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La irlandesa Imelda May cierra el Bourbon Festival: "La imperfección es sexi"

El concierto de este viernes 10 de junio en Zaragoza (Teatro de las Esquinas, 22.00, 30 euros) cuenta además con la prestigiosa cantautora  neoyorquina Rachael Sage como telonera.

Imelda May, durante un concierto reciente.
Imelda May, durante un concierto reciente.
HA

Después de nueve noches de altura en el Rock & Blues, organizador del invento, el Bourbon Festival cierra su trigésima edición (sí, 30) con el concierto de la irlandesa Imelda May en el Teatro de las Esquinas  de Zaragoza. En la última semana se ha conocido un aliciente añadido para acercarse a la confluencia de Vía Univérsitas con Duquesa Villahermosa esta noche: la presencia para completar el cartel de la neoyorquina Rachael Sage, encargada de abrir la actividad.

Sage no es una telonera al uso; su carrera abarca un cuarto de siglo, 14 álbumes y el reconocimiento unánime de su pares en la escena independiente estadounidense. May, por su parte, cuenta con una parroquia fiel en Aragón, sobre todo desde sus presentaciones en el Luna Lunera de Sos de 2010, Pirineos Sur en 2014 o la Caravana de Pirineos Sur en Aínsa hace ahora un lustro. No se le han borrado. “Claro, es imposible olvidar aquél escenario medieval de Sos, el lago del Pirineo o el castillo de Aínsa. Son conciertos que se quedan en la memoria”.

La neoyorquina Rachael Sage.
La neoyorquina Rachael Sage.
HA

La dublinesa, que nació en 1974 y lleva cantando profesionalmente desde los 16 años, está disfrutando mucho del actual tour, en el que defiende las canciones incluidas en su último álbum, ‘11 Past the hour’ (2021). “El hecho de no haber podido girar con normalidad en los últimos años hace que sea más placentero volver a encontrarte con la gente; por si fuera poco, la reacción está siendo la mejor de siempre en mi carrera, y empecé a tocar en los pubs de mi ciudad muy joven, así que imagínate. Recibo cartas, mails, mensajes en las redes… es todo cariño, la gente me quiere y no sabes cómo lo agradezco”.

Imelda May, con el tupé rubio que solía llevar antes de 2016, durante su actuación de Pirineos Sur en 2014.
Imelda May, con el tupé rubio que solía llevar antes de 2016, durante su actuación de Pirineos Sur en 2014.
Rafael Gobantes

May cambió radicalmente de estilo hace unos años, del rockabilly puro a la introspección y la emotividad, del tacón en la madera al guante negro de seda, aunque en sus conciertos sigue habiendo hueco para ambas vertientes. “Sí, ya va para seis años de ese cambio. Creo que para cualquier artista, para todo el que crea, seguir cambiando es bueno y necesario. Así es la vida, aceptas el cambio y aprendes, vas adelante con ello; resulta muy limitante tratar de seguir siempre exactamente igual. Soy afortunada además por los compañeros de viaje y banda, que son abiertos de mente y entienden esa evolución”.

Sobre su querida Irlanda solo tiene palabras de adoración, con un punto de orgullo quedón. “¿Sabes por qué cantamos tanto en Irlanda? Porque el tiempo no acompaña, pasamos mucho frío y llueve un montón, así que vamos al pub o nos reunimos junto al fuego, cercanos los unos a otros... y cantamos. En el circuito de pubs la meta era que la gente volviese a casa cantando, felices, y eso sigue vigente hoy. Las canciones son historias, poesía. Si conoces a Eamon Kelly, uno de los últimos contadores de historias por los pubs de Irlanda, encontrarás la esencia de esa sensación".

May explica que "en Irlanda, además, cada pescador tiene su canción; hace poco, en Valencia, le pregunté a un pescador por la suya y me dijo que no tenía. Le dije que debía buscarla. Kelly decía que un hombre sin una historia que contar era tan bienvenido como una gota de agua bendita en el whisky del diablo”.

Por cuestión de edad, Imelda May no pudo conocer a uno de los grandes héroes de la música irlandesa del último medio siglo, Phil Lynott, pero sí trató con el también desaparecido Gary Moore, su compañero en Thin Lizzy. “Fue cuando era muy joven, y fue genial. Un increíble guitarrista, maravilloso, brillante de verdad también como escritor y poeta. He tenido suerte: también pude grabar con Tony Visconti, productor de Lou Reed y David Bowie, y mucha otra gente que me ha aportado un montón como artista”. May también ha trabajado con T-Bone Burnett, Noel Gallagher, Jeff Beck o el ‘stone’ Ronnie Wood, por ejemplo.

La irlandesa insiste en sus motivaciones a la hora de crear. “Lo único importante para mí es la honestidad al escribir, y permitirme ser vulnerable, porque eso me lleva a resultar veraz. Así se conecta con la gente, es la única manera real, desde el corazón, especialmente en estos tiempos de redes sociales tiranas y tanta gente intentando alcanzar lo que se ha dado en llamar perfección. Yo voy por el camino opuesto, la imperfección es sexi, y la belleza está en dejar hablar al corazón, quitarte la ropa al escribir y quedarte desnuda, ser un blanco fácil para mi propia creación”.

May finaliza su pequeño alegato con un refuerzo. “Este tour actual lo hago porque creo en el amor, y la mayoría de mis canciones hablan de ello; no solo en el amor romántico, sino en un concepto universal, de conciencia colectiva. Trabajo muy duro para mandar a la gente a casa con el corazón lleno, que sientan la electricidad de la música”.

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