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Nuestro paisano Marcial, el más grande

Mañana, por solo 1,5 euros más, HERALDO ofrece la octava entrega de la colección Biblioteca Aragonesa. El trabajo de un bilbilitano que triunfó en Roma y que sabía ser cínico, pero también tierno. Y, en cualquier caso, genial.

Nuestro paisano Marcial,  el más grande
Nuestro paisano Marcial, el más grande

"Libro mío, que ibas en otro tiempo / de Roma hacia otras gentes, hoy desde ellas / a Roma te diriges...". Marcial, retirado en Bílbilis, en el amoroso refugio de Marcela, cuenta que tiene un nuevo libro y que lo envía, con nostalgia de otros tiempos, a sus viejos lectores romanos...

En Roma, había triunfado, es decir, había sido leído, muy leído, con entusiasmo, con regocijo, con temor, con indignación. Su acerada pluma no respetaba nada, ni a nadie. Le bastaban unas someras líneas para descabezar al más poderoso. Demoledor, cínico... O procaz, obsceno. Hubo un tiempo en que los traductores se negaban a hacerlo, a traducirlo... El pudor se cubría de latines. Y también adulador, cuando quería, cuando le interesaba, cuando había que cumplir con el mecenas. Eran sus epigramas y era Roma, la ciudad del esplendor y de la miseria, imperio y prostíbulo del mundo. Y allí un tal Marco Valerio, natural de Bílbilis, trasplantado al ojo del mundo para ser su conciencia, o su pepito grillo impertinente, mordaz, ofensivo, ácido, lúcido. "Marcha, marcha / desde el país que riega el áureo Tajo, / de las riberas áridas y pobres, / del Jalón, de esta tierra poderosa / donde están las cenizas de mis padres...".

Y, de vez en cuando, la sorpresa, ternura o genialidad de quien descubre un insecto milenario sepultado en la piedra de ámbar. O quien recuerda a su tierra, a su paisaje, a sus padres. O a sus hermanos, sus otros libros. "En la soberbia ciudad de Remo, en donde vio la luz la mayoría / de tus hermanos, no serás extraño / ni te habrán de llamar advenedizo".

¡Qué hermosura, qué belleza! Marcial, eres el más grande, aunque no fueses torero, sino poeta. Hasta el noble Stella, tu mecenas, a quien diriges tu libro, "no ha de recorrer sus páginas, / sin que el pecho sienta conmovido". Eres viejo ya, Marcial, y el cinismo se te nubla, se ablanda. Pero sigues siendo genial: "Mas, ¿con qué objeto un título me pides. / Con dos o con tres versos que te lean, / 'Es de Marcial', exclamarán al punto". Porque eres único. Tú también has calmado tu sed "en los caudales / de la fuente de Castalia, que, orgullosa, allí vierte sus ondas cristalinas, / y donde, según dicen, a menudo / las doctas musas a saciarse vienen". Aunque tus aguas sean también las del Xalo, las del Jalón bilbilitano. Hay que leer a Marcial para entender el mundo, al hombre, la condición humana. Con toda su crudeza y su grandeza. Una lectura imprescindible, necesaria, obligatoria. Marcial, nuestro paisano. El más grande.

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