restar los ya vacunados en las residencias, unos 10.000), "previsiblemente se vacunará a quienes tienen entre 65 y 79 años; son dos grupos amplios de población, cerca de 300.000 personas, lo que exige una cantidad de vacunas importante: 600.000 dosis". Que podrían inocularse "en un mes o en tres meses, pero –explica– no vacunamos todo lo que queremos, sino todo lo que podemos". Semana a semana. "La velocidad de vacunación la marca la velocidad de suministro", dice. Es lo que realmente imprime el ritmo de una campaña condicionada también por tratarse de una vacuna que se administra en dos dosis. Esto "es una complicación logística que exige previsión para tener suficientes dosis que permitan asegurar la continuidad de la vacunación, que no haya parones". Porque entre una y otra dosis debe transcurrir un periodo muy concreto: 21 días en la vacuna de Pfizer, 28 en la de Moderna.

Esta dependencia de lo que llega cada lunes obliga continuamente a adaptarse. El último reajuste de producción del laboratorio Pfizer hace ahora reprogramar calendarios. Y esta semana, el reparto hecho desde desde el Gobierno central dejó a Aragón con menos vacunas que las previstas para garantizar las segundas dosis de otras Comunidades menos previsoras, por lo que aquí "ha habido que tirar de esa reserva de seguridad de 10.000 dosis, no ha quedado otro remedio". "Operativamente y por recursos humanos" Gascón asegura que podríamos poner "cinco veces más de lo que estamos vacunando", pero toca "gestionar la escasez inicial de vacunas y confiar en que el ritmo de llegada va a ir siendo mayor y por tanto se incrementará el ritmo de vacunación".

Cuando nos llegue el turno, no nos pondrán a todos la misma vacuna. Y nadie podrá elegir cuál ponerse. Desde la Comisión Europea se coordina y negocia la compra de vacunas. A España, y a Aragón, ya han llegado las de Pfizer y Moderna. Y la siguiente será la de AstraZeneca, desarrollada en la Universidad de Oxford, una vez que sea aprobada por la Agencia Europea del Medicamento, seguramente en febrero. Después, explica el inmunólogo Ignacio Aguiló, se espera "Curevac, que es una vacuna ARN similar a las de Pfizer y Moderna; la de Johnson and Johnson, que es un vector viral adenovirus, similar a la de AstraZeneca, aunque diseñada para poner una dosis en lugar de dos; y Novavax, que es la proteína S directamente junto con un adyuvante, y de este tipo todavía no hay ninguna aceptada. Ninguna de estas tres vacunas ha presentado datos de eficacia por lo que aún faltan algunos meses para que las veamos".

Un gran reto logístico

Producir y distribuir millones de dosis en todo un planeta, con las complicación de mantener las cadenas de frío, especialmente en los países más pobres, es un inmenso reto logístico. "Supongo que no nos damos cuenta de la complejidad del asunto", dice Aguiló. "Lo que está claro es que, dada la demanda que hay, únicamente con las vacunas de Pfizer, Moderna y AstraZeneca no va a ser suficiente para vacunar en los tiempos que esperamos –nos hablan de verano de este año–. Hace falta que los ensayos clínicos del resto de vacunas vaya avanzando para que puedan ser aceptadas y salir al mercado, y que haya dosis suficientes para acelerar el ritmo de vacunación".

Hay otras vacunas en marcha, como las que, con otra inversión, desarrolla el CSIC en España. La candidata más adelantada –que consiste en generar vectores virales basados en una modificación del virus Vaccinia para transportar la proteína S del SARS-CoV-2 y estimular la defensa inmunitaria– muestra una eficacia del 100% en ratones, pero falta recorrer el camino hasta probarlo en humanos. También en el Centro Nacional de Biotecnología, otro equipo aplica la genética reversa para conseguir una versión no virulenta del virus, de forma que infecte las células pero no se pueda propagar. "La fuerza de esta propuesta –explica el investigador Alejandro Sanz– es que tendríamos todo el repertorio de proteínas del virus, no solo S, lo que hace esperar una respuesta inmunológica más completa. La desventaja es que requiere mucho tiempo probar su seguridad".

Mientras tanto, la situación epidémica irá cambiando conforme avance la inmunización, que "va a dejar amplios subgrupos de población con un menor riesgo de sufrir las consecuencias de la infección por coronavirus; precisamente aquellos grupos más vulnerables y aquellos grupos de profesionales esenciales en los servicios de cuidados", explica Enrique Bernal, investigador del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud que colabora con el Observatorio de Sistemas y Políticas de la OMS en Europa y asesora a la Consejería de Sanidad. "No habremos llegado todavía a la inmunización del conjunto de la población (o al menos al 70%), pero, una vez vacunadas, las personas que más nos tienen que preocupar tendrán un riesgo mucho menor de desarrollar covid-19 con sintomatología moderada o grave y verán reducido el riesgo de morir". 

El objetivo de las vacunas actuales, indica, "no es erradicar la infección, sino prevenir sus consecuencias, lo que nos permitiría adoptar medidas restrictivas menos severas, pero ¡cuidado! –alerta–, las medidas de protección personal deberán mantenerse durante tiempo: las vacunas no erradican el virus, disminuyen sus efectos sobre la salud de las personas". Son el principio del fin, pero no el final de la pandemia.

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