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Sergio del Molino: "Hablar de la piel sin el sexo habría sido un fraude"

El escritor presentó de forma telemática su nueva novela, publicada por Alfaguara, y luego firmó ejemplares en la librería Cálamo con mascarilla

Sergio del Molino publica 'La piel'.
Sergio del Molino protagonizó una imagen inédita: firmó ejemplares de 'La piel' en Cálamo con mascarilla.
Guillermo Mestre.

Sergio del Molino dispara en todas las direcciones: se retrata, improvisa, confiesa que huye del compromiso y de la firma de manifiestos y que «hay que estar siempre en contra del Gobierno, aunque sea de los tuyos, y si lo hace bien ha que decirlo como a regañadientes, como si te molestase». Posee una mirada irónica y sarcástica, «como de soslayo», y, además, se declara litúrgico: «Creo en la capacidad chamánica del lenguaje», dijo, por eso no le gustan en exceso los nuevas presentaciones por sistemas telemáticos. Le gusta saber con quién habla, cómo sonríe un lector de la cuarta fila y cuándo puede soltar un chiste o lanzar una broma.

Después de todo lo que ha pasado y está pasando en España, cree que «la piel de este país es dura, dura como la de las bestias de carga». Le ha sorprendido el cumplimiento masivo de las órdenes del Gobierno durante la pandemia, esa «obediencia superior». Todo ello lo decía ayer, en diálogo con la escritora Iguázel Elhombre, en un acto organizado por la librería Cálamo. Poco antes de disponerse a firmar ejemplares, su editora Pilar Álvarez («a la que yo quiero mucho más que me quiere ella a mí», bromeó el escritor) le anunció que su novela ‘La piel’ (Alfaguara) acaba de llegar a la tercera edición.

Su presentadora, con quien hizo en Aragón Radio el programa ‘Preferiría no hacerlo’, lo definió como un arqueólogo social, como «un Indiana Jones y como un sabio de barrio». Y, además, en otro instante, caracterizó su escritura con tres palabras: la elegancia, el humor y la ausencia de solemnidad.

Sergio del Molino publica 'La piel'.
Sergio del Molino bajó a fimar ejemplares tras conversar con Iguázel Elhombre.
Guillermo Mestre.

Sergio del Molino respondió a todo. «Lo de Indiana Jones es la cosa más bonita que me han dicho nunca; lo del ‘sabio de barrio’ no sé si me gusta tanto y, más que un arqueólogo, yo me siento un basurero. Esto no les gusta a mis editores, pero es así». Usó, como sucede en su novela, algunas imágenes gastronómicas, dijo que le gustaban mucho las croquetas, la cocina de aprovechamiento, y que a él, en realidad, lo que se gustaban eran los restos, los desechos, los despojos. «A mí me gustaría ser el Paul Bocuse de la basura». Dio algunas pistas más: recordó que ‘La piel’ era «una novela con final feliz. Un libro como este, con esta sustancia narrativa, más o menos abierta, es claramente una novela, es novela sin más problemas ni retortijones», expresó ante la convivencia de géneros en el libro: hay narración, hay ensayo, hay autobiografía, hay política, hay cuentos...

"Esta es una novela que se la debo a Vladimir Nabokov, que sufría psoriasis y es un escritor que vivió los grandes vaivenes del siglo XX, que me parece un personaje frágil y tierno".

¿Por qué una novela sobre el monstruo, sobre la piel? El escritor explicó que muchos de sus libros surgen por decantaciones y por curiosidad: le interesa un tema, adquiere libros, «hasta 300 a veces, me gasto miles de euros, soy obsesivo compulsivo», llena el ordenador de datos y apuntes, y un día, casi de modo espontáneo, decide rentabilizar tanto derroche, tanto esfuerzo, tanta porfía. «Así surgen algunos de mis libros. Sí, hay decantaciones que a veces cristalizan y este es un ejemplo. Esta es una novela que se la debo a Vladimir Nabokov, que sufría psoriasis y es un escritor que vivió los grandes vaivenes del siglo XX, que me parece un personaje frágil y tierno». Agregó Sergio del Molino que le había parecido muy injusto cómo se había atacado al autor de ‘Lolita’ y cómo se le había acusado de incitar a la violencia sexual, a la violación y a la pederastia.

Enfermedad, deseo y racismo

Con todo ese bagaje, y mirándose a sí mismo, y su propia psoriasis, esa enfermedad de la piel que le había conducido a tomar distancias (o eso conjeturó el autor de ‘La España vacía’), ha escrito una novela que tiene algo de cuento de hadas, narrada a su hijo Daniel, de análisis de la monstruosidad social y política, y también de meditación sobre el sexo y el racismo. La piel es un territorio de frontera. «He sido alguien aprisionado en una piel enferma que no le dejaba en paz».

El sexo anda por ahí y está vinculado a los baños. Un sexo casi homoerótico y avasallador en la piscina donde se baña Stalin con su hijastro y su mejor amigo. Y el sexo que vive el propio protagonista en el balneario de Alhama de Aragón. «Hablar de la piel y no haber tocado el sexo habría sido un fraude. En realidad, tampoco era tan consciente de que había tanto sexo como me han dicho algunos lectores. Los dos elementos capitales de la piel son el sexo y el racismo. La piel encarna la comunicación sexual para un adulto, y en ese sentido el libro es muy lúbrico. Sí».

El racismo lo aborda en un capítulo que parece casi inverosímil con el negro de Banyoles. Otra forma diferente de monstruosidad, aquí más social, de la de Stalin, que desarrolló «una monstruosidad física y una monstruosidad moral» que no se puede salvar ni justificar.

Sergio del Molino publica 'La piel'.
El autor de 'La piel' firma uno de sus ejemplares. Acaba de salir la tercera edición.
Guillermo Mestre.

LA EDAD MEDIA DEL CUERPO Y SUS SENSACIONES

«La realidad lo empeora siempre todo», fue una de las frases de Sergio del Molino, que, en cambio, compara vida y literatura, «que no son tan diferentes, no», apuntó; aludió a su misantropía, confesó que no era ni muy sobón ni que le gustaba que lo sobasen. «He impuesto un círculo de seguridad en torno a mí», subrayó, e indicó que si algo le caracterizaba era que siempre le daba una vuelta irónica a las cosas. Reconoció que no le gusta comprometerse: «No me soporto muchas veces. Tengo algún rasgo asocial, e intento convertir mis defectos en una virtud literaria», dijo.

Iguázel Elhombre hizo hincapié en un curioso hallazgo del libro: la Edad Media de la piel. Del Molino (que habla de una primera novia que tenía alma de bruja y le daba algunos consejos cutáneos, del primer beso, de algunos coitos y de pasiones como la cantante Cyndi Lauper) dijo que era ese período de la vida, entre los 10-11 años y los 15, cuando parece que no pasa nada y que se olvidan los olores, que se vive en el ostracismo de las sensaciones, etc. Luego llega como un despertar de la carne, un auténtico Renacimiento. 

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