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aragoneses con historia

¿Sabías quién fue Miguel Fleta? El albalatino más universal

Con motivo del aniversario de su nacimiento, profundizamos en la figura de este aragonés que pasaría a la historia de la música.

Monumento a Miguel Fleta junto a su tumba en el cementerio de Zaragoza.
Monumento a Miguel Fleta junto a su tumba en el cementerio de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Aragón puede presumir de haber visto a nacer a grandes personalidades que han hecho brillar nuestra tierra. Figuras que se han convertido en auténticos referentes y han pasado a la historia por su contribución, desde sus respectivos ámbitos, al avance de la sociedad, la cultura o la ciencia.

Hoy, con motivo del aniversario de su nacimiento, profundizamos en la figura del mejor tenor aragonés de la historia: Miguel Fleta. Tal día como hoy en 1897 vino al mundo en Albalate de Cinca, siendo el último de catorce hermanos. Con marcada vocación musical desde niño, sus primeros pasos musicales fueron en la rondalla de su pueblo, donde una placa marca su casa natal, y tiene calle y busto propios. Su primera instrucción musical estuvo a cargo de su padre y de Lázaro Uriol.

Fue en septiembre de 1917 cuando se presentó en un concurso de jota celebrado en Villanueva de Gállego. Allí lo oyó el gran jotero Miguel Asso, elogió su voz y le recomendó que se presentara al Certamen de Jota del Pilar. Y aunque no obtuvo galardón alguno, el público le aplaudió a rabiar. Después marchó a Barcelona, donde continuaría formándose de la mano de Luisa Pierrick. La que fuera su maestra se convertiría con el tiempo en madre de dos de sus hijos. Una relación que fue apagándose hasta su separación definitiva en 1926. Años más tarde se volvería a casar en Salamanca con Carmen Mirat, con quien tuvo otros cuatro hijos.

El albalatino, que a los 22 años ya había debutado en uno de los grandes coliseos europeo, llegó a lo más alto en el canto lírico mundial. Su voz excepcional cubría desde el barítono hasta el tenor. Triunfó en Londres, París, Milán, Nueva York, China, México… y por supuesto, en Barcelona y Madrid, en cuyo Teatro Real fue un verdadero ídolo. También en Huesca y Zaragoza, donde era conducido entre multitudes.

En una de las visitas que hizo a Zaragoza, una vez granjeada su merecida fama por las óperas de medio mundo, habló para este periódico. Era mayo de 1925. El tenor detalló, entonces, visiblemente emocionado, lo que sentía tras aterrizar en la capital aragonesa tras una larga ausencia, tal y como publicamos en las páginas de HERALDO: "No es solamente la emoción de cantar ante los míos lo que me embarga. Es otra cosa más honda, más del alma. Es la idea de cantar para la Pilarica”.

El 29 de mayo de 1938 moría en La Coruña, a la temprana edad de 41 años tras un proceso renal agudo y un final artístico prematuro. Se apagaba así la voz y la vida del mejor tenor aragonés de todos los tiempos. Ese día moría el hombre y nacía el mito. Aunque fue enterrado en la ciudad gallega, sus restos fueron trasladados dos años después al cementerio de Torrero, en Zaragoza. En el centenario de su nacimiento, el Ayuntamiento colocó un busto conmemorativo al más universal de nuestros cantantes líricos en el panteón en el que fue inhumado definitivamente en 1959.

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