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Miguel Fleta Estapa: "Mi abuelo me conmovía por su ternura y sensibilidad"

Miguel Fleta Estapa, uno de los nietos del tenor, evoca la vida de su familia, los viajes y las visitas de Luisa Pierrick.

Miguel Fleta Estapa visitó Zaragoza para ver el montaje ‘Pasión y gloria’ en el Principal
Miguel Fleta Estapa visitó Zaragoza para ver el montaje ‘Pasión y gloria’ en el Principal
José Miguel Marco

Miguel Fleta Estapa (Barcelona, 1950) es nieto de Miguel Burro Fleta, el cantante Miguel Fleta (1897-1938), al que no llegó a conocer, pero que era leyenda en su casa, objeto de recuerdos y comentarios. Sí conoció a su abuela Luisa Pierrick, que fue mentora, amante, compañera y guía del tenor, con el que tendría dos hijos, Miguel y Alfonso, que haría carrera como tenor cómico sobre todo en Bélgica, con el nombre de Pierre Fleta.

"También mi padre, Miguel Fleta Pierrick, cantó, pero acabó dejándolo. Yo he hecho mis pinitos, toqué el piano, hice los cinco años de solfeo en dos, estudié en el Liceo, y mi propio padre me dijo: “Esta profesión es muy difícil. Si no eres uno de los grandes, se sufre mucho”. Y yo he aprendido, con el paso del tiempo, que el artista verdadero se ha de casar con la música". Pese a ello, desde su juventud canta pasodobles, boleros, cumbias, tangos, etc., y anima horas y horas los bailes y verbenas de los ‘casales’, los centros cívicos de Barcelona.

Miguel Fleta creció en una casa de artistas en Barcelona. Por ella, pasaban muchos cantantes famosos: Josep Carreras, Jaume Aragall, Montserrat Caballé, Bernabé Martí... "Mi padre lo apoyó en su carrera, lo acogió en nuestra casa y le ayudaba a resolver algunos problemas de inseguridad. Bernabé le preguntaba muchas cosas. Compartimos habitación durante un tiempo. Tengo muy buenos recuerdos de él, casi como un hermano más, aunque era un joven callado, retraído, que no hacía mucho estaba en su pueblo de Villarroya de la Sierra. A mi padre le gustaba recordar que lo llevó a su boda en el monasterio de Montserrat en su 600".

Por la casa familiar de Barcelona, dice Miguel Fleta, venía alguna vez la profesora belga Luisa Pierrick, su abuela. "Siempre traía algún regalo, vivía en París, y no solía hablar mucho de mi abuelo", recuerda. La pareja se separó en 1926 tras una gira del tenor por Estados Unidos, donde se escribió que vivía un romance con la actriz Bebe Daniels. "Luisa venía con su perrita, a la que solía darle magdalenas con café con leche. Y una de las cosas que más le gustaba era medirnos cada vez que venía, a mí y a mis dos hermanos. Nos ponía al lado de la pared y con un lápiz marcaba una señal. Al siguiente año volvía a hacerlo y nos decía: “Mira, cuánto has crecido”. Claro que me habría gustado que nos hablase más de mi abuelo".

Viaje a Cuba, torre en Francia

En cambio, quien sí lo hacía era su padre, Miguel Fleta Pierrick. "Intentó hacer carrera, pero se desfondó pronto y se sumó al negocio de productos del vino de mi abuelo materno, en el que yo también trabajé antes de dedicarme durante 38 años a la banca. Y dejó aquella pasión, aunque nunca perdió el vínculo con su padre. Nos contaba algunas cosas: aquel viaje a Cuba con sus padres, donde Miguel Fleta triunfó en la isla. El día que se iban a ir, lo llamó el empresario y le dijo que tenía que cantar por la mañana. Mi abuelo le explicó que no había tiempo, o se podía variar la salida del barco. En teoría, el barco salió a la hora, pero hizo como una ruta de dilación; cuando Miguel Fleta concluyó el concierto, una barca lo acercó hasta la nave donde lo esperaban los pasajeros, mi padre y Luisa". Su padre también le contaba que había estado en la torre de Vilefranche-sur-Mer. "La fui a ver hace 40 años. Era impresionante: tenía un puerto de mar privado. Se vendió cuando Alfonso pasó por una etapa de dificultades económicas", apunta.

Miguel esboza una sensación final: "Poco a poco, fui sabiendo quién era nuestro abuelo. Uno de los tenores más grandes del mundo. Me conmovían su ternura, su sensibilidad y su buen gusto".

"El montaje cumple su papel a la perfección"

Este domingo se despide del Teatro Principal el montaje ‘Miguel Fleta. Pasión y gloria’, que hace recuento de la vida del tenor a través de la voz y la figura, imaginarias, de su mujer, a la que da vida la cantante Melanie Moussay. "Me ha gustado mucho el montaje. Es sencillo, y cumple su papel a la perfección. Se percibe el mundo de mi abuelo, su vida, sus éxitos, las óperas donde dio lo mejor de sí mismo", apunta Miguel. Y dice que es un montaje que acerca al cantante a los jóvenes. "Me ha gustado todo: los cantantes, Eduardo Sandoval, Nacho del Río, el cuerpo de baile, la escenografía, las imágenes y los músicos: ese pianista, que lleva la dirección, los guitarristas. A veces parece que oímos a una orquesta".

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