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Pilar Palomero: "Mi padre me dijo: ábrete al mundo, cumple tus sueños"

Es la cineasta revelación en un año en que un 41 % de mujeres optan a los Goya. Esta noche puede ser una de las más hermosas de su vida

Pilar Palomero opta hoy a nueve Goyas.
Pilar Palomero (Zaragoza, 1980) está viviendo con ‘Las niñas’ emociones y éxitos que van mucho más allá de sus mejores sueños.
Toni Galán.

Las jóvenes actrices de ‘Las niñas’ la adoran. ¿Qué les dio?

Ja, ja, ja. Son muy majas. Lo que buscaba en el castin es que fueran un grupo de chicas con las que me iba a llevar bien, con las que iba a conectar. Eso fue fundamental. Evidentemente, siempre había un riesgo pero resultaron ser maravillosas. Me encanta lo amigas que se han hecho. Me hicieron una más de su grupo en el rodaje. Por eso no me canso de repetir que fueron las seis semanas más maravillosas de mi vida.

Todo empezó porque un día usted encontró unos cuadernos suyos… ¿De qué edad?

Tenía muchos. Pero en concreto, el de religión, el de la redacción, fue de 1992. Como en la película.

¿Qué sucedió cuando los encontró o los recobró?

Fue hace mucho. Siempre los he tenido ahí. No estaban perdidos ni fuera de control. En mi casa, donde vivíamos antes, mis padres guardaban todo. Y yo también por mi manera de ser. Me gustaba atesorar libretas, recuerdos, cajas con cosas acumuladas, cartitas, notitas, entradas de cine, todo eso. En una ocasión vi el cuaderno, vi la redacción, lo hojeé, y me llamó la atención.

¿Por qué?

Por aquel dictado sobre la educación sexual, la castidad, el matrimonio. Y poco a poco fue surgiendo la idea de hacer una película. Y no fue tomando forma como guión hasta 2017.

¿Cuál fue el momento clave? Usted trabajó en Aragón TV, le apasionaba la fotografía, escribía cuentos, pero repasando su biografía no parecía que quisiera ser cineasta por encima de todo.

No. La decisión la tomé cuando me marché a Sarajevo en 2013. Y antes de eso el cine para mí era un sueño, un deseo, una ficción, pero no me había propuesto que fuera mi oficio. Y a raíz de irme a Sarajevo, lo dejé todo, dejé el trabajo, dejé mi ciudad, estaba dando clases, y nada, y ahí sí que fue una decisión consciente de decir: «Vale. Si me voy y lo dejo todo es porque me voy a dejar la piel en el intento». También era consciente, igual que lo soy ahora, que una película no es una carrera y que hay que seguir haciendo películas, luchando, trabajando. Y vamos, estoy dispuesta. Quiero que este sea mi camino.

Pase lo que pase esta noche en los Goya seguirá con ‘La maternal’ y acaba de reunirse en Barcelona con ‘La Maternale’...

‘La maternal’ es drama amable y luminoso, con algo de humor. La historia de la joven Carla, de 14 años, que se queda embarazada.

En la noche de los premios Feroz recordó a su padre y dijo que cuando usted se veía cobarde fue él quien la empujó y le hizo creer que podía hacer cine.

Sí. Es así… Mi padre era ingeniero agrónomo, mi madre estudió Física y fue profesora de Matemáticas. Cuando les dije que quería estudiar cine me apoyaron. Pero, claro, el punto de inflexión fundamental sí que fue el viaje a Sarajevo para integrarme en el Máster en Dirección de Cine en la Film Factory en 2013, y ahí me costó mucho tomar la decisión. Tenía un trabajo muy bonito, con un contrato indefinido en un momento en que salíamos de una crisis económica. A mi madre también le daba un poco más de miedo; en esos temores me parezco más a ella. Y mi padre, tengo muy nítido el recuerdo, me coge y me dice: "Pilar, vete. Hazlo. Ábrete al mundo. Vive tus sueños". Eso se me quedó grabado… Cuando estás aquí, en la antesala de los premios Goya, ves que ha valido la pena.

Para usted ha sido muy importante el director húngaro Béla Tarr. ¿Qué le enseñó, cómo fue esa época de tres años?

Béla Tarr es una eminencia. Es un genio de un cine muy concreto, cine de autor, y también tiene una forma de ver el cine cien por cien artística. El cine entendido como arte y no como entretenimiento, sin querer decir que no puedan ser ambas cosas a la vez. Como maestro tenía muy claro una cosa que nos repetía siempre: «No se puede aprender a hacer cine y yo no puedo enseñaos a ser cineastas». Lo único que quería hacer, lo único que deseaba hacer, y por eso había creado un programa, era apostar por gente en la que había visto algo y ayudarnos a hallar nuestra voz y acompañarnos en ese camino de por qué queremos hacer cine, qué cine queremos hacer (y yo quería hacer un cine de emociones), y eso fue lo que me llevé de allí…

O sea, confió en usted.

"Las primeras versiones del guión eran más radicales, yo diría que era como un retablo, de escenas sueltas, casi inconexas, de momentos en el colegio, que fui acotando en el bonito y extenso proceso de documentación. Hubo una versión del guión en el que eran tres hermanas".

Sí. Y yo decidí que era cineasta aunque estuviera grabando mis cortos con mi cámara pequeñita, y distribuyéndolos de una manera muy casera. Era cineasta. Y eso era como un primer paso importante que había que dar: creértelo. Me repetía: "Eres cineasta, Pilar. Y es lo que quieres ser".

¿Tuvo siempre claro que su película era como un viaje: el intento de hallar una voz, su propia voz, pero también la voz de una niña que no se atreve a cantar en el coro?

No, se va fraguando poco a poco. Las primeras versiones del guión eran más radicales, yo diría que era como un retablo, de escenas sueltas, casi inconexas, de momentos en el colegio, que fui acotando en el bonito y extenso proceso de documentación. Hubo una versión del guión en el que eran tres hermanas. Y la escena del coro, que abre y cierra ‘Las niñas’, siempre existió en mi cabeza porque esto si es verídico: yo solo movía los labios en el coro como otras amigas en clase. Al ir escribiendo el guión yo también fui encontrando esa unidad. El propio personaje de Celia me fue llevando ahí…

¿‘Las niñas’ es una película sobre la sexualidad o la educación?

La propia educación. Y por supuesto también refleja el desajuste que se producía entre lo que se vivía en la calle, la aparente modernidad del país, y lo que podía suceder en las aulas. Pero también es una película sobre la encrucijada de la pubertad y el hecho de despertar a los secretos de la vida y de la propia familia. Y es una película de ficción sobre mi ciudad y a partir de mi memoria.

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