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Opinión

CUENTOS DE DOMINGO. OPINIÓN

Retrato de Laura Uranga y Pablo Ferrer: palabras necesarias y lenguaje de luz

La gran semana de la fotógrafo y del periodista: casi tres años contando los secretos de un Aragón lleno de sorpresas y de personajes increíbles

CULTURA Y OCIO. Premio Ortega y Gasset a Laura Uranga y Pablo Ferrer / 19-11-2020 / FOTO: GUILLERMO MESTRE[[[FOTOGRAFOS]]]
La fotógrafa Laura Uranga y el periodista y melómano Pablo Ferrer.
Guillermo Mestre.

Pablo Ferrer y Laura Uranga nos deslumbran a diario con lo mejor que saben hacer: capturar el aliento de la vida, que es, en cualquier lugar de Aragón, y de los distintos rincones del mundo, infinita, inagotable, sorprendente, un manantial incesante de asombro, de belleza y de fábulas. Ellos son los periodistas andariegos que no desdeñan ni el vuelo de una mosca: todo es susceptible de ser observado, interiorizado y contado con las palabras necesarias y con el lenguaje de la luz, oro del sol, azul del cielo, verde de la montaña y los bosques, pardusco de llanos, vegas y vaguadas. 

Llevan alrededor de tres años viajando de aquí para allá, primero para esa sección que es ‘Aragón. Pueblo a pueblo’, donde rinden homenaje a un maestro del oficio, Alfonso Zapater, tan recordado. Esa serie ha sido distinguida por los premios Ortega y Gasset y también por la Asociación de la Prensa de Aragón con una mención, y tiene continuación en otro proyecto quizá más depurado: ‘Aragón es extraordinario’.

Pablo y Laura forman un tándem ideal que se ha ido perfeccionando kilómetro a kilómetro, criatura tras criatura. Pablo es reportero para todo y de todo: humilde, curioso, infatigable y escucha como nadie. Es un prosista que cultiva el ingenio y la exactitud. Su especialidad es la música, todas las músicas, pero también podría ser un formidable cronista de tenis, deporte que asimiló jugando, viendo partidos y oyendo las magistrales lecciones de su padre. 

Laura es una pamplonesa que fue una imparable nadadora en la adolescencia. Es una meticulosa reportera, retratista de cuerpos y almas, y paisajista. Domina la panorámica, la arquitectura y posee un don que ha desatado la curiosidad de otro sabio del mirar que es José Miguel Marco: captura los rayos del sol como si quisiera deshilacharlos en colores, en líneas precisas y en hebras puras. Si Pablo considera que todo es mejorable, ella siempre anhela una foto más. La definitiva. ‘Aragón. Pueblo a pueblo’ probó que en todo el territorio había paisanos soñadores y emprendedores utópicos dispuestos a desafiar la adversidad.

Ahora, el método es diferente: es la foto, soberbia y hermosa, la que abre camino al texto, que ensaya otro discurso narrativo. Pablo y Laura defienden el oficio de soñar: la vida está en todas partes y asumen su tarea de contarla como si el mundo en marcha acabase de ser inventado.

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