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Ocio y Cultura

LITERATURA CLÁSICA. OCIO Y CULTURA

Emilio del Río: “El poeta Marcial fue el tuitero de su época”

Nacido en La Rioja, en 1963, el profesor, escritor y divulgador de los clásicos en RNE publica en Espasa ‘Calamares a la romana’

Emilio del Río publica 'Calamares a la romana' (Espasa).
Emilio del Río, un sabio de clásicos y enamorado de Borges, ayer en Madrid.
Enrique Cidoncha

¿Qué le llevó a los clásicos?

Por un lado, cuando uno se decide por una profesión es porque ha tenido buenos profesores en esa materia. Las palabras lo dicen todo porque somos lenguaje: ‘magister’ es el que es más. Y por eso son tanta importantes los maestros y les debemos reconocimiento y, por tanto, más sueldo. Albert Camus, cuando le dieron el Premio Nobel, escribió a su madre y después escribió a su maestro para darle las gracias en una carta maravillosa e inolvidable.

¿Y por otro lado?

Los clásicos son fascinantes. Y son clásicos, además, porque ayudan a interpretar el mundo que nos rodea, ayudan a conocernos a nosotros mismos, y a tener más conocimiento y sentido crítico y a ser más libres. Los clásicos son la libertad. Y son clásicos porque han dado siempre respuestas a las preguntas que hemos hecho durante miles de años.

Usted ha tenido una vida pública muy intensa: ha sido político...

Nadie es perfecto. Y lo digo oficialmente.

Ja ja ja. ¿En qué le han ayudado los clásicos?

A tener compromiso con lo común, con lo que es de todos, y a entender la ‘res pública’ desde su concepto de ciudadanos con absoluta honestidad y libertad. Hay un momento en la ‘La vida de Brian’ que alguien pregunta qué han hecho estos cabrones por nosotros. Y empieza uno: las carreteras, la seguridad, el vino. Hay varias cosas más: nos han dejado el latín, nos han dejado el derecho romano, el humor.

¿El humor?

Sí, sí. Una de las grandes contribuciones de los romanos es el humor. Eran graciosos y se reían de todo, empezando por ellos mismos. Si nosotros lo hiciéramos un poco más, nos iría mejor.

¿Cómo es su biblioteca de clásicos y cuántos volúmenes tiene?

Unos cuantos miles, en varias habitaciones y un trastero, aunque no los he contado miles. Una biblioteca es una biografía también, y es una de las cosas más íntimas. Tengo todo lo que he podido tener de los clásicos griegos, latinos, los humanistas, en literatura española y universal. Mi tesis doctoral fue sobre tradición clásica. Además de todo Borges, que es mi gran maestro, y conél Gustave Flaubert y Chesterton, también Virgilio, claro; tengo libros antiguos de Quintiliano. Leer es uno de los secretos de la felicidad.

Háblenos de Marcial, que es el gran protagonista de su libro. Casi elabora una guía de vinos, escribe del matrimonio homosexual, de los ruidos de Roma...

Marcial es uno de los grandes de la historia de Roma, un paisano nuestro que ejercía de hispano en Roma, hablaba de Hispania y formaba parte de una especia de lobby hispano en Roma. Sin él no se entiende la historia de la literatura española: Quevedo, por ejemplo.

¿Y Alberti? Lo digo por ese capítulo tan divertido que le dedica al pedo.

Leer a Quevedo te cambia la visión del mundo, la forma de respirar. Los romanos eran más desinhibidos que nosotros, no es que se tirasen pedos en la comida, pero eran desinhibidos para hablar de estas cosas y en materia sexual. Defecaban juntos hombres y mujeres, existía el matrimonio homosexual, no era necesario sacerdote o funcionario para sancionar una boda, aunque también se podía hacer así, y se colocaba en el dedo anular un anillo, que llamaban ‘el agujero del culo’. Nuestra cultura es mucho más púdica que la cultura clásica

Sigamos con Marcial.

Merece más reconocimiento. Marcial es un grandísimo escritor, un grandísimo poeta y un fantástico cronista de la época. Marcial era el tuitero de la época. El mejor que tuitero que había, y ahí están sus ‘Epigramas’, que son fogonazos geniales de twitter porque condensa todo ahí. Siempre he dicho que había un 'pensamiento twitter' antes de Twitter. Habla de las cosas sociales, es un gran satírico, pero por encima de todo Marcial, por raro que pueda parecer, es un poeta muy tierno. Es pura ternura. Y, claro, tiene un gran sentido del humor.

El que también tiene humor es usted, el libro está lleno de referencias modernas.

Sí he querido rendir homenaje a la música, al cine actual y a la movida… Fue una época de extraordinaria libertad y como ahora creo que estamos en una época de involución social, de un puritanismo extremo, tremendo, quería reivindicarlo. Además creo que no hay nada más moderno y actual que los clásicos. Una forma de decirlo es que se pueden explicar las cosas de la vida cotidiana con las canciones actuales y de la movida…

Alude a Amaral cuando titula ‘Toda la noche en la calle’. Llama la atención que diga que Roma era una ciudad de rascacielos.

Tenía más de un millón de habitantes. La gente, que apenas paraba en casa, vivía hacían en bloques o casa de seis o siete alturas, con pisos y apartamentos que alquilaban y subalquilaban. Los incendios eran muy frecuentes. El primer cuerpo público de bomberos lo creó César Octavio Augusto. Esos edificios se llamaban ínsulas. La metáfora es preciosa: en el océano de la ciudad vivían en una isla.

Fueron pioneros en el turismo de playa, en el veraneo...

Ese capítulo se llama ‘Aquí no hay playa’ Los romanos salían escopeteados hacia el sur, hacia una zona maravillosa que es Nápoles, y al lado de un pueblo hay un pueblo que se llama Positano, y en griego quiere decir, el lugar donde se calma el dolor. Nápoles y la bahía de Bayas era Marbella, su Ibiza. Allí los emperadores tenían su residencia se verano. Se hacían fiestas en la playa. Séneca se queja: “Ha ido a Nápoles a escribir pero allí no se puede trabajar, están todo el día de juerga”. Y de noche hacían fiestorras en los barcos con actuaciones musicales. Era el Salou de Aragón con más lujuria y desenfreno. Marcial tiene un epigrama donde dice de una mujer: “Vino como Penélope y se marchó como Helena”.

¿Cómo explica el éxito del libro de Irene Vallejo, 'El infinito en un junco'?

Lo reseñé de inmediato en ‘Nueva Revista’ sin conocer a la autora. Ahora ya la he conocido y es una mujer extraordinaria y escribe muy bien. Es un libro maravilloso sobre libros y bibliotecas, uno de los mejores que he leído. Me encanta. Y lo recomiendo con mis dos libros: ‘Calamares a la romana’ y ‘Latin lovers’, ambos publicados en Edhasa.

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