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Escribá, ¡que no se mustie Simeone!

El entrenador del Real Zaragoza mantuvo una charla aparte con el delantero argentino, que se autoinculpó el sábado como responsable del patinazo ante el Málaga por sus fallos individuales de varios goles claros.

Fran Escribá da explicaciones a Giuliano Simeone durante la charla a solas que han tenido ambos durante el entrenamiento de este martes.
Fran Escribá da explicaciones a Giuliano Simeone durante la charla a solas que han tenido ambos durante el entrenamiento de este martes.
Toni Galán

Fran Escribá ha llamado a Giuliano Simeone a un aparte en el primer entrenamiento de la semana, en la mañana de este frío martes en la Ciudad Deportiva. El técnico, de la vieja escuela, sabe de lo efectivo de estos gestos. Este martes, en el reencuentro de todos después de casi dos días de descanso y meditación tras el nuevo patinazo, serio, vivido el sábado ante el Málaga, el nuevo entrenador del Real Zaragoza ha querido que esta iniciativa quede plasmada públicamente, con las fotografías de la prensa y las imágenes de las televisiones. Simeone es parte muy importante del actual Zaragoza y hace 48 horas, con sus sinceras declaraciones pos partido, pareció tocado anímicamente al autoinculparse como responsable máximo de no haber ganado a los malagueños.

No puede mustiarse Simeone. Autor de cuatro de los 10 goles del raquítico equipo zaragocista -en términos de generación de tantos en las porterías rivales-, generador de la mayoría de las pocas jugadas agitadoras en el fútbol ofensivo del cuadro blanquillo en este primer cuatrimestre de tan defectuosa competición, Giuliano ha de seguir con su casta, su actitud positiva, su voluntad por crecer rápido. Porque el chico tiene solo 19 años y viene de jugar en Tercera RFEF, en el filial del Atlético de Madrid. Es un proyecto de delantero de altura. Un aspirante a la élite que está mucha más responsabilidad que la que debería corresponderle por galones. 

"Empatamos por mi culpa", dijo un par de veces Simeone en la velada sabatina, desolado por haber fallado hasta cuatro goles claros. Dos se los sacó el portero Yáñez. Los otros dos los remató mal. A Giuliano no le aliviaba su pesar el haber hecho -con la colaboración del defensor Bustinza- el tanto del empate, ese que evitó una debacle mayor, en el minuto 88. Y eso es lo que Escribá ha captado enseguida. Simeone no se puede retroalimentar negativamente por este partido. Ha de seguir adelante, si cabe con más fuerza y fe después de lo acontecido el sábado. 

Escribá, dando el paso que ha dado, ha querido generar vibraciones positivas en torno a Simeone. Ha dejado a la vista de todo el mundo su talante como psicólogo y ha mostrado su paso adelante con el delantero más importante en lo que va de liga en una plantilla que no tiene delanteros importantes (por ahora).

Si Escribá hace esto de puertas adentro, el hecho tiene la relevancia que tiene: limitada en la opinión pública y en esa masa ingente de seguidores que tiene el envoltorio del fútbol en una ciudad como Zaragoza. Por eso, el valenciano lo ha hecho a ojos transmisores de informaciones. Que se vea y se sepa... y se transmita. 

La vida en un equipo tiene sus códigos. El entrenador se cambia y trabaja en su vestuario-despacho. Los futbolistas, en el suyo, su santuario. Que unos entren en el otro suele ser excepcional, raro, inusual. Hay un respeto ancestral sobre traspasar los quicios de esas puertas (en tiempos modernos, los del neofútbol, algún director deportivo, secretario técnico u otra figura tangencial se han saltado estas pautas de modo irresponsable, osado y tóxico). Escribá no ha pisado la caseta de sus pupilos ni ha llamado a Giuliano a su habitáculo de mando. Ha hablado a solas con Simeone sobre el césped, mientras los demás se ejercitaban. Como siempre se han hecho estas cosas. Guiños en búsqueda de resortes favorables, individuales y colectivos. 

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