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Ocio y Cultura

Ana Belén: "Estoy cómoda en la canción y en el teatro, pero el cine me vuelve loca"

La cantante recibe mañana La Dama de Fuentes en el Festival de Cine de Fuentes de Ebro

Ana Belén recoge mañana La Dama de Fuentes.
Ana Belén recoge mañana La Dama de Fuentes.
Guillermo Mestre

“Cada vez que recibo un premio soy feliz. Y se lo dedico, de entrada, a todos aquellos actores que me enseñaron el oficio. Desde muy joven. Después de todo aquello de si niña prodigio, de si salía en la radio, si me felicitaban las vecinas o de si eran un pequeño acontecimiento en el barrio, entré a trabajar en el teatro con Miguel Narros y con un plantel impresionante de actores: pienso en Berta Riaza, Julieta Serrano, Guillermo Marín, Agustín González, María Luisa Ponte. Me ayudaban, me protegían, me enseñaban. Siempre he pensado y pienso que habría sido de mí sin ellos. ¿Qué carrera habría hecho?”, dice Ana Belén hacia las cinco en luz de la tarde. No vuelve de la siesta, sino del foniatra. Sigue cuidando la voz como nunca y suena, a través del hilo telefónico, espléndida, nítida, llena de luz y alegría. Este sábado recibe el premio Dama de Fuentes, en la XXIV edición del festival de cine que dirige José Antonio Aguilar.

Podría decirle: otra vez Aragón en su vida.

Sí. Tengo maravillosos recuerdos. Aragón ha estado en mi vida desde hace mucho tiempo. Digo Aragón y pienso en una mañana de sol en Albarracín, en un homenaje a Luis Alegre en La Almunia de Doña Godina, en muchas funciones en el Teatro Principal. Y pienso, sobre todo, más allá de Luis Alegre, que es un amigo esencial, en Emilio Lacambra y en su mujer Pilar, de Casa Emilio. ¡Cuántas conversaciones! Son recuerdos maravillosos e inolvidables. Aragón, de verdad, ha sido un motivo de felicidad en mi vida.

Rodó ‘Libertarias’ aquí.

No me olvido. Qué paisajes los del Matarraña y del Maestrazgo. Fue un rodaje duro con frío, pero conservo imágenes maravillosas. Siempre he tenido una relación muy cómplice con Vicente Aranda, nos entendíamos muy bien, pero hay algo que me conmueve aún: la Torre del Visco. Estuvimos allí, todas las chicas y un chico, Miguel Bosé, y es un lugar espectacular. Después de tanto ajetreo, de un trabajo intenso y nada fácil, volvíamos allí y era como llegar al paraíso.

Aún recuerdan aquel rodaje y a ustedes.

Qué bien. Siempre le digo a Víctor Manuel que debemos volver. Deberíamos tomar un fin de semana de reposo y disfrutar de nuevo de la casa de Jemma. Sé que Piers falleció.

Se llevaría bien con Aranda, pero se las hizo pasar un poco canutas. Lo digo porque quizá tuviese la mirada más turbia sobre el sexo…

Sí, es cierto. Tenía una mirada especial, pero era un hombre cercano, divertido. Me sentía muy cerca de él. Nos entendíamos. Siempre he sido muy fiel al director, obediente, meticulosa con sus indicaciones. La película está en su cabeza.

Con él libró uno de los papeles más difíciles de su vida. La Desideria de ‘La Pasión turca’ de Antonio Gala.

Acabo de ver el programa ‘Imprescindibles’ dedicado a Carmen Maura. Me impresionó su historia personal, su búsqueda, y me fijé en un hecho curioso, que quizá nos pase a todos: a veces te llegan papeles que son para otras. El de ‘El amor del capitán Brando’, que tantas satisfacciones me ha dado en mi carrera, era para una chica portuguesa; llevaba varios días rodando y se vino abajo, no sé si por enfermedad, inseguridad o incomodidad. Y una noche me llama Jaime de Armiñán y me dice que quiere verme. Viene a casa y me lo da.

¿Para quién era el de ‘La pasión turca’?

Para Victoria Abril. Me parece que estaba rodando en Hollywood. Y un día me llama Vicente Aranda y me dice que el papel era mío. Sabía que el guión no le había gustado nada a Gala; el dramaturgo y yo éramos buenos amigos. Cuando vio la película me dijo: “No podría imaginar una Desi mejor que tú”. Viví un día una de esas situaciones raras: en la televisión, en medio de Vicente y Gala. Se cortaban la tensión y la incomodidad. La película estaba basada en una mujer real que vivía en Estambul. El ayudante de dirección me pasó el guión, y a veces la única escritura era: “Desideria y Hamman copulan”. Páginas y páginas. Ja, ja, ja. Ya le digo, Vicente tenía su sentido del humor.

No lo habría dicho.

Sí. Se casó con su montadora, Teresa, mucho más joven que él y tuvieron dos niñas. Alguna vez venía la hermana de Vicente a los rodajes. Y a él le gustaba decir: “Mira, mucha gente piensa que mi hermana es mi mujer, que mi mujer es nuestra hija y que las niñas son mis nietas”. Y se tronchaba de la risa.

Vicente Aranda es uno de sus directores. Otro Gonzalo Suárez, ¿no?

Sí, claro. Con él rodé dos películas. ‘Morbo’ fue claro y tiene algún morbo en nuestra vida. Trabajé con Víctor Manuel, y nos lo pasamos muy bien en el rodaje. Y mucho mejor luego.

¿Mario Camus?

Lo adoro. Le debo mucho. Somos grandes amigos. Nos llamamos a menudo. Para mí él es el autor de una de las películas modélicas del cine español. ‘Los santos inocentes’. Qué increíble. Me acuerdo de otra pequeña maravilla que es ‘La colmena’. Hicimos juntos ‘Fortunata y Jacinta’ en la televisión.

¿A quién citaría usted?

En más de 40 películas, y tampoco son tantas, hay muchos sin duda. Pero no podría olvidarme de José Luis García Sánchez. Pepito. ¡Cuánto le debo, qué a gusto he trabajado con él siempre! Me siento orgullosa de ‘La corte del faraón’ especialmente.

Usted lo ha hecho todo. Lo hace todo. Canta, baila, interpreta en el cine, en el teatro y en la televisión. ¿Dónde está más cómoda?

En todas partes. Estoy con la gira de ‘Vida’, mi último disco. Ahora los cantantes solo vivimos de los conciertos en directo. No se venden discos. Me siento cómoda en el teatro, pero el cine, de verdad, me vuelve loca. Me gustan mucho el ambiente, esa magia, los tiempos, y ser actriz de cine es muy exigente: tienes que cambiar de ánimo, encajar las secuencias como si nada. Por eso agradezco tanto ser la Dama de Fuentes.

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