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Caleidoscopio: todo empezó en Samper de Calanda

La compañía de Roberto Barra y Azucena Gimeno celebra 35 años sobre los escenarios desde su primera actuación y planea una nueva producción y ensaya sus obras

Caleidoscopio.
Roberto Barra y Azucena Gimeno son los directores y fundadores de la compañía.
Guillermo Mestre.

ZARAGOZA. Cuando empezaron, fueron muchos los que les recomendaron que no lo hicieran. Hubo otros que sí les veían con buenos ojos, pero les dijeron que trabajaran gratis, porque estaban cumpliendo con su pasión. 

Pocos eran conscientes en 1984 de que el teatro también es una profesión, y menos aún habrían aventurado que los de Caleidoscopio iban a aguantar 35 años en el oficio. «No sabían con quién estaban hablando. Tenemos una testarudez importante: somos de la tierra», explica jocosamente Roberto Barra, fundador de la compañía junto a Azucena Gimeno. Su primera actuación fue en Samper de Calanda (Teruel).

«Ya teníamos experiencia con otros grupos de teatro, hicimos algunas obras clásicas y experimentales, pero esta fue la primera como Caleidoscopio», cuenta Barra. Por la localidad desplegaron un pasacalles que, por aquel entonces, constituía toda una novedad, ya que los únicos espectáculos callejeros que había en los pueblos, y muy de vez en cuando, eran los «más solemnes», explica el actor. «Mostrar un pasacalles con colores, muñecos… era un poco pervertir la calle, pero fue muy bien. Allí ya nos conocían, porque pasábamos a tocar el tambor para la rompida de la hora, y solo nos pusieron facilidades», añade Barra.

Un millón de espectadores

Desde entonces, Caleidoscopio ha producido 28 espectáculos y ha realizado 61 producciones especiales, con un total de 2.942 funciones y cerca de un millón de espectadores en total, según datos de la compañía. «En estos 35 años hemos ganado en experiencia -explica Barra sobre la trayectoria del grupo- y tenemos la capacidad para atrevernos a hacer más cosas. Una fortaleza de nuestra compañía es la habilidad artesanal: siempre nos ha gustado hacer nosotros mismos los muñecos, el atrezzo o el vestuario. Eso lo hemos conservado y ahora hacemos una elaboración más refinada». 

Y añade: «Nuestro proceso de creación es como un alambique, como realizar alquimia: vamos metiendo diferentes componentes y de todo lo que has mezclado salen unas gotitas de una esencia. Eso es lo que al final ve la gente».

El público de 1984 no es el mismo que el de 2019 y, aunque Caleidoscopio mantenga sus bases escénicas y continúe con el teatro de calle por bandera, sus miembros son conscientes de que la situación actual es diferente a la de entonces. «Ahora hay que sorprender. Llevar el teatro por los pueblos de Aragón era entonces casi una misión pedagógica. Ofrecías una alternativa a las tradiciones típicas de los pueblos. Durante un tiempo, era un clásico que en las fiestas hubiera un grupo de teatro para niños o una animación. Ahora, eso se percibe de otra manera, ya no tiene tanta importancia», dice Barra, que reivindica la «pedagogía» que ejerce el teatro sobre los niños. «Los pueblos no deben olvidar la cultura como un elemento cultivador», añade.

Afortunadamen#te, Caleidoscopio seguirá ejerciendo sus funciones y ya prepara uno de sus clásicos: su participación en la cabalgata del pregón de las Fiestas del Pilar de este año. Además, ensayan una nueva producción y repasan su repertorio más tradicional para sus próximas actuaciones, como la del 9 de agosto en Muniesa o la del día 15 de ese mismo mes en La Puebla de Alfindén. Allí continuarán entreteniendo con la vitalidad de siempre. «Nosotros nos quedamos ahí, en Samper de Calanda, con veinte años», comenta Roberto Barra riéndose.

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