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Rafael Campos: "La pasión por el teatro no cede nunca. Siempre hay cosas que decir"

El actor, dramaturgo, profesor de interpretación funda una nueva compañía escénica, Le Plató dTeatro, y estrena en el Mercado el día 22

CULTURA. Entrevista con Rafa Campos/3-2-2016/ Foto: Asier Alcorta [[[HA ARCHIVO]]]
Rafael Campos regresa a la escena con una compañía propia y un nuevo equipo.
Asier Alcorta/Heraldo.

Si se fuera mentalmente a Ateca (Zaragoza), el pueblo donde nació en 1954, ¿qué imágenes y qué recuerdos le vendrían a la cabeza?

De Ateca tengo varias postales imborrables, vine a Zaragoza a los 15 años, pero siempre me he sentido cerca. Los recuerdos que conservo son los de la infancia: el preescolar de entonces, a los cuatro años; la escuela a los seis y hasta los catorce. De mi escuela, sobre todo, tengo vivencias que me acompañan; con la edad se vuelven acaso más nítidas. En el pueblo de entonces los chavales jugábamos aún en la calle, así que todos los parajes que rodean al pueblo eran territorio de juegos. El campo, el monte, las tres vegas del Jalón, el Manubles y el Piedra, hasta el pantano de Tranquera, eran casi un imperio, un parque temático agrete y sin plástico: el azud del Jalón, saliendo ya de Ateca, era para la mirada de un crío poco más que el Amazonas.

¿Cómo nació en usted la pasión por el teatro, quiénes fueron sus maestros?

El teatro se cruzó en mi vida gracias a Juan Pedro de Aguilar, un director de escena y pedagogo de lo mejor que yo he podido conocer y tratar. Y eso fue a los 18 años, más o menos. La Universidad Laboral Femenina tenía un grupo de teatro y nos propusieron unirnos para completar el grupo con chicos. Tenían un teatro magnífico, y unos medios realmente impresionantes. Allí tuve ocasión de trabajar y aprender junto con un grupo de mujeres realmente admirables. Nosotros veníamos con todo el pelo de la dehesa en melena, y de repente nos encontramos con un grupo de chicas de nuestra edad que nos apabullaban. Yo creo que me enamoré de casi todas, calladamente, desde luego, porque eran brillantes, cantaban a Moustaki en francés, habían leído y eran libres de cuerpo y espíritu. Aquel grupo de mujeres hizo más por mi educación y la de algunos de mis compañeros del grupo que todo el programa pedagógico del ministerio. Con Juan Pedro de Aguilar, experto director de escena y pedagogo bien conocido, aprendí y leí los textos desde Konstantin Stanislavski a Bertolt Brecht, y a otros muchos nombres del teatro del siglo XX.

"Yo creo que me enamoré de casi todas aquella mujeres de la Universidad Laboral, calladamente, desde luego, porque eran brillantes, cantaban a Moustaki en francés, habían leído y eran libres de cuerpo y espíritu"

¿Cómo fue aquí su experiencia con el Teatro de la Ribera, que integró un tiempo? ¿Quería ser actor o ya dramaturgo y director teatral?

Con el Teatro de la Ribera tuve una larga relación que determinó de manera decisiva mi futuro profesional. Con la compañía trabajé y aprendí muchas cosas en dos etapas distintas. Más tarde comencé a impartir clases en la Escuela Municipal de Teatro y en el 87 formé junto con otros compañeros la compañía Tranvía Teatro, que dirigí hasta el 2.003.

Dirigió 32 espectáculos. ¿Cómo los valora, de qué se siente especialmente satisfecho?

Con Tranvía Teatro, en efecto, estuve a lo largo de 17 años. Hubo claramente dos etapas. La compañía itinerante, de bolos y giras, como el resto de los compañeros de las otras compañías de la tierra. Más tarde, tras una reflexión bastante radical, decidimos embarcarnos en la construcción del Teatro de la Estación. Este ciclo merecería un capítulo por sí mismo. Los siete primeros años producíamos varios espectáculos cada temporada, porque alimentábamos nuestro teatro con repertorio propio. El sueño era el de la compañía estable con espacio propio para ensayos y estrenos, con una dimensión pedagógica que tenía el objetivo de formar públicos acercando a aficionados a la práctica del teatro mediante talleres de aprendizaje y disfrute del teatro. Durante años, y con la colaboración de un gran equipo de actrices y actores, muchos de ellos provenientes de la Escuela Municipal de Teatro, aquello era un verdadero centro de actividad teatral, y lo recuerdo como una de las etapas más intensas de mi trabajo profesional, pero también de las más satisfactorias.

¿Qué es lo que más le gustaba? ¿Cuál es el veneno del teatro, en realidad?

Cristina Yáñez, codirectora del Teatro de la Estación, decía, y creo que lo sigue pensando, que hay una cierta manera de entender el teatro que no se puede separar de la propia vida. Una práctica del teatro que es la parte central de tu vida. Y yo lo comparto, porque lo he experimentado de manera absoluta. Es algo más que llegar a más o menos número de personas, algo distinto de ser más o menos famoso o conocido. Es, sencillamente, poder dedicarte a este oficio desde el lunes por la mañana al domingo por la noche. Toda la vida, el amor, la amistad, el trabajo, el ocio, el aprendizaje, la lectura, la relación con el mundo, en resumen, está condicionada, y condicionada de un modo feliz, por la práctica de este oficio maravilloso.

"Toda la vida, el amor, la amistad, el trabajo, el ocio, el aprendizaje, la lectura, la relación con el mundo, en resumen, está condicionada, y condicionada de un modo feliz, por la práctica de este oficio maravilloso"

¿Qué valora usted en una montaje teatral, cómo sería la pieza perfecta para usted?

En un montaje teatral valoro, y cada vez con más determinación y más seguridad, el trabajo de los actores y de las actrices. Para mí es como una escultura en movimiento, que genera su propia expresión cambiante.

RAFAEL CAMPOS, DIRECTOR DEL TEATRO PRINCIPAL / 10-04-08 / FOTO: ESTHER CASAS [[[HA ARCHIVO]]]
Rafael Campos dirigió el Teatro Principal durante doce años.
Esther Casas / Heraldo.

Ha sido profesor y director de la Escuela Municipal de Teatro. ¿Qué es lo que le gustaba enseñar y contagiar?

La enseñanza es, muchos lo han dicho, y recuerdo al último, George Steiner, una forma constante de aprendizaje. Aprendes mientras enseñas, y enseñas no como quien tiene verdades o certezas que derramar entre quienes no las tienen, sino como quien comparte hallazgos que el tiempo puso a su alcance, el tiempo y otros maestros. Enseñar es mostrar, indagar, caminar un trecho más o menos pautado con el otro. Y en arte, o en lenguajes divergentes, donde un estímulo inicial tiene tantos desarrollos como actores lo toman como origen, esta forma de aprendizaje es casi una obligación. Y de la Escuela de Teatro recuerdo con inmenso cariño a mis compañeros, de los que aprendí tanto. Mariano Cariñena. Miguel Garrido, que ya nos dejaron. Mariano Anós, que está haciendo unos trabajos deslumbrantes como actor. Todos ellos, con Paco Ortega, nos dejamos horas y horas de conversación, de discusión sobre este asunto de cómo enseñar mejor este oficio. Esto no me lo quita nadie, es parte de mí y de lo que soy.

¿Por qué no se ha logrado oficializar la Escuela Municipal de Teatro?

Treinta generaciones de actores y actrices que dejaron tres años de trabajo, sin que se les reconozca ninguna titulación oficial. En este mundo donde se venden másteres a peso, no han encontrado la manera de hacer oficial la Escuela de Teatro, como en tantísimas ciudades de España. Aquí no. Ni unos ni otros cumplieron sus compromisos, algunas veces incluso publicados a los cuatro vientos. Cuando abandoné la Escuela Municipal de Teatro me llevé también esa frustración, y una nueva razón para el escepticismo sobre buena parte de la tropa que nos gobierna y administra.

Vayamos con sus doce años en el Teatro Principal. Así de golpe, ¿qué se siente al ir a trabajar a un escenario tan incomparable a diario?

Fue una experiencia aleccionadora. En el principal he vivido experiencias puntuales de todo tipo, como se puede imaginar. Primero la relación con el personal, que puedo decir que sienten el teatro como una responsabilidad más allá de considerarlo un trabajo. Cuando pusimos en marcha las visitas guiadas, todo el mundo se estudió la historia del teatro, bien apasionante por cierto, y era emocionante ver a los responsables de sala explicar cada detalle de la historia a grupos de ciudadanos. Abrir el espacio Mariano Cariñena a las presentaciones de libros o a determinados foros cívicos también fue una satisfacción, sobre todo porque la respuesta era alentadora. En definitiva, tener el teatro abierto, el hall del teatro, que es un espacio magnífico, para tomar un café y leer la prensa o conversar en calma, como vi en tantos teatros por esta Europa nuestra, también fue un buen empeño.

¿Quién o quiénes le conmovieron de manera inolvidable?

Me conmovieron muchas gentes del oficio. Verlos en camerinos antes de la función, cada uno con sus ritos, sus silencios o sus concentraciones. Particularmente los más veteranos. El respeto, el cuidado, la exigencia de José Sacristán, de Héctor Alterio, de Lola Herrera, de Ana Belén o Concha Velasco, en fin, de tantos y tantas profesionales, ver sus ceremonias antes de salir a escena es, en sí mismo, una escuela impagable para alguien atento e interesado.

¿Cómo eran sus Pilares ahí dentro? ¿Cuáles son sus mejores recuerdos?

Los Pilares son una ocasión especial. Tradicionalmente el teatro se llena en esas fechas y el público es notoriamente distinto que el habitual. La actitud y los protocolos de los espectadores vienen también en cierto modo condicionados por el ambiente ciudadano, que no es precisamente de recogimiento y silencio. Fuera de estos detalles, ver el teatro lleno, para la gente del oficio, siempre es motivo de alegría, así que disfrutaba de esa sensación con cierta melancolía.

RAFAEL CAMPOS, DIRECTOR DEL TEATRO PRINCIPAL / 10-04-08 / FOTO: ESTHER CASAS [[[HA ARCHIVO]]]
Rafael Campos es autor de una veintena de piezas teatrales.
Esther Casas / Heraldo.
"El respeto, el cuidado, la exigencia de José Sacristán, de Héctor Alterio, de Lola Herrera, de Ana Belén o Concha Velasco, en fin, de tantos y tantas profesionales, ver sus ceremonias antes de salir a escena es, en sí mismo, una escuela impagable para alguien atento e interesado"

Se fue, volvió a la Escuela y también por la edad de jubilación ha tenido que irse. Y no se le ocurre otra cosa que montar una compañía. ¿La pasión por el teatro no cede nunca?

Pues sí, así es. Acabo mi etapa en la Escuela y, una vez resueltos ciertos problemas de salud, me pongo a pensar en cómo y con quién sigo haciendo lo que sé hacer. Hablo con un grupo de actrices y nos embarcamos en este nuevo empeño. Le Plató dTeatro. No nombraré más tópicos, pero es cierto que es un trabajo apasionante y lo demuestra el hecho que nos gusta más incluso que descansar o no hacer nada. Eso como primera razón. Tenemos cosas que decir, y si no queda nada que decir, también habría que decirlo, como más o menos decía Samuel Beckett. Así que de una forma u otra hay algo que decir.

¿Qué va a ser ‘La noche y las estrellas’, que ya estrenan en el Teatro del Mercado el jueves 22 de octubre?

De momento estrenaremos ‘La noche y las estrellas’, una comedia peculiar, con algo de vinagre entre una cierta forma de humor. Estamos encajando las últimas piezas. Más adelante, el día 2 de enero, en el Teatro de la Estación, estrenamos ‘Mala’, una crónica en negro de una mujer que vive su vida un tanto al margen y de su hermana casi perfecta. Hay una peripecia existencial de trazo grueso y algunas decisiones igual de recias en las protagonistas. Unas veces cómicas y otras no tanto; y otras aún más atroces.

¿Qué tipo de escritor teatral es o quiere ser? Ha escrito una veintena de piezas...

Yo no sé muy bien si quiero ser un tipo concreto de escritor, realmente no lo sé. He escrito la mayoría de mis piezas casi de encargo, de urgencia, y para un reparto concreto. He elegido las que he dirigido casi en iguales circunstancias. Desde luego tengo mis referencias preferidas. Samuel Becket me sigue pareciendo un universo existencial expresado con una poética sin alharacas.

¿Se superará el miedo a ir al teatro por la pandemia o nos espera un tiempo largo de incertidumbre?

No sé, espero que el miedo se supere, parece que los teatros son lugares relativamente seguros si se observan con sentido común ciertas medidas. Por otra parte, la naturaleza de la reunión que se da en el teatro es acaso, de las más cívicas, tranquilas, apacibles y ordenadas, que puedan darse en la vida social.

Rafael Campos funda la compañía escénica Le Plató dTeatro.
El reparto de actrices, jóvenes y más consolidadas, de 'La noche y las estrellas'.
Mas Mastral.
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