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entrevista

Adriana Abenia: "Cada vez tenemos la piel más fina"

La presentadora zaragozana asegura que vive "un momento profesional excelente" y también comenta la polémica en la que se ha visto envuelta en los últimos días.

La presentadora zaragozana Adriana Abenia.
La presentadora zaragozana Adriana Abenia.
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Adriana Abenia se ha visto envuelta en los últimos días en una polémica a raíz de una publicación en sus redes sociales. La zaragozana abrió un debate en relación a un anuncio de bañadores que generó diversidad de opiniones y se consideró que fomentaba la "gordofobia".

La presentadora asegura que se encuentra "en un momento profesional excelente" y que está "tremendamente feliz", de hecho, este mes comienza a grabar un nuevo programa en Madrid, que compaginará con sus campañas publicitarias en redes. Amable, honesto y divertido tiene que ser un proyecto para que una sonrisa se dibuje en la cara de Adriana Abenia.

¿Cómo prepara la época estival?

Me da la sensación de que el invierno ha sido eterno. En Madrid no ha dejado de llover y siento la necesidad de sol y de disfrutar de la alegría de una terraza con amigos o de agradables paseos por la ciudad.

Este verano, ¿Aragón estará en su lista de destinos?

Aragón es un sitio maravilloso al que acudo menos de lo que me gustaría. Recuerdo que cuando era más joven adoraba perderme en cualquier fecha del año con mis padres por el Pirineo aragonés, es una joya. Estoy obsesionada con volver a fotografiar la Estación de Canfranc, caminar por el Parque Nacional de Ordesa con Sergio y Luna o comerme unas exquisitas migas -si alguien tiene a bien preparármelas sin gluten (risas)- en algún lugar de allí. No son pocas las personas que no entienden que no visite más mi tierra. La realidad es que, por mucho que a mí me apetezca, no existe ya un vínculo con la televisión que me vio nacer, a la que tanto cariño tenía, y donde he disfrutado presentando con éxito programas como 'Dándolo Todo', 'Me gusta Aragón', 'Campanadas', 'Galas de Nochevieja'… dándole una gran visibilidad a Aragón TV en revistas, medios digitales y periódicos fuera de su perímetro.

¿Cuál es su plan preferido de verano?

De pequeña lo pasaba pipa en Salou, creo que toda la Zaragoza de mi época lo hacíamos. Recuerdo con cariño nuestros viajes en familia de ida y parar en la estación de servicio en Lérida a tomarnos un delicioso bocadillo de tortilla de patata y gazpacho hechos por mi madre. Hoy en día, divido mis vacaciones entre Ibiza y Zahara de los Atunes. De la primera me fascina el encanto de sus carreteras serpenteantes que acaban en calitas en las que, en las fechas que viajo, solo escuchas el sonido del mar. Me seducen también sus casitas blancas, los amigos con los que coincido allí, sus bullit de peix y arroces, la música de sus chiringuitos... Por otro lado, Zahara tiene las puestas de sol más bonitas del mundo, la calidez de los andaluces y El campero de Zahara, un sitio al que siempre acudo a comer donde cocinan todo con harina de maíz, hasta los calamares fritos, y eso para una celíaca como yo ya es motivo más que suficiente para bajar hasta allí (risas).

Hace 14 años que está en televisión, ¿cómo ha cambiado Adriana Abenia desde entonces?

Empecé siendo muy joven, sin expectativas y no sabiendo muy bien por qué me había metido en semejante ‘fregao’. A lo largo de estos años, he ganado seguridad en mí misma, he aprendido de los más grandes y he entendido la letra pequeña de este trabajo. También he comprendido que triunfar significa no imitar a nadie e intentar conservar como sea tu identidad, tu esencia. Lo que te hace diferente es lo que te distingue del resto. Al principio de mi carrera hice lo posible por conservar mi acento maño, pero lo he perdido por completo. Lo que no he aprendido es a callarme, muchos compañeros prefieren abstenerse de expresar lo que piensan para que no les caiga la del pulpo y así gustar a la mayoría, pero creo firmemente en la libertad de expresión y, aunque mi vida sería más sosegada, esa no sería yo.

Ha pasado más de una semana desde la publicación de la reflexión sobre el bañador, ¿cómo han sido estos días?

Es una realidad que cada vez tenemos la piel más fina, ya ni desde el respeto se puede generar un debate interesante. El mundo está polarizado: es blanco o es negro, no hay puntos intermedios. Si fuera una persona con un físico diferente al mío, menos rubia y menos famosa, el resultado habría sido bien distinto. Hay gente que cancela tus palabras solo por decirlo tú y que ni tan siquiera han leído o escuchado lo que has planteado. Es como el juego del teléfono roto: interpretan tus ideas a través de otras personas que sirven de amplificadores y que a su vez intuyen haber entendido de qué va la historia por otros, es muy gracioso y triste a la vez. Pero, nos guste o no, la obesidad es una enfermedad, así como la anorexia. Nadie ha hablado de estética, solo de salud.

¿Pensaba que se iba a generar esta polémica?

Abrí un debate en mis redes, más acertado o no, pero un debate al fin y al cabo, tan sencillo como eso. Fue una compañera la que le dio un sentido diferente y sobredimensionó mis palabras, contestando de una manera que las convertía en algo que no eran. Hay gente que vive de eso, de adoctrinar a personas que se sienten identificadas con el personaje en cuestión, y es muy respetable esto último, pero no nos olvidemos que hay muchos intereses en tergiversar las palabras y rellenar podcasts. Cuando tenían un cuerpo normativo y trabajaban en televisión no decían ni defendían nada de todo esto. Observo que falta coherencia en los discursos. El resultado de ese debate ha sido un aquelarre de gente que ha vomitado su odio en redes, sin argumentar absolutamente nada. Muchos personajes públicos nos iremos de las redes por temor a ser acosados si nadie pone límites.

¿Volvería a publicar lo mismo ahora?

Pienso exactamente lo mismo, mi único error fue señalar un ejemplo en concreto porque había otros mucho más representativos. La marca de bañadores debería pagarme un dineral por la publicidad que les he hecho sin pretenderlo (risas). Está muy bien que haya más tallas que nunca para que todas podamos vestir como nos dé la gana, esa es una gran noticia, pero la realidad es que las marcas tan apenas fabrican las tallas de las que presumen disponer porque no hay tanta demanda. Y, en demasiadas ocasiones, no existen tallas grandes en las tienda físicas, has de comprarlas ‘online’. La imagen de "hay tallas para todas" se trata de una acción muy estudiada de marketing, más que un hecho.

¿Cree que hubo un malentendido?

Creo que ha habido gente interesada en crearlo. Que decía sorprenderse de la magnitud que había cobrado esto, pero seguía colgando la publicación y las historias acerca de lo mismo para darle continuidad.

¿Le gustaría aclarar algo en relación a la publicación?

La verdad es que no. Los que han querido entenderlo, lo han hecho. Incluso hice un vídeo en Instagram, pese a no haber necesidad. Tampoco se puede enarbolar la obesidad como bandera de “feminismo”, la gente mezcla churras con merinas, no se debe vender como algo sano lo que no lo es.

Le han lanzado críticas, ¿cómo se asumen los calificativos en las redes sociales?

No lo digo yo, lo dice la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad es una enfermedad, nos moleste más o menos. Los insultos y descalificaciones son el arma de gente tremendamente infeliz y que no tiene argumentos para expresar lo que siente o piensa. Hay mucha frustración en la sociedad de hoy en día y la gente no sabe canalizarla.

Se ha visto solo una parte de la polémica, ¿también ha recibido mensajes que defendían su postura?

Ha sido increíble la cantidad de médicos, nutricionistas, programas de televisión y compañeros de profesión que han suscrito mis palabras. Muchos lo han hecho en público y otros en privado ya que temían dar su opinión por miedo a que los llamasen "gordofóbicos" o "les hicieran un traje". Os sorprenderíais…

¿Considera que las redes sociales son un arma de doble filo?

Las redes sociales son una fantástica herramienta para tener voz, pero otras tantas se convierten en el diablo. Recuperando tu pregunta de antes, a lo largo de estos años también he aprendido a discernir a qué darle importancia y a qué no, y que la actualidad son dos días. Y que pasado mañana esto ya no será noticia.

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